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World-cup

El legado familiar de Alex Freeman prende el Mundial en un partido clave

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
21 junio 2026 9 min de lectura

ATLANTA y SEATTLE vivieron una escena que conecta generaciones: antes de que el mundo empezara a hablar de las “Freeman Hops”, ya existían las “Freeman Hips”. La historia del lateral Alex Freeman en el fútbol estadounidense —con guiños tácticos, emoción familiar y una progresión meteórica— volvió a encenderse en un partido clave de la fase de grupos del Mundial.

Del ‘slant’ heredado al gol validado por VAR: cómo nació la jugada decisiva

  1. En noviembre, en un amistoso de la selección masculina de Estados Unidos ante Uruguay, Alex Freeman recibió una asistencia de Auston Trusty y, con un amague de cadera ante Ronald Araújo, se acomodó para encarar y cerrar la acción con un remate al fondo de la red. Fue su segundo tanto de la noche en la goleada 5-1.
  2. La escena tuvo palco de lujo: su padre, el ex receptor abierto All-Pro Antonio Freeman, estuvo presente y su reacción no pasó desapercibida. En los días posteriores, excompañeros de Antonio en Green Bay Packers —Derrick Mayes, LeRoy Butler y K.D. Williams— también comentaron el parecido del movimiento del joven Freeman con el estilo del padre.
  3. En esos comentarios apareció la frase que hoy toma vida propia: que Alex “corría el slant” con la misma cadencia y que el movimiento de caderas era casi idéntico.
  4. Este viernes, en el Mundial, el planeta pudo ver las “Freeman Hops”. Tras un disparo de Sergiño Dest que se desvió y quedó elevado, Freeman reaccionó con rapidez, cabeceó el balón y lo envió al arco vacío superando al portero de Australia, Patrick Beach.
  5. El tanto se anuló inicialmente por fuera de juego, pero una revisión prolongada en el VAR terminó confirmando que no hubo infracción por parte de Freeman, por lo que el gol subió al marcador y estalló la grada, además de la alegría del vestuario.
  • Freeman combina lectura de la jugada y ejecución rápida en el área: llega al segundo balón y define sin dudar.
  • El VAR fue determinante para validar su posicionamiento, un detalle que en torneos cortos suele cambiar el guion.
  • La emoción del jugador no fue solo deportiva: el gol reactivó un “círculo completo” familiar casi tres décadas después.

Un gol que vale doble: el recuerdo de 31-10 y la mentoría desde el linaje

Para Antonio Freeman, el momento tuvo un peso emocional adicional. El pasado se remontó casi 30 años, cuando él anotó dos touchdowns en el triunfo de Green Bay Packers 31-10 sobre Seattle Seahawks. Ahora, con Alex escribiendo su propio capítulo en el fútbol, Antonio volvió a vivir la intensidad del instante.

El propio Antonio destacó la idea del “árbol familiar” y la transmisión de valores: subrayó que tener un padre exitoso no solo inspira, también sirve como guía para estar listo en ocasiones decisivas. Antonio fue más directo cuando lo consultaron: “Amazing to watch”, escribió por mensaje.

Por qué Freeman no es solo cadera y salto: piernas, cabeza y trabajo constante

Más allá de la estética del movimiento —las “caderas” y los “saltos”—, el ascenso de Alex Freeman en la selección de Estados Unidos en este Mundial se sostiene en fundamentos físicos y mentales. Su crecimiento, tanto en clubes como con la camiseta nacional, ha sido considerado sorprendente por quienes siguen su carrera.

Hace un año, Freeman apenas comenzaba su etapa como titular en Orlando City SC y recién recibía su primera convocatoria con la selección. Hoy juega en Villarreal y su rendimiento como lateral derecho en un sistema híbrido que el entrenador Mauricio Pochettino utiliza, a veces con tres defensas y otras con cuatro, ha sido tan sólido que el técnico se ha sentido cómodo empujando a Sergiño Dest a un rol más ofensivo como extremo.

En una entrevista exclusiva, Freeman explicó que el último año estuvo cargado de cambios y de ajustes: llegar al Mundial le parecía impensable, pero ahora el reto es convertir las oportunidades en impacto real, paso a paso, sin perder el equilibrio emocional. Esa misma idea se refleja en su forma de moverse: decide cuándo proyectarse y, al hacerlo, aporta velocidad defensiva para estabilizar a un equipo que en ciertos tramos ha mostrado vulnerabilidades en transición.

