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Escocia afina el plan en Heathrow: “quizá, quizá no” antes de viajar a EE.UU.

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
13 junio 2026 7 min de lectura

BOSTON — Mientras un grupo de aficionados de Escocia salía el martes por la zona de salidas en el aeropuerto de Londres Heathrow rumbo a su vuelo hacia Estados Unidos, un miembro del personal les lanzó una frase con guiño: “nos vemos en un par de semanas”. La respuesta no se hizo esperar: “quizá, quizá no”, una contestación que resume el carácter escocés. Por un lado, está el recuerdo de que nunca han alcanzado la fase eliminatoria en un Mundial; por el otro, la convicción de que quizá esta vez rompan la racha antes de que sea demasiado tarde.

Solo unos días después, el Mundial corrió rápido y el ambiente también. El viernes por la tarde, Boston ya era una marea escocesa: tartán por todas partes y celebración en cada esquina. En los medios locales se repetía el mensaje de que, con los hinchas ya instalados, “la fiesta” había comenzado. Entre los miles de seguidores que viajaron, las conversaciones giraban alrededor de asuntos muy terrenales: desde la preocupación por si se acabaría la cerveza en los aviones, hasta el ruido de las gaitas despertando a residentes; y también, con especial atención, el estado físico de Scott McTominay y Scott McKenna, temas que rápidamente se convirtieron en el centro del interés.

Sin embargo, por encima de los detalles logísticos y las preocupaciones del día a día, había una idea común que unía a la afición y al plantel: evitar los remordimientos. El capitán Andy Robertson lo dejó claro al marcar la consigna de la campaña. “No creo que queramos arrepentirnos”, afirmó.

Lo que ocurre en Boston no es algo aislado. La presencia masiva de hinchas escoceses fue uno de los grandes hilos de la Eurocopa de 2024, aunque aquella aventura terminó apagándose bajo la lluvia y con el torneo sin avanzar lo suficiente. Dos años después, el ánimo vuelve con renovada esperanza, pero con el peso de la historia: Escocia ha tenido que esperar 28 años para regresar a un Mundial, el último en 1998, cuando cayeron 3-0 ante Marruecos.

Ver a la selección en el mayor escenario del fútbol global disparó una migración casi inmediata de seguidores hacia Estados Unidos. Miles se desplazaron en masa para guardar recuerdos, con la incertidumbre de cuándo será posible vivir una experiencia similar otra vez.

En la experiencia escocesa hay tres pilares bien definidos: disfrutar de Boston, ver a su equipo jugar un Mundial y, sobre todo, creer que esta puede ser su oportunidad de alcanzar por primera vez los octavos de final.

Para dimensionar el reto, se trata del noveno Mundial masculino de Escocia, con un balance de solo cuatro triunfos en el conjunto de su trayectoria. En su memoria quedan destellos inolvidables, como el golazo de Archie Gemmill ante Países Bajos en 1978. En las eliminatorias también hubo momentos de alta magia, incluida la acción de Kenny McLean en el 4-2 sobre Dinamarca. Pero todo eso pertenece al pasado, y el propio McLean, consultado sobre si cambiaría aquel tanto por un lugar en la ronda final de 32, fue contundente: “ese momento no fue solo sobre mí; fue sobre llegar hasta aquí. Y ahora que estamos, queremos ir más lejos. Lo cambiaría en un minuto”. La lectura es clara: Escocia quiere hacer historia en este torneo.

Incluso para jugadores acostumbrados a las grandes noches, el Mundial tiene un valor extra. Robertson lo explicó con una convicción que suena a declaración de principios: “he tenido la fortuna de jugar partidos grandes, ganar trofeos, vestir la camiseta del club más grande del mundo, pero para mí jugar con tu país es un paso por encima. Hacerlo en un Mundial es un sueño hecho realidad. Estoy orgulloso y feliz de que este grupo sea el que lo ha conseguido”.

En Boston se percibe la mezcla entre ilusión y presión. El ruido externo alrededor del equipo es constante. Algunos futbolistas salieron el viernes por la mañana del hotel para tomar café, pero la idea de pasar desapercibidos se evaporó con un autobús del plantel pintado de azul que llamó la atención en la calle y con la cantidad de hinchas escoceses presentes. Los tres jugadores regresaron al alojamiento entre aplausos, con sus bebidas en la mano. Habrá más de eso.

El equipo ya había recibido mensajes motivadores, incluidos los de Andy Murray, entre otros. También hubo impacto comercial: Adidas difundió el viernes por la mañana un anuncio inspirado en Trainspotting. A ese gesto se sumó un saludo de buena suerte de FC Köln, conjunto de la Bundesliga, que recordó con cariño cómo los aficionados escoceses abarrotaron Alter Markt en la Eurocopa de 2024, lloviera o no.

