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World-cup

Infantino bajo fuego: tensiones y críticas por la organización del Mundial 2026

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
10 junio 2026 10 min de lectura

La previa del Mundial de 2026 se ha convertido en un espejo incómodo para Gianni Infantino. El dirigente suizo, que en distintas ocasiones habló del impacto emocional que le produjo aquella Italia campeona con Paolo Rossi en su infancia, ahora se enfrenta a un clima de tensión y críticas que apuntan, sobre todo, a la forma en que se organiza el torneo y a las trabas que estarían dejando fuera a aficionados y figuras del fútbol de varios países.

Key takeaways

  • Infantino recordó que, siendo niño, siguió con emoción el título de Italia de 1982, con Paolo Rossi y un gol decisivo de Alessandro Altobelli en la final.
  • En 2022, al hablar sobre el Mundial de Qatar, confesó que de niño sufrió burlas en Suiza por su origen italiano y su aspecto.
  • En una conferencia en Kenia, respondió a inquietudes sobre visados y restricciones de viaje vinculadas a Trump, asegurando que el proceso sería “fluido”.
  • Tres días antes del inicio del Mundial, el árbitro somalí Omar Artan fue el caso más visible hasta el momento de una denegación de entrada a Estados Unidos.
  • Las controversias también incluyen críticas por precios dinámicos y cobros sobre reventa de entradas, además de investigaciones y campañas para “reiniciar” la organización.

Recuerdos de infancia y el choque con el presente

Infantino explicó que en aquel entonces tenía apenas 12 años y que el triunfo de Italia quedó grabado en su memoria. En su relato, destacó el papel de Paolo Rossi y mencionó que recuerda con nitidez un gol de Alessandro Altobelli en la final, su tercer tanto en el partido, así como las celebraciones que se vivieron tras el duelo ante Alemania. Para el dirigente, esa etapa representa una emoción que todavía conserva.

El propio tono de esos recuerdos contrasta con el argumento que Infantino sostuvo en el marco del Mundial de 2022. Allí, en su discurso conocido por la frase “hoy me siento catarí”, reveló que creció en Suiza siendo un chico pelirrojo, con pecas y de familia italiana, y que sufrió acoso. Ese trasfondo, según su lectura, hacía aún más relevante el éxito de “los Azzurri” para él.

Un Mundial “para unir” que, según las críticas, divide

Con el paso del tiempo, el cariño de Infantino por la Copa del Mundo —y su insistencia en el valor unificador del torneo— ha chocado con las denuncias de quienes consideran que la edición de 2026 podría terminar siendo discriminatoria. En este contexto, se menciona que, pese a que el dirigente afirma que la competición puede “juntar a la gente”, su gestión estaría generando una percepción contraria.

El debate tomó forma durante una conferencia de prensa en Kenia en el mes de agosto, cuando un periodista sudafricano se dirigió a Infantino y al vicepresidente de FIFA, Patrice Motsepe. El comunicador señaló que existía preocupación por la coorganización del Mundial entre Estados Unidos y otros países, aludiendo a que se trataba de un lugar donde “algunos de los presentes no se sienten bienvenidos”.

El reportero fue más allá y sostuvo que la responsabilidad recaía en los dirigentes para que África y el resto de naciones del mundo no se sintieran apartadas, ni como ciudadanos de segunda en un escenario donde —en teoría— debería primar la igualdad. Infantino, por su parte, negó que existiera motivo para inquietarse por las restricciones de viaje anunciadas por Donald Trump y por los requisitos estrictos de visado.

El suizo intentó cerrar la polémica afirmando que, para el Mundial que viene, todos serían recibidos en Canadá, México y Estados Unidos. También remarcó que hay un proceso para obtener permisos, pero aseguró que el trámite “sería sencillo”. Sin embargo, el relato posterior indica que la realidad fue distinta: tres días antes de la inauguración del torneo, en medio de una ola de rechazos de visados para aficionados de distintas partes del mundo, el árbitro somalí Omar Artan se convirtió en el caso más mediático hasta el momento al serle negado el ingreso a Estados Unidos, sin que existiera —según lo narrado— una explicación suficiente que justificara la decisión.

En Kenia, Infantino había pedido a los periodistas africanos mantener una actitud positiva. Les dijo que la meta era “unir el mundo” y que, con esa disposición, se vería una gran celebración del que consideró como el mejor Mundial de la historia. Lo que se describe a continuación, en cambio, es una edición marcada por la exclusión, presentada como una consecuencia de la cercanía del dirigente con ciertos políticos y figuras de poder.

