Filtraciones: Infantino habría planeado reconvertir la Superliga Europea
Documentos filtrados han reabierto el debate sobre el fallido proyecto de la Superliga Europea y la implicación de la cúpula de la FIFA en sus conversaciones iniciales, justo cuando el presidente Gianni Infantino intenta sostener su posición de cara a la próxima elección presidencial. Las filtraciones señalan que ya en 2020 se habría redactado un esquema para reconvertir el torneo en una competición bajo la marca FIFA, con un papel central en el control comercial y opciones de poder decisivo para el propio mandatario.
Lo revelado en las filtraciones sobre la Superliga y la FIFA
| Dato | Contenido |
|---|---|
| Fecha del borrador | Octubre de 2020 (documento con un “term sheet”) |
| Propuesta de marca | Rebranding como “FIFA Super League” |
| Modelo de relación | Alianza de 12 años con toma del control comercial |
| Elemento de poder | Solicitud de una “golden share” para Infantino |
El material publicado sostiene que la organización rectora del fútbol habría preparado un documento de condiciones para la competición ya en octubre de 2020. En ese borrador se esbozaba una visión en la que la Superliga, en caso de consolidarse, pasaría a presentarse bajo el paraguas de la FIFA, con el objetivo de operar como una “FIFA Super League”.
El acuerdo descrito en los documentos incluiría una colaboración de 12 años, con un movimiento de alto impacto: la FIFA asumiría el control total de la explotación comercial de la liga. Además, la filtración detalla que Infantino habría impulsado la incorporación de una “golden share” dentro de la entidad del proyecto, una figura que, de concretarse, le daría al presidente un poder personal e institucional extraordinario sobre los clubes más grandes del planeta.
El alcance de esa “golden share” se vincula, según el contenido divulgado, con el peso de los equipos que integran el “Big Six” de la Premier League. En el mismo marco, se plantea un posible nexo entre la evolución de la nueva competición y el desarrollo de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA.
Las revelaciones contrastan con la posición pública que Infantino mantuvo cuando el proyecto de Superliga se anunció y, posteriormente, se desplomó en abril de 2021. En aquellos momentos, durante su intervención en el 45.º Congreso Ordinario de la UEFA, el dirigente defendió que la FIFA solo podía “desaprobar con firmeza” una iniciativa que calificó como una ruptura respecto a las instituciones existentes.
La carta de contradicción se refuerza por la estrategia atribuida al plan original: el documento filtrado indica que se habría buscado mantener a las federaciones miembros de FIFA al margen y sin conocimiento de los detalles, un enfoque descrito como similar al utilizado en un intento previo, fallido, por vender participaciones del Mundial a inversores de capital privado.
El calendario de las filtraciones llega en un momento especialmente delicado para Infantino. En el tramo reciente, el presidente habría sufrido un revés tras un intento de privatizar partes del Mundial, desencadenando una rebelión coordinada entre países europeos. Ese escenario habría empujado a la FIFA a retroceder, mientras en paralelo se trabaja para que las asociaciones miembros revoquen su respaldo al mandatario.
De cara a la próxima elección presidencial de FIFA, prevista para marzo, se entiende que UEFA y aliados estarían desplegando gestiones internas para convencer a miembros de retirar su apoyo a Infantino. En ese contexto, la filtración se suma a la presión pública y a la desconfianza dentro del propio ecosistema del fútbol.
A pesar del escándalo, FIFA sostiene que no hay irregularidades. Un portavoz habría apuntado a los discursos de Infantino en 2021 como la prueba definitiva de su postura. Además, una carta conjunta firmada por Infantino y por el secretario general Mattias Grafström afirma que el organismo “no tolerará más ataques” contra su integridad o su buena gobernanza.
Con todo, la sombra de una supuesta implicación temprana en el proyecto de la Superliga se mantiene como un tema central del debate. FIFA ahora deberá afrontar un periodo prolongado de escepticismo tanto en la opinión pública como entre sus propios miembros, mientras el proceso político interno se acerca y el futuro de las competiciones globales vuelve a quedar en el centro de la conversación.