Objetivos, antecedentes y el plan de Escocia rumbo al debut

  1. Escocia llega al Mundial con la sensación de haber fallado en sus últimos pasos en torneos continentales, algo que Steve Clarke reconoció sin rodeos.
  2. La Eurocopa 2020 quedó marcada por el contexto de la pandemia, aún con la sombra del COVID presente.
  3. En la Eurocopa 2024, Clarke resumió el inicio con una palabra contundente: Escocia fue “vapuleada” por Alemania, y la afición recordó cómo el equipo se mostró demasiado conservador, sin atacar con la claridad necesaria.
  4. La enseñanza que se repite es no subestimar rivales, recordando el aprendizaje duro de partidos donde el guion se complica de golpe, como el antecedente de Costa Rica en Italia 1990.

De cara al partido del sábado, Escocia llega con el papel de favorito frente a Haití. En el equipo se mencionan como pilares “súper” John McGinn, el capitán Andy Robertson y Scott McTominay, aunque con el foco puesto también en su situación física: el mediocampista arrastró un malestar estomacal. McTominay, junto a Escocia, y el futbolista del Napoli se ausentaron de parte del entrenamiento el jueves y realizaron el traslado desde la base del plantel en Charlotte hasta el hotel en el centro de Boston por separado. Con todo, hacia el mediodía del viernes, Clarke afirmó que McTominay está “listo para jugar”.

Robertson habló con elogios al referirse a su compañero: “afortunadamente está bien y hoy entrenó. Es increíble. No puedo hablar lo suficiente bien de él”.

Ausencias, dudas y el respeto a Haití

El ambiente escocés, como en toda gran cita, no llega sin una cuota de tensión. Antes de empezar el Mundial, Billy Gilmour vio frustradas sus opciones por una lesión ocurrida en el adiós en Hampden Park ante Curazao. Además, Scott McKenna será baja para el duelo del sábado en Foxborough.

Y aparece otra historia que puede complicar a cualquiera: Haití. Clarke dejó claro que el rival no será un trámite. “Respetamos sus capacidades sobre el campo. Desde que se clasificaron, han mejorado el plantel”, señaló. También advirtió que cuentan con futbolistas “dinámicos”, lo que obliga a Escocia a estar alerta. Haití disputará su segunda presencia en un Mundial masculino, y la anterior data de 1974.

En el plano de la preparación, Haití también vivió un contratiempo esta semana. FIFA obligó a la selección a modificar el diseño de su camiseta apenas tres días antes del partido, debido a que la camiseta previamente rendía homenaje a la Batalla de Vertières en 1803, episodio que aseguró la independencia haitiana. El motivo del ajuste estuvo ligado a la norma de FIFA que prohíbe en las camisetas “mensajes o consignas políticas, religiosas o personales”.

Mientras tanto, sobre el césped, la atención se dirige a nombres que pueden inclinar la balanza para Haití. Entre ellos se mencionan Wilson Isidor, de Sunderland, y Jean-Ricner Bellegarde, de Wolves, como futbolistas que buscarán que Haití logre su primera victoria en un Mundial.

Aun con el contexto, la necesidad de Escocia es evidente: el equipo necesita ganar el sábado. Con Marruecos y Brasil esperando en el calendario, un triunfo en Foxborough sería un empujón decisivo para acercarse a la ronda de 32. Robertson asumió la carga mental: “habrá nervios. Siempre los hay, también entre los aficionados. Pero creo que hemos ganado la confianza del país, y que merecemos esa confianza”.

El capitán quiso extender el mensaje más allá del resultado deportivo: “esperamos inspirar a la próxima generación para que salga a patear una pelota con su hermano, con sus amigos o con su hermana”. Luego agregó un recuerdo personal: “yo lo hice con mi hermano en el jardín y con mis amigos. La sociedad y el fútbol se han vuelto más caros, pero siempre puedes patear esa pelota un poco más adelante, como dicen. Esto es, obviamente, un escenario mundial. Vemos en casa cuánta emoción tienen los chicos, los padres y los abuelos. Ojalá que, después del Mundial, el entusiasmo siga”.

La ciudad se rinde a Escocia

En Boston, el entusiasmo no se queda en palabras. Los aficionados escoceses dominan la conversación y las calles. Los bares se llenarán la noche del viernes, se escucharán cánticos como “No Scotland, No Party” alrededor del puerto y en distintos locales de la ciudad. El punto más fuerte, según el ambiente del momento, será el pub dedicado a la selección escocesa: The Haven.

Mientras tanto, los 26 jugadores intentarán encontrar calma y concentración en medio de una ola de expectativas y de una explosión de alegría. Y volverán a una idea que Robertson repitió el viernes: “no quieres salir de ningún partido con arrepentimientos; ese es el objetivo. Y eso no ha cambiado”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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