Del entorno FIFA a las acusaciones y los choques internos

La discusión sobre Infantino no se limita a visados. También se menciona el rol de Michel Platini como observador que, según se indica, no sería imparcial. Se señala que el ex futbolista francés presentó una denuncia penal contra el presidente de FIFA y contra cinco funcionarios suizos ligados al fútbol y a la fiscalía, en relación con un asunto financiero ocurrido en 2015.

Además, se recoge una valoración de Platini sobre el estilo personal de Infantino: que le gustan las personas ricas y poderosas, especialmente las que tienen dinero, y que esa preferencia define su carácter. Al mismo tiempo, se cita a un miembro anónimo del Consejo de FIFA que afirma no tener nada contra Infantino personalmente, aunque critica su confianza excesiva: asegura que el dirigente se “derrite” ante quienes tienen recursos, y que su afinidad con dictadores y multimillonarios es un problema.

En respuesta, se plantea que Infantino y quienes lo respaldan sostendrían que acercarse a celebridades y grandes capitales forma parte de su labor: recaudar lo máximo posible para que FIFA, con sus 211 federaciones afiliadas, canalice recursos de vuelta al fútbol. Cuando fue elegido en 2016, el dirigente prometió incrementar el apoyo al desarrollo y se remarca que los ingresos anuales de FIFA se multiplicaron ocho veces durante la última década, en gran medida por inversiones sin precedentes, incluyendo las asociadas a Arabia Saudita. También se menciona que su plan de ampliar el Mundial a 48 equipos busca generar un récord de 9.000 millones de dólares para el organismo rector.

Pese a ello, el texto sostiene que, con el modo en que se produce el dinero, Infantino no habría logrado cumplir otra de sus promesas electorales: “restaurar la imagen de FIFA”. Se recuerda que, once años después del final de la etapa de Sepp Blatter —interrumpida por escándalos de corrupción— persiste la idea de que Infantino tiene las cuentas bajo control, pero opera con impunidad, con poco respeto por el juego, sus futbolistas y los hinchas. En esa línea, se cita al presidente de FIFPRO, Sergio Marchi, quien habría llegado a comparar a Infantino con el emperador romano Nerón antes del último Mundial de Clubes.

Infantino ha defendido en varias ocasiones que no le afecta ser criticado con dureza, aunque el contenido indica que le preocupa la insistencia con la que se cuestiona su forma de dirigir FIFA. Se recuerda una declaración del suizo en un congreso de FIFA en Ruanda en 2023, donde se quejó de lo que llamó la actitud “malintencionada” de algunos periodistas. Allí dijo que trabajan mucho, que él trabaja mucho y que todo el equipo también, además de sostener que no roban ni se benefician de manera indebida.

En esa misma intervención, añadió que quizás habla menos con los medios, y que considera preferible que se escriba sobre fútbol en lugar de sobre administradores. También afirmó que FIFA se centra en el fútbol y no en el dinero.

Precios, reventa y la acusación de alejar a los aficionados

La narración considera la defensa de Infantino poco convincente, señalando que él habría aprobado la introducción de “precios dinámicos” y un cobro del 30% sobre entradas revendidas para el Mundial, medidas presentadas como intentos de sacar el máximo provecho de los hinchas. Se dice que el dirigente no solo respaldó esas decisiones, sino que incluso las minimizó.

Se reproduce una cita atribuida a Infantino en una conferencia en Beverly Hills. Allí habría explicado que, si algunas personas colocan entradas de la final en el mercado de reventa a 2 millones de dólares, eso no significa que el precio real de las entradas sea de 2 millones. También remarcó que tampoco implica que alguien vaya a comprarlas. Y en el caso de que una persona pagara 2 millones por la entrada, afirmó que él mismo le llevaría un hot dog y una bebida gaseosa para asegurarle una gran experiencia.

Infantino habría argumentado además que hay que observar el mercado, describiendo que el entretenimiento es un sector altamente desarrollado y que se deben aplicar tarifas acordes al mismo. Afirmó que en Estados Unidos también se permite la reventa, y sostuvo que si se ponen precios demasiado bajos, las entradas terminan revendidas a valores mucho más altos. Finalmente, dijo que aunque algunos sostengan que los precios de FIFA son elevados, aun así en la reventa se terminan pagando importes incluso mayores, más del doble de lo que costaron originalmente.

