El golpe ante Inglaterra despierta ilusión en México rumbo a 2030
En medio del dolor y la frustración tras la caída de México 3-2 ante Inglaterra, que dejó fuera a los anfitriones del Mundial, apareció una emoción inesperada: una conexión renovada con la selección. La eliminación, aunque dramática, no apagó el fuego; al contrario, encendió una sensación de futuro que en las últimas semanas se notó en el ánimo de la afición.
“Gracias, México”, tituló un periódico deportivo local, destacando que el equipo dirigido por Javier Aguirre “permitió soñar” a la gente. Otro medio fue más allá y escribió que “hubo lágrimas en varios rostros, pero toda una nación se despide con alegría”.
La derrota ante Inglaterra provocó una salida relativamente “de manual” en octavos el domingo por la noche, pero este Mundial dejó a México creyendo otra vez. Puede haber dudas y todavía falta trabajo para que el fútbol mexicano dé un salto real, sin embargo, en calles, gradas y en el césped de los cinco partidos disputados, se instaló una esperanza renovada.
Estas son las razones.
El Trireunite con la selección
El Mundial de México quedó marcado por la expresión “y si sí” (“¿y si lo logramos?”). La frase se estampó en la parte posterior de las camisetas de la selección, apareció en casi todos los anuncios futboleros rumbo a los estadios e incluso se hizo visible en huevos. En las pantallas LED de cada puerta de acceso del aeropuerto de Ciudad de México se proyectó “y si sí” en rojo, blanco y verde.
Los futbolistas del plantel comenzaron a utilizar una versión del lema antes del inicio del torneo para transmitir confianza, pero la afición no terminó de comprar la idea hasta el segundo compromiso de fase de grupos ante Corea del Sur. México arrancó el certamen con una victoria complicada ante Sudáfrica que mantuvo a la gente con expectativas moderadas; después, los tres puntos ante Corea del Sur fueron la clave para sellar el pase y elevar el respaldo.
El Tricolor fue construyendo motivos para creer con cada victoria. Los resultados daban evidencia concreta de que el “y si sí” podía dejar de ser un deseo y convertirse en una realidad. Para la ronda de octavos, la consigna unificó al país, y ante Inglaterra, en el Estadio Azteca, se sintió de forma tangible esa fuerza colectiva.
Históricamente, cuando México y su gente enfrentan la adversidad dentro de un partido, el equipo tiende a desmoronarse. Ese patrón pareció repetirse cuando el Tricolor se fue abajo primero ante Inglaterra en la primera mitad: los futbolistas no reaccionaron con la contundencia necesaria. En apenas tres minutos, Jude Bellingham marcó dos goles y México quedó con una cuesta enorme por delante.
Entonces, un “Sí se puede” ensordecedor retumbó en el Estadio Azteca. La afición mexicana, que representó la gran mayoría de los 80,843 asistentes del domingo, gritó el mensaje para empujar al plantel. Y funcionó.
México respondió con un tanto para recortar la distancia y, desde ahí, afrontó el resto del juego con una determinación a la altura del respaldo recibido. Los jugadores pelearon hasta el final, intentando ahogar a Inglaterra en campo propio y buscando un cierre con ráfaga de oportunidades para igualar.
La actuación del Tricolor mantuvo el sueño vivo para la grada hasta que el silbatazo final llegó ya en el minuto 101.
Al preguntar por el legado que deja este conjunto, Guillermo Martínez habló con entusiasmo sobre la unión entre el equipo y el país.
“La herencia es la familia. Empezamos sin que nadie creyera en nosotros, pero juntos, dentro del núcleo del grupo de trabajo [en el centro de entrenamiento], crecimos lo suficiente para llevar ese espíritu a la gente. Creo que el público se sintió representado de verdad, porque peleamos hasta el último momento”, declaró Martínez tras el duelo contra Inglaterra.
México cayó en octavos, pero el Mundial terminó consolidando una base de esperanza en una afición que la necesitaba. Con unidad, México seguirá abriendo camino.
“No terminamos entre los ocho mejores equipos del mundo, pero sí sembramos una semilla. Estoy seguro de eso”, señaló Aguirre luego de la eliminación.
