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World-cup

Inglaterra empata con Ghana y reaviva el debate: ¿faltó Cole Palmer a Tuchel?

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
25 junio 2026 7 min de lectura

El empate 0-0 de Inglaterra con Ghana dejó una sensación parecida a la de esos días en los que cuesta encontrar una explicación futbolística. El debate ya está instalado: muchos aficionados y analistas se preguntan por qué el seleccionador, Thomas Tuchel, no apostó por piezas que “aportan algo distinto” en ataque, citando especialmente a Cole Palmer. La producción ofensiva de los ingleses, además, fue tan discreta que la crítica se convirtió en tema de conversación inmediato.

Palmer no forma parte del grupo mundialista de Inglaterra en gran medida por sus reiteradas actuaciones irregulares a nivel de club durante los últimos dieciocho meses. La discusión también alcanza a Phil Foden, un perfil similar en términos de creatividad, aunque con un historial marcado por dificultades para brillar con la camiseta inglesa en los partidos grandes. El mediapunta observa el torneo desde casa tras dos temporadas con el Manchester City en las que sus aportes fueron por debajo de lo esperado. Tras el 0-0 en Boston, las dudas sobre las decisiones de Tuchel se intensificaron.

Sin embargo, el juicio llega antes de tiempo. Inglaterra sí sufrió ante Ghana, sobre todo por la falta de ideas en el centro del campo para generar superioridades y conectar jugadas. A la vez, el rival no le dio margen a esa manera de entender el fútbol: Ghana no mostró interés real por “jugar”, algo que el propio Carlos Queiroz reconoció tras el partido. Fue un duelo de noventa minutos en el que un plan no logró imponerse contra el antídoto más natural: el contragolpe y la resistencia táctica.

Cuando los equipos permiten espacios, cuando el balón circula con intención y aparecen opciones para moverla con velocidad, el planteamiento de Tuchel puede ser una herramienta eficaz. En ese escenario, parece prematuro abandonar el proceso tras un choque en el que el contexto fue especialmente hostil para el juego combinativo.

Inglaterra dominó la posesión con un 80%, completó cerca de 600 pases y llegó a acumular 19 tiros. No obstante, solo tres fueron a puerta. Además, la primera ocasión nacida del juego abierto tardó 36 minutos en aparecer: Declan Rice cabeceó muy por encima. En realidad, la selección apenas fabricó una opción clara hasta el minuto 87, cuando Nico O’Reilly remató desde el aire y estrelló su intento contra el larguero. El rebote lo empujó Harry Kane, pero el balón se fue alto, hacia las gradas situadas detrás del arco.

El partido también mostró dificultades para romper el bloque cuando las bandas estaban vigiladas. Hubo demasiados pases laterales mientras Anthony Gordon y Noni Madueke recibían con frecuencia un doble marcaje. Jude Bellingham y Rice, por su parte, apenas tuvieron espacio para respirar, y mucho menos para decidir con comodidad cuando intentaron meterse entre líneas.

“Estoy muy orgulloso de la forma en que los jugadores lucharon durante el encuentro, de cuánto respaldan el plan, el plan de partido. Cuando toca defender, defendemos. No puedo jugar samba cuando ellos juegan rock and roll”, declaró Queiroz después del duelo, en una frase que reflejó el choque de estilos.

Ghana, de hecho, mostró una intención casi nula de atacar. Queiroz explicó que el objetivo era incomodar a Inglaterra en los primeros 45 minutos: un bloque bajo y compacto con once jugadores detrás del balón, sin regalar espacios por fuera. Es cierto que Inglaterra tuvo la posesión, pero en zonas muy limitadas: principalmente en carriles amplios o cerca del medio campo, sin convertir ese dominio en penetración.

El resultado fue un guion parecido al que han vivido otras selecciones inglesas en jornadas complicadas: ritmo bajo, poca chispa y escasez de recursos ofensivos. Inglaterra pareció, en varias fases, temer el riesgo necesario para inclinar el marcador a su favor.

Tuchel recibió críticas en ambos lados del Atlántico. Dentro del estadio y fuera de él, la reacción fue inmediata tras el primer resultado que no cumplió expectativas, especialmente teniendo en cuenta el tipo de plantel que el técnico alemán decidió convocar.

La división de opiniones empezó incluso antes del partido. Tras anunciar su nómina inicial, Tuchel dejó fuera a Foden y a Palmer, además de otros futbolistas reconocidos por la calidad de su pase, como Adam Wharton y Trent Alexander-Arnold.

En su lugar, Tuchel armó un grupo con una lógica alineada a su sistema 4-2-3-1: un número 10 identificable, extremos que se mantienen abiertos pero que pueden generar ventaja desde el regate, y laterales completos con capacidad para ocupar zonas intermedias. Esa idea implica movimientos preparados y rutas conocidas. Cuando Kane baja a recibir, los extremos aceleran hacia la espalda. Cuando Rice y Elliot Anderson arrastran a los marcadores desde el centro, aparecen los espacios para Bellingham.

Se trata, en el fondo, de conceptos básicos a nivel alto. El punto es que chocan con el “estado habitual” de Inglaterra, sobre todo en los últimos años de la etapa de Sir Gareth Southgate. El seleccionador británico buscaba un equipo que jugara “sin guion”, con la convicción de que la presencia de los mejores talentos sobre el césped terminaría decantando los partidos.