Pochettino, tras el duelo contra Australia, remarcó la evolución del jugador: destacó su humildad, su deseo de aprender y su disposición para escuchar. Además, lo describió como un futbolista de gran perfil, agradable para trabajar y con potencial para ubicarse entre los mejores de su puesto en el mundo.

La “posta” familiar: apoyo, disciplina y el contexto que lo hizo posible

Aunque es tentador pensar que el éxito de Alex Freeman se explica principalmente por el apellido, el relato de su carrera apunta a una cadena de respaldo: padres, entrenadores y hasta una familia anfitriona que acompañó el proceso. No se trató de empujar solo por fama, sino de sostener el desarrollo con cuidado constante.

Sus padres se separaron poco después de su nacimiento. Alex conserva un entorno con Antonio Freeman, su madre Rochelle Hinkle y su padrastro Jake Hinkle. Ambas ramas de la familia vivían cerca en Tamarac, en el sur de Florida. Alex describió el vínculo como una especie de abrazo imaginario, agradecido con los tres adultos por lo que le aportaron, especialmente por el rol de su padrastro.

Alex habló de la dificultad de entrar como padrastro en un papel que no es biológico y, aun así, del modo en que Jake dio un paso al frente: no solo tratándolo como hijo, sino como alguien que merece el mundo. También señaló que la buena relación entre los adultos y el hecho de que todos se vean como una gran familia le brindaron el tipo de apoyo que necesitaba.

Mientras Antonio traía el sello de atleta profesional, fueron Jake —seguidor del Manchester United— y Rochelle quienes acercaron a Alex al fútbol cuando tenía cuatro años.

Cuando Alex llegó a Weston FC, un centro regional con gran proyección, a los 12 años, la subida no fue explosiva sino progresiva. Rochelle recordó que no lo veían como el mejor de su equipo desde el inicio. Solía comenzar en el plantel de reservas dentro de su grupo de edad y, con el tiempo, se ganaba el salto al primer equipo. Ella contó que, temporada tras temporada, cuando pasaban una o dos jornadas, surgía el mensaje de que “necesitaban a Alex” y el jugador respondía con actuaciones destacadas.

El impacto de tener un padre famoso llegó más tarde, cerca de los 10 o 11 años. En ese momento se activó la conciencia sobre lo que podía aprovechar de esa experiencia. Alex afirmó que el consejo recibido giró alrededor del esfuerzo y la disciplina, y del trabajo también fuera de la cancha, entendiendo que Antonio quizá no dominaba el fútbol, pero sí conocía lo que hace falta para llegar al siguiente nivel.

En lo futbolístico, el protagonismo estuvo más en Jake y Rochelle. Antonio, por su parte, admitió que le habría gustado entrenar a su hijo en fútbol o incluso en baloncesto —Alex destacó en AAU—, pero su mirada también estuvo puesta en el camino hacia el profesionalismo. Recordó que, al crecer, vio partidos de Baltimore Blast en ligas indoor y no observaba muchos jugadores negros, lo que lo llevó a pensar que para un hombre negro no se veía una ruta clara en el deporte. Señaló historias sobre academias que “consumen” a los chicos: los prueban, los entrenan, invierten dinero, los llevan hasta cierta etapa y luego el proceso se corta alrededor de los 21 años, quedando el fútbol como una práctica más en el parque.

Aun así, Antonio confió en Jake y Rochelle para guiarlo en las rutas reales. Por eso, cuando Alex decidió en noveno grado enfocarse totalmente en el fútbol, Antonio no se interpuso.

Antonio resumió el aprendizaje con una idea contundente: convirtió a Alex en creyente no solo en su hijo, sino en el proceso y en el sistema.

Rechazo en Miami y oportunidad en Orlando: el salto que cambió su carrera

Si existe un momento decisivo en la trayectoria de Alex Freeman, llegó en 2019, cuando probó para la academia de Inter Miami CF. Rochelle recordó un filtro enorme: entre 400 y 500 chicos intentaron ganarse un lugar. Alex logró avanzar hasta la última sesión pese a desempeñarse como lateral derecho, un puesto que por entonces no dominaba del todo, ya que venía jugando principalmente como extremo en Weston.

Luego llegó el golpe: el correo informaba que había sido cortado. El dolor se intensificó porque entre sus compañeros de club que sí lograron quedarse estaban Benjamin Cremaschi y Noah Allen.

Rochelle explicó que el rechazo no la sorprendió, porque sentía que Alex no había tenido un buen periodo de prueba, aunque aun así el golpe fue duro. Antonio, en el momento, se sintió desorientado sobre qué decir, pero usó su experiencia para recordarle que aquello no era el final: le insistió en seguir trabajando, como si cortara un árbol que tardaría en caer, pero que termina cayendo si se insiste.

