Fuegos artificiales y “USA”: la presentación histórica de la USMNT en Seattle
Seattle vibró antes del inicio de una noche especial en el T-Mobile Park. Entre fuegos artificiales, la grada repitió una y otra vez “USA” mientras, uno por uno, eran presentados los futbolistas que representan a la Selección de Estados Unidos en el Mundial de este verano. El momento culminó con Cristian Roldan, el héroe local, que salió al terreno con un tridente sobre su cabeza y recibió una ovación ensordecedora, provocando sonrisas entre el público de los Seattle Mariners.
Key takeaways
- Los jugadores del USMNT fueron presentados en T-Mobile Park antes del 4 de julio.
- Cristian Roldan fue el último en salir, como figura destacada por la afición local.
- Mauricio Pochettino lanzó la primera bola ceremonial con una camiseta de los Mariners.
- Estados Unidos encara el Mundial con una narrativa que crece y se mantiene hasta, al menos, el duelo de octavos ante Bélgica.
- La música “Take Me Home, Country Roads” se convirtió en un himno del equipo y de la grada.
Una celebración futbolera en plena fiesta nacional
Cuando por fin apareció el protagonista de la noche, Mauricio Pochettino, lo hizo con la indumentaria de los Mariners para cumplir el ritual de lanzar la primera bola ceremonial sobre el diamante. El técnico, por supuesto, no tiene trayectoria en el béisbol, pero su lanzamiento fue lo suficientemente cercano como para arrancar la complicidad del público: quizá no fue un strike, aunque “se pareció” lo bastante.
Era el día previo al cumpleaños número 250 de la independencia de Estados Unidos, y el USMNT se metió en la tradición de “América jugando béisbol”. Sin embargo, el fondo del asunto es otro: este 4 de julio no va de béisbol. En el verano actual, la atención es del fútbol, y más específicamente, del recorrido del USMNT en el Mundial.
Este periodo —histórico para el país en conjunto— tiene un nombre propio: la Selección de Estados Unidos. Su camino en el torneo ha conquistado al público y esa aventura continúa, por lo menos, hasta el lunes, cuando se medirá a Bélgica en la ronda de octavos. En el trayecto ya se acumularon cifras récord de audiencia, escenas memorables y una cantidad enorme de cánticos con “Country Roads”. En resumen, para muchos, este es “su verano” en la fecha más grande del calendario estadounidense, y mientras siga la competición, la historia no se detendrá.
La sensación se repite por todos lados: durante años el USMNT y, en general, el fútbol, han intentado colarse en el centro de la conversación deportiva. Esta vez, el equipo no sólo entra: ocupa el lugar principal. La afición, desde distintos rincones del país, quiere ser parte de lo que el grupo está construyendo; y cuanto más se consolida ese proyecto, más personas se suman a un “tren” que tiene potencial de seguir creciendo.
Pochettino: el vínculo con la grada y el “proyecto” que emociona
En conversación del miércoles, Pochettino habló sobre su identidad y sobre lo que ha encontrado en el entorno estadounidense. “Soy 200 por ciento argentino. No voy a mentir: me siento 100 por ciento argentino”, comentó. Pero añadió que, al estar aquí, se vive como parte de algo mayor: “de lo que estamos construyendo”. También aseguró que disfruta formar parte de “un proyecto increíble” y que, cuando empieza a sonar en el estadio “Take Me Home, Country Roads”, es imposible no cantarla.
El técnico insistió en que esa vivencia fue parte del motivo de su llegada: tras ganar un partido y después de año y medio de preparación para estar donde están, explicó que firmaron con el país y con la federación porque querían sentir esa emoción. “Una cosa es involucrarte. Me encanta meterme en el ambiente y ser parte de la fiesta”, remató.
La fiesta, en efecto, apenas comienza. Y en el fútbol estadounidense, su rareza es precisamente esa: es un tipo de celebración que no se había visto antes en el deporte en este país.
Horas antes de que el USMNT saliera al campo en su particular “aventura” previa al 4 de julio, Folarin Balogun lo resumió con una frase directa: “Este tipo de cosas sólo pueden pasar en Estados Unidos”.
Este verano ha traído una doble cara: por un lado, el país ha recibido al mundo; por otro, se ha sentido profundamente estadounidense. En gran parte, esa identidad se explica por el ascenso del USMNT, que sigue empujando límites y expectativas con su campaña mundialista.
El arranque fue contundente: dos victorias, una ante Paraguay y otra frente a Australia. Con esos resultados, el USMNT ganó partidos consecutivos en el Mundial por primera vez en 96 años. Y lo hizo con estilo: no fue un equipo conformista, sino un conjunto agresivo, capaz de acumular seis goles en 180 minutos para enviar un mensaje al planeta.
Además, el impacto fue recíproco. Tras el triunfo sobre Australia, el público estadounidense respondió con un gesto que terminó de consolidar el clima: momentos después del partido, la grada dedicó a sus héroes “Take Me Home, Country Roads”, de John Denver. Con el paso del tiempo, la canción se transformó en un emblema que une a jugadores y aficionados.