Los números de Southgate fueron convincentes por llegar a dos finales de Eurocopa, pero el estilo también dejó tramos oscuros durante sus cuatro recorridos en torneos: en muchos momentos se vio un rendimiento irregular. Tuchel apareció como respuesta lógica, y eso terminó incomodando a parte del entorno.

Es probable que Southgate no hubiera dejado en casa ni a Palmer ni a Foden, aunque ambos mediapuntas no encontraran su mejor ritmo por una mezcla de problemas físicos y una caída de forma.

Palmer no llevó al Chelsea como en otras temporadas. En cuanto a Foden, su nivel se vio muy lejos del mediapunta ofensivo que obtuvo el premio al Jugador del Año en la PFA en 2024, desde que recibió ese galardón. Tuchel dejó claro que la forma actual pesa, y desde ese enfoque ninguno de los dos parecía justificar su inclusión.

Con todo, nadie puede negar el talento de ambos. De hecho, si hubiera que confeccionar un listado de los futbolistas “más destacados” de Inglaterra, Palmer y Foden estarían muy arriba. En condiciones aisladas, su capacidad para cambiar el partido es un recurso valiosísimo.

La pregunta es dónde encajarían en un método tan estructurado como el de Tuchel. Bellingham ocupa el rol principal de mediapunta ofensivo. Detrás, en el orden de profundidad, aparecen Morgan Rogers y Eberechi Eze, con la particularidad de que Rogers también puede rendir por el costado izquierdo. Palmer, además, no es un extremo por la derecha, y desde la perspectiva de Tuchel tampoco encaja con el perfil que busca. Lo mismo ocurre con Foden.

En dos ocasiones dentro de sus declaraciones posteriores, Tuchel mencionó el partido inaugural de Inglaterra ante Croacia. Para él, ese choque fue “difícil” en su propio sentido. Inglaterra consiguió incomodar al rival durante 45 minutos, pero en el tramo final del segundo tiempo, el fútbol ofensivo ofrecido dejó señales muy positivas. El hecho de que el encuentro se abriera ayudó: con un poco más de intensidad, el equipo pudo aprovechar la oportunidad.

Bellingham marcó un gol de excelente factura y, después, Inglaterra acorraló la portería de Croacia durante un tramo prolongado. El marcador final fue 4-2, aunque pudo haber sido más abultado, de cinco o seis tantos. Pero, sobre todo, el encuentro enseñó lo que Inglaterra puede hacer con ese tipo de planteamiento. Cuando los espacios aparecen, el equipo es capaz de superar de manera real a un rival.

Más allá de las críticas por las ausencias, el plantel sigue cargado de futbolistas de primer nivel. Bellingham puede que no sea el número 10 tradicional, habilidoso y desequilibrante como se imagina en muchos esquemas, pero continúa siendo el jugador que rompió algunos récords de Cristiano Ronaldo cuando aterrizó en el Real Madrid. Kane tiene una opción al Balón de Oro, aunque el desenlace dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, y además en la nómina aparecen Rogers, Marcus Rashford, Eze y Bukayo Saka, con diferencia individual suficiente como para alterar el partido en cualquier momento.

Sin embargo, hay demasiadas piezas ofensivas para meterlas todas desde el arranque. Hasta ahora, Tuchel ha dejado en el banquillo a Rogers, Eze, Saka y Rashford. Son pocos los países —quizá solo Francia y España— que puedan presumir de un nivel similar de talento atacante para cambiar el desarrollo desde la banca. Por eso, tiene sentido que Tuchel haya hablado de “titulares” y “rematadores”, alentando a su equipo a competir de forma sana por los espacios.

Si Inglaterra se queda corta en este Mundial, no debería ser por falta de futbolistas con capacidad suficiente para decidir.

En la rueda de prensa posterior, Tuchel también dejó caer que podría preparar otro plan para afrontar a equipos que presenten un enfoque defensivo parecido al de Ghana.

“Tuve una idea durante el descanso del agua, pero dudé un poco. Aunque creo que podemos comprometer también a más jugadores por el centro. No quiero explicarlo ahora aquí, porque quizás lo probemos más adelante en el torneo. Pero no creo que nos volviéramos predecibles”, señaló el técnico.

Sea cual sea ese plan reservado, Tuchel haría bien en aplicarlo. Es un entrenador de alto nivel, aunque todavía no se le ha exigido de forma definitiva demostrar su adaptación total en este rol. En sus primeros días al frente de Inglaterra, mostró disposición para experimentar con el grupo, pero también fijó un sistema y se mantuvo en él. Ahora el escenario obliga a generar ideas nuevas. Panamá, el tercer rival de fase de grupos para Inglaterra, también estará cómodo con un guion de bloque bajo y contragolpe, y tratará de golpear a “Los Tres Leones” cuando se vean el sábado.

Tuchel ya tiene plantel y un sistema. A partir de aquí, la exigencia es confiar en que el equipo pueda ajustar lo necesario para que Inglaterra no vuelva a sufrir otro golpe de frustración en Norteamérica.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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