Después llegó la pandemia de COVID-19, con academias cerradas y la vida obligada a permanecer en interiores. Aun así, se abrió otra puerta: Javier Carrillo, entrenador de Weston y ahora integrante de la academia de Orlando City, invitó a Freeman a sumarse.

La mudanza no fue sencilla. Los Hinkles no estaban en condiciones de trasladar a toda la familia a Orlando, y Antonio tampoco. Alex tuvo que quedarse con una familia anfitriona. Antonio respaldó el movimiento convencido de que un entorno profesional le daría un nivel de competencia superior al que ofrecía la universidad. Rochelle, en cambio, lo vivió con dificultad: imaginaba los momentos de crianza que perdería.

Alex tomó la decisión tras un proceso largo: tardó alrededor de dos meses en definirlo y en convencer a todos, como un niño que todavía está creciendo. Aun así, al final se alinearon para perseguir el sueño que había deseado durante años.

Tras llegar a Orlando, cambió el ritmo: se encargó de tareas del hogar, aprendió a cocinar y a organizar sus estudios por cuenta propia. Freeman lo describió como una aceleración del crecimiento, no solo escolar, sino también futbolístico.

En medio de la pandemia, la rutina familiar se mantuvo a distancia. Antonio y los Hinkles viajaban a Orlando entre tres y cuatro veces al mes, llegando incluso a ver los partidos desde la parte superior del camión por las restricciones. Aunque no era ideal, era lo posible. Antonio contó que podía ir a verlo, pero no podía tocarlo: no había abrazos ni conversaciones largas en persona. Solo mensajes y llamadas, porque el aislamiento impedía ver a la gente.

De Orlando a Villarreal: evolución, titularidad y el rol que lo acerca al Mundial

Alex firmó un contrato con Orlando bajo la figura de “homegrown” con 17 años. Era motivo de celebración, pero Antonio pidió contexto. Para él, la firma de un jugador no es el final, es el inicio de construir legado y asumir responsabilidad. Alex comparó aquella idea con lo que su padre le transmitió cuando Antonio firmó por primera vez en fútbol americano: no se trataba solo de firmar, sino de saber qué hacer a partir de ese momento.

Freeman pasó partes de tres temporadas en Orlando City B con la intención de romper el techo. Hubo un periodo donde todavía no alcanzaba el nivel para forzar el once inicial del técnico Oscar Pareja. Sin embargo, en 2025 el entrenador cambió su percepción: explicó que empezó a ver a un jugador capaz de corregir errores con constancia.

Pareja detalló el tipo de exigencias que le fueron marcadas: ser un defensor mejor, mejorar la forma del cuerpo en los duelos y disputar con más intensidad. El cambio, según el propio técnico, fue continuo: no era que un día estuviera bien y al siguiente mal; el progreso se consolidaba.

Freeman aprovechó la titularidad temprano en la temporada 2025 y no la soltó. Después llegó la escalada en las categorías de la selección de Estados Unidos y el traslado a Villarreal.

Sus primeros pasos con la selección mayor se dieron en la Gold Cup del verano pasado. Allí, su intención parecía ser mantenerse fiel a su estilo y “quedarse en casa”, sin salir demasiado del marco individual. Cuando le preguntaron si esa era una indicación de Pochettino, Freeman respondió que sus sensaciones tenían que ver con nervios: quería ser sólido defendiendo y ubicarse bien en el papel que le tocaba.

El fichaje a Villarreal implicaba un riesgo: si no conseguía minutos, su presencia en el Mundial podría ponerse en duda. Pero una racha de tres titularidades en cuatro partidos hacia el final de la campaña alivió el temor. Para ese momento, Freeman parecía ya asegurado dentro del plantel, aunque seguía siendo el más joven del equipo.

Cuando anunciaron la lista final, padre e hijo estuvieron juntos en España: Alex con el teléfono y el portátil abiertos, y con una imagen de Pochettino felicitándolo. El instante permitió compartir por fin ese camino futbolístico, y de nuevo Antonio no pudo contenerse, corriendo por el salón con la emoción.

Para Alex, lo aprendido en los años previos, el presente y lo que viene sirven para mantener los pies en la tierra. Aún queda Mundial por jugar. En el marco del partido ante Australia, el jugador resumió su foco: entregar el 100% y hacerlo por su país, buscando que todos se sientan orgullosos.

Con las “hops” y las “hips”, el mensaje ya está en marcha. Y, por cómo se está construyendo su historia, la familia Freeman no parece haber dicho la última palabra en este torneo.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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