El defensor Auston Trusty explicó qué se juega más allá del resultado. “Al final, estás aquí por ti, estás aquí por el equipo, pero estás aquí para cambiar el juego en Estados Unidos, la percepción del fútbol en Estados Unidos”, afirmó. Luego añadió que la atmósfera y el ritmo del partido son el centro: “Como aficionados del deporte, pero también como personas que se están volviendo amantes del fútbol al ver cómo jugamos y cómo se vive este Mundial, creo que eso es lo que importa”.
La conexión con la grada, el choque cultural y la evolución del proyecto
Desde su llegada en octubre de 2024, Pochettino buscó con insistencia algo concreto: unir más al equipo con su gente. En su etapa, habló repetidas veces de esa conexión, que para él es “fútbol”. Al crecer en Argentina, reconoció que en ocasiones se ha sentido frustrado por el apoyo en los estadios, que llega a ser, en su evaluación, mitad y mitad.
Ese motivo ayuda a entender dos momentos emocionales. El primero fue cuando lloró tras la derrota en la Copa Oro ante México el verano pasado, un encuentro en el que el USMNT se vio rodeado por cánticos desde la grada mexicana en Houston. El segundo fue posterior: tras vencer a Australia, el equipo fue homenajeado con cánticos, y esa vez le tocó a su colectivo vivir el reconocimiento como protagonista.
“No es sólo preparar un partido y salir a jugar contra otro rival”, señaló. “Es representar a tu país. Es pelear por tu bandera. Es la emoción, la cultura, la filosofía. Es quién eres”.
Durante el último año, Pochettino también ha ido construyendo un afecto especial por la cultura estadounidense. Otra de las grandes tramas del verano se ha alimentado de esa transformación: el entrenador habló de su pasión por la música country, mencionando a Ella Langley; también dijo que disfruta de la comida, con especial mención a Chick-Fil-A. Por encima de todo, aseguró que lo que más le gusta es la gente.
Explicó que, desde que llegó como una fuerza que cambió el fútbol del país, se ha encontrado con un trato muy consistente. “Las personas son muy accesibles y te hacen sentir cómodo”, dijo. “Es un ambiente muy acogedor. Puedes ir a, no sé, un lugar como Nashville, entrar a un bar, y si vas solo puedes hacer amigos muy rápido. Puedes parecer que perteneces a ese sitio en pocos minutos y sentir que realmente encajas”.
El técnico amplió la idea al recorrer los estados: para él fue una sorpresa enorme. “Cada estado es distinto, pero hay el mismo sentido de humanidad. Siempre quieres recibir a la gente. Haces que las personas se sientan parte rápidamente… Sé que el país es enorme y que la gente es excelente. Creo que aprendemos mucho. Pienso que ahora somos mejores personas al conocer el país y la cultura de su gente”.
Muchos aficionados coincidirían con esa lectura. Pochettino ha cumplido con el papel de motor de cambio con el que fue presentado. Cuando fue contratado en 2024 para liderar al USMNT, llegó con la intención de corregir un programa que, según el diagnóstico inicial, venía en una dirección equivocada. Él mismo reconoció que hubo golpes en el camino —algunos, calculados— pero sostuvo que, en última instancia, fueron necesarios. Para reforzar su argumento, dijo que el equipo llegó al pico en el momento correcto, y que su trabajo ayudó a que eso sucediera.
Mientras tanto, quienes han compartido el día a día con él también han notado cambios en sus propios vínculos. Tal como lo expresa el propio Pochettino, su etapa en el fútbol estadounidense lo transformó; y sus futbolistas han disfrutado ver ese proceso de cerca.
Christian Pulisic, figura del equipo, comentó recientemente esa evolución. “Creo que definitivamente aprende mucho”, dijo sobre su entrenador. “La cultura americana es muy particular. A veces alguien le dice algo en una reunión o lo que sea, y suena a jerga súper estadounidense. Él se queda como ‘¿eh?’, y me parece muy gracioso”.
Pulisic añadió que el técnico se siente realmente sincronizado con ese ambiente. “Ayer estuve en su oficina y estaba escuchando música country. Es divertido verlo, pero también trae su cultura argentina. El cuerpo técnico nos enseña cosas de allí. Es un vínculo único dentro del grupo, sin duda”.
Una “americanización” que también llega a los jugadores
Ese proceso de adaptación no se limita a Pochettino. También alcanza a los futbolistas que no crecieron en la parte continental de Estados Unidos. Para ellos, Chris Richards y Tim Weah han servido a menudo como guías informales, llevándose a sus compañeros a lugares que, dentro del fútbol, no son necesariamente “cruciales”, pero sí forman parte del imaginario del país.
Richards explicó cómo ha sido ese recorrido. “Recuerdo el primer campamento de Balo. Los llevábamos a cosas típicas de Estados Unidos, sobre todo comida, y creo que eso le gustó. Todavía tiene esa idea de que ‘los americanos no son reales’ por algunas cosas que hacemos que no encajan igual en Londres. Se tarda un poco en aprender, sobre todo cuando estás aquí sólo unas semanas. Ha sido genial poder ver diferentes zonas del país”.