El texto califica esta postura como una renuncia de responsabilidad, y la relaciona con el argumento de que el mercado debe decidir el valor de cualquier producto. La consecuencia, según se expone, es que la mayoría de los aficionados no puede permitirse asistir a los partidos, y se suma la crítica de Football Supporters Europe (FSE), que habría señalado que FIFA mantiene un monopolio sobre la venta de entradas del Mundial de 2026 y que ha utilizado ese poder para imponer condiciones que no serían aceptables en un entorno competitivo. De acuerdo con esa denuncia, el escenario dejaría a los hinchas sin alternativas: pagar o quedarse fuera.

En paralelo, se menciona que Trump habría admitido que no pagaría la cifra reportada de 1.000 dólares —equivalente a 736 libras— para ver el partido de apertura de su selección contra Paraguay. El contraste se usa para subrayar, en el relato, que el presidente de Estados Unidos habría terminado burlándose de la postura de FIFA.

La política entra al fútbol: premios, guerras y bloqueos

El artículo sostiene que Infantino ha invertido los últimos dos años en halagar el ego de Trump, al punto de que surgieron alegaciones de que se quebraría la neutralidad política dentro de FIFA. Se menciona que el dirigente habría tomado lemas de la corriente “Make America Great Again” y que, además, tomó una decisión unilateral al otorgar a Trump un premio de paz en el sorteo del Mundial. Esa medida, según se indica, incomodó a parte de sus seguidores más firmes.

Se cita una frase atribuida a Infantino dirigida al mandatario estadounidense el mes de diciembre. Allí habría dicho que querían ver esperanza, unidad y futuro, y que ese era el tipo de liderazgo que, según su visión, Trump encarnaba. También afirmó que Trump merecía el primer Premio de Paz de FIFA.

Luego se añade un giro: se menciona que Trump inició una “guerra ilegal” contra Irán, de modo que Estados Unidos estaría por convertirse en el primer país en la historia de los Mundiales en bombardear a una nación participante durante el periodo en el que alberga el torneo. Se califica la situación como una comedia amarga, atribuida —en el texto— a decisiones que serían responsabilidad del propio Infantino.

El relato remarca una contradicción: aunque Infantino predica sacar la política del fútbol, habría sentado bases para el Mundial más politizado de la historia. Se subraya, además, que otros actores intentaron en ediciones previas usar la competición para impulsar sus agendas: se citan a Benito Mussolini, a la junta militar argentina, al presidente Vladimir Putin y a la monarquía de Catar.

En ese marco, Trump aparece con margen para actuar a voluntad y, según se explica, habría bloqueado la asistencia de hinchas de cuatro países (Irán, Haití, Senegal y Costa de Marfil). También se afirma que se habría obligado a la selección de Irán a instalarse en México, pese a que jugaría sus tres partidos del grupo en Estados Unidos.

El futuro inmediato de Infantino y el efecto en la campaña

Con el Mundial a punto de comenzar, el texto se pregunta cómo se siente Infantino ante la ola de polémicas, incluyendo si aún mantiene una conexión emocional con “África”, tal como habría dicho cuatro años antes. El argumento es que habría mostrado poca empatía por quienes no logran entrar a Estados Unidos y, además, por quienes tampoco podrían comprar entradas a precios elevados.

También se plantea la posibilidad de que la controversia impacte sus opciones de reelección el próximo año. Se indica que conservaría el respaldo de la mayoría de ejecutivos movidos por el dinero, pero que el Mundial estaba llamado a ser su gran logro y, paradójicamente, su apodo de “Rey del Fútbol” estaría siendo erosionado por la misma figura que lo impulsó.

Se afirma que podría pagar un costo alto por haber generado ingresos récord para FIFA. Antes del Mundial de Clubes del verano pasado, Infantino habría dicho que “el fútbol pertenece a la gente”, pero el texto sostiene que en el último año intentó quitárselo a los aficionados. Se concluye que el rechazo era inevitable y que, aun cuando pidió a periodistas africanos que se mostraran positivos, la preparación del torneo se habría cargado de negatividad.

Entre los hechos que se citan como parte del clima negativo están: que los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey iniciaron una investigación sobre las prácticas de entradas; que el principal árbitro de África habría sido rechazado; que muchos seguidores del continente no habrían podido ingresar; y que la asociación FairSquare lanzó una campaña para “Reboot FIFA”.

Una unión que nace del rechazo

El texto cierra con una idea contundente: en cierto sentido, Infantino habría alcanzado uno de sus objetivos originales. Buscaba que el Mundial de 2026 uniera a los aficionados, y eso es precisamente lo que se habría logrado. El argumento final es que quienes de verdad aman el torneo, como él decía hacerlo desde niño, ahora estarían unidos por el sentimiento contrario: el enojo hacia el hombre que hoy lo dirige, y que —según el relato— estaría dañándolo mientras intenta gestionarlo.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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