El plan: Márquez, la juventud y los seleccionables de doble nacionalidad
Es más fácil sentir optimismo cuando se compara con lo que ocurría hace apenas unos años.
Tras una desastrosa salida en la fase de grupos en Qatar 2022, que terminó con la destitución de Gerardo Martino, la federación mexicana ofreció una conferencia de prensa en un gimnasio pequeño, donde los responsables admitieron que “sentimos vergüenza y tenemos que pedir disculpas” por el “fracaso” del equipo.
Y en cuanto a los siguientes dos técnicos, el relevo también llegó rápido: Diego Cocca y Jaime Lozano dejaron el cargo en menos de dos años cada uno.
Había que cambiar.
Con Rafael Márquez, una figura histórica, incorporado como asistente de peso, la federación tomó una decisión poco común: apostar por un proyecto de largo aliento. Al anunciar a Aguirre —ya había dirigido a México en dos Copas del Mundo— como el entrenador principal, se estableció una ruta clara. El plan era que Aguirre condujera al equipo hacia el Mundial de 2026 y, después, se promoviera a Márquez en el tramo previo al de 2030.
Este verano se vio ese enfoque hacia el horizonte de 2030. En algunos partidos, el protagonismo recayó en nombres que empezaron a sumar minutos: Gilberto Mora, de 17 años, destacó como el jugador más joven del Mundial de 2026. A su lado, también se les dieron oportunidades a futbolistas sub-23 con proyección como Obed Vargas, Mateo Chávez, Brian Gutiérrez y Armando González.
En la vitrina más grande del deporte, esas piezas formaron parte de un equipo que llegó hasta la etapa eliminatoria.
Dar minutos a jóvenes no es una práctica extraña en selecciones que suelen abrir espacio a nuevas figuras, pero en el caso de México es una conducta atípica: el programa mexicano tradicionalmente ha confiado más en la experiencia. Y no fue el único giro positivo que marcó el plan que pretende sentar las bases para Márquez.
En lo táctico, regresó el pragmatismo. Por la popularidad en Liga MX de un estilo ofensivo llevado al extremo, suele esperarse lo mismo de la selección. Sin embargo, Aguirre —formado en el trabajo con clubes que pelean por no descender— rompió esa inercia y priorizó la organización de la línea defensiva. En ese esquema, Márquez tuvo un papel decisivo: ex referente de la zaga y con siete temporadas en el Barcelona.
¿Qué dejaron los números? Antes de la derrota ante Inglaterra, México estaba invicto en 2026 con un registro de 10 victorias, 2 empates y 0 derrotas. En esos 12 partidos, el equipo permitió apenas dos goles. Es cierto que el desenlace en octavos se pareció a eliminaciones repetidas desde finales de los 90, pero también existe la sensación de que México estuvo a un paso de un resultado histórico al competir a la par con gigantes europeos.
“Hoy sembramos una semilla que veremos con el tiempo. Estoy seguro de que vienen cosas grandes para nosotros”, afirmó el mediocampista Érik Lira después del encuentro.
Las opciones de doble nacionalidad también se volvieron parte bienvenida del rompecabezas. Antes, México solía pasar por alto ese tipo de caminos, pero ahora confió en cinco futbolistas nacidos en el extranjero que eran elegibles para el país en el ciclo rumbo a 2026.
Sin duda, esto amplía el grupo de jugadores. Además, puede frenar la dependencia de elementos de Liga MX que suelen quedarse cortos para llegar con facilidad a clubes europeos, en parte por el mercado interno inflado. Un ejemplo claro es Vargas: recientemente pasó de Seattle Sounders, en MLS, a Atlético Madrid; y, según la idea planteada, probablemente no habría logrado ese mismo salto si su carrera hubiera estado únicamente en Liga MX.
El plan está trazado para Márquez, aunque el fútbol mexicano todavía debe mejorar en muchos frentes. Ese análisis merecería un artículo completo aparte, pero como subrayó Lira, la semilla ya fue puesta. Ahora toca ver qué crece en el trayecto hacia 2030.