Luego añadió que intenta llevar a varios jugadores a Alabama para que conozcan de primera mano el lugar donde creció. “Ha sido increíble. Ya vieron el Sur, ya vieron el oeste, el Noroeste del Pacífico. Y además, es mi primera vez yendo a Seattle, así que fue bonito vivir esa experiencia con todos”.
El Mundial como punto de encuentro cultural
Mientras el USMNT disfruta su recorrido por el país, existe otra historia en paralelo: la de los demás participantes del Mundial, que han contribuido a que este verano estadounidense se sienta también más global.
En redes sociales se han visto escenas repetidas: escoceses copando bares en Boston; ingleses cantando por sus nuevos héroes durante encuentros de los Atlanta Braves; noruegos remando a través de Times Square; y la ciudad de Lawrence, Kansas adoptando la frase “Rock Chalk Algeria”. También hubo coros argentinos, limpiezas japonesas y saxofones alemanes. Todo ello compone un Mundial donde el mundo ha llegado a Estados Unidos.
En un momento de la historia en el que la división parece ser la norma, hubo semanas en las que el planeta se reunió para celebrar el juego que ama y para recordar que, sin importar de dónde venga cada quien, el fútbol es algo que vale la pena querer.
Anja Tillman, madre de Malik, integrante del USMNT, lo expresó así: “Para mí ayuda a que Estados Unidos tenga esa sensación de distintas culturas. Esto le trae mucho a este país. Creo que el torneo ha logrado eso, especialmente”.
Este intercambio cultural también permitió forjar lazos singulares. Pochettino lo vivió de cerca por estar en el país más tiempo que los visitantes de este verano. Su deseo es doble: que los estadounidenses aprendan algo del mundo, pero también que el mundo aprenda algo de los estadounidenses que han recibido el fútbol con los brazos abiertos.
“Cuando la gente llega, empieza a darse cuenta de que a veces tienen una idea equivocada sobre la gente aquí”, comentó. “Quizá cada país construye diferentes visiones sobre Estados Unidos. La realidad es otra”.
Ahora bien, hay una frase que Pochettino ha repetido como lema del torneo: “nunca persigas la realidad”. La utiliza para recordar al equipo que sueñe en grande, que crea que puede ganar el Mundial. Y si eso ocurre, el impacto sería enorme: cambiaría para siempre la trayectoria del fútbol estadounidense. Pero incluso sin esperar al final, el equipo ya está dejando huella.
El legado en debate y el sueño como respuesta
Cada vez que los jugadores del USMNT conversan con los medios, se les pregunta por el legado: qué significa este verano, cómo puede influir esa ruta en el deporte y de qué manera impacta a Estados Unidos.
Balogun admitió que todavía le cuesta dimensionar todo. “He estado tratando de entenderlo, pero creo que Estados Unidos es tan grande… Es difícil. Weston [McKennie] me ha estado enseñando videos, porque me siento al lado de él en el avión. Me muestra imágenes de fans en diferentes partes del país mirando los partidos en pantallas grandes, en bares y así. Cada vez que marcamos, celebran en lugares distintos”.
El delantero añadió que el grupo está dentro del proceso y por eso no puede medirlo del todo, pero cree que cuando todo termine, y ya retomando su rutina diaria, podrán notar el efecto que generaron. “Creo que no es algo que podamos comprender del todo mientras estamos dentro, pero pienso que cuando salgamos… y volvamos a nuestras vidas, podremos ver el impacto. Es algo hermoso”.
Este conjunto, al que se le llamó generación dorada hace años, siempre ha buscado producir un impacto de ese tipo. Antes del ciclo de Pochettino, el objetivo del periodo de Gregg Berhalter era modificar la percepción del fútbol de Estados Unidos para siempre. Este es el verano para lograrlo, y en el ambiente previo todos sabían que era la oportunidad.
Por ahora, el USMNT ha respondido. El equipo ha logrado marcar su presencia, atrayendo nuevos seguidores y al mismo tiempo reavivando el entusiasmo de los veteranos. Al finalizar el torneo, esa probablemente sea la herencia: quienes estén mirándolo ahora tendrán un motivo para celebrar, sea por primera vez o por milésima vez.
Tyler Adams resumió el deseo con claridad: “Como equipo, queremos dejar huella en el juego y dejar un legado. Quiero que sea más que lo que ha creado este momento y todo el entusiasmo alrededor. Si dentro de dos años hablamos de lo que logró el equipo y del éxito que alcanzaron, entonces habremos hecho las cosas bien”.
Ese análisis queda para más adelante. Por ahora, toca preparar el siguiente partido y celebrar una festividad. Pochettino inició las celebraciones casi de inmediato, cuando habló con la afición de Seattle después de lanzar su primera bola. Luego, cuando Pochettino y Roldan tomaron el micrófono para dejar un mensaje, el estadio entendió el tono de la noche:
“Vamos a ganar un Mundial”.
En el 4 de julio, 250 años después de la independencia de Estados Unidos, el Mundial se siente más cerca que nunca. También el fútbol estadounidense y todos quienes lo aman están más cerca, conectados por una misma ilusión.