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Inglaterra vs Argentina: una semifinal histórica con rivalidad de seis décadas

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
15 julio 2026 10 min de lectura

ATLANTA—Inglaterra vs. Argentina no es una semifinal más de un Mundial. Además de reunir a dos selecciones que se han mantenido entre las cuatro mejores del ranking de la FIFA, el cruce carga con una identidad propia: es una de las rivalidades más emblemáticas de la historia del torneo y está construida a lo largo de más de seis décadas de choques, choques por la vía del fútbol y también episodios que dejaron huella. Este miércoles, cuando vuelvan a verse las caras, habrá un capítulo nuevo para una historia intensa entre dos gigantes del balompié.

En el imaginario de los aficionados, el duelo siempre vuelve a ciertos detonantes: el episodio de Diego Maradona y la “mano de Dios”, la expulsión que humilló a David Beckham y su posterior desquite cuatro años después, y un incidente en Wembley que derivó en una polémica diplomática y en la llegada de las tarjetas roja y amarilla como herramienta para ordenar el criterio arbitral.

Desde la década de 1980, además, los partidos entre ambos países han estado atravesados por un contexto político. La referencia obligada es el conflicto militar de 1982 entre Gran Bretaña y Argentina por la soberanía de las Islas Malvinas/Falkland. Aunque ese telón de fondo rara vez ocupa el centro del guion del partido de este miércoles, para muchos futbolistas de los dos lados se ha convertido en una realidad difícil de ignorar cuando se habla de este tipo de enfrentamientos.

Con la rivalidad retomando su curso este miércoles por primera vez desde el triunfo 3-2 de Inglaterra en un amistoso de 2005, el encuentro también marcará el regreso de un choque mundialista tras la edición de 2002. Para entender por qué Inglaterra y Argentina se sienten como algo más que un cruce de semifinales, se repasan antecedentes y testimonios vinculados a encuentros anteriores, además de la memoria histórica que el fútbol suele transformar en leyenda.

Reportes adicionales: James Olley, Tom Hamilton, Damian Didonato

Inglaterra 1-0 Argentina, 1966: prohibido el intercambio de camisetas tras el escándalo en Wembley

El primer antecedente mundialista entre ambos combinados no tuvo dramatismo: Inglaterra ganó 3-1 en fase de grupos en Chile en 1962. Sin embargo, la historia cambió cuando se cruzaron en un cuarto de final en el Estadio Wembley en 1966, un partido que con el paso del tiempo terminó por volverse sinónimo de controversia.

El entrenador inglés Alf Ramsay describió a los jugadores argentinos como “animales” tras el duelo, que terminó con victoria inglesa por 1-0. En Argentina, lo que sucedió se recuerda como “el robo del siglo”, por la expulsión del capitán Antonio Rattin y por las acusaciones de que el gol decisivo de Geoff Hurst se había marcado desde una posición adelantada.

Rattin, fallecido el sábado a los 89 años, había recibido dos amonestaciones por parte del árbitro Rudolf Kreitlin debido a faltas sobre Bobby Charlton y Hurst. No obstante, se negó a abandonar la cancha cuando se lo ordenaron. Cuando finalmente dejó el campo, escoltado por dos agentes, se sentó sobre una alfombra roja reservada para la reina Isabel II como acto de protesta.

Este episodio empujó a FIFA a introducir tarjetas amarillas y rojas con el objetivo de que quedara más claro el criterio de las decisiones y para reducir confusiones entre jugadores y oficiales, especialmente cuando no compartían un mismo idioma. Aun así, las acciones de Rattin y la percepción de un juego “áspero” alimentaron las declaraciones de Ramsay y también motivaron la intervención del técnico para impedir que los futbolistas británicos intercambiaran camisetas con sus rivales argentinos, una costumbre que suele repetirse tras los partidos.

“Probablemente fue el partido más desagradable y duro que vivimos en ese momento, cuando hablamos de un periodo áspero del fútbol inglés, bastante violento en cierta medida. El de Argentina fue probablemente uno de los más desagradables que todos hayamos jugado”, explicó Hurst.

Luego, Hurst matizó la frase atribuida a Ramsay: “Pero creo que usar ‘animales’ fue una mala palabra. Puedes decir sucio, desagradable, cruel, lo que quieras, pero ‘animales’ no me parece apropiado. [Ramsay] sí recibió una llamada de atención por eso”.

Rattin, cuya protesta desafiante duró diez minutos antes de retirarse, volvió a referirse a lo ocurrido en años posteriores para medios argentinos como La Nacion y El Grafico. “Vi que ese señor alemán [el árbitro] estaba señalando todo a favor de Inglaterra”, afirmó. “Bueno, no ‘caballero’. Me retracto. Ese tipo estaba dándoles de todo: córners, faltas. Incluso inventaba manos. Todo para el equipo local.

“Entonces le mostré la cinta de mi capitán y durante varios minutos le pedí un intérprete para explicarme. Le seguí insistiendo en que llamara a alguien que traduzca y me terminó expulsando. Ese Mundial estaba arreglado para que ganara Inglaterra. Y en la final contra Alemania, les dieron un gol fantasma”.

La tensión no se apagó después del pitido final. Roberto Ferrero, de Argentina, empujó al árbitro, mientras que Ermindo Onega escupió en el rostro del vicepresidente de FIFA, Harry Cavan. Ambos recibieron una sanción de tres partidos. Además, se reportó que otro futbolista argentino habría orinado en el túnel.

“No aprobamos la conducta de nuestros jugadores y dirigentes”, sostuvo un portavoz de la federación argentina. “Pero ellos fueron provocados por el árbitro. Él estaba absolutamente sesgado a favor de Inglaterra. En mi opinión, el árbitro y quienes lo designaron fueron responsables del problema”.

Argentina 2-1 Inglaterra, 1986: la famosa “mano de Dios”

Si hay una escena que resume esta rivalidad, es la del minuto 51 del cuarto de final del Mundial en el Estadio Azteca de Ciudad de México, el 22 de junio de 1986. Probablemente no exista un momento más icónico y a la vez más infame en la historia del torneo.

Diego Maradona, capitán de Argentina y figura dominante en el mundo del fútbol en ese instante, se eleva por encima del arquero inglés Peter Shilton, toma la pelota con la mano y la introduce en la red para poner el 1-0. Las fotografías reflejan el instante en el que Maradona gana la acción con la izquierda, superando a Shilton para impactar directamente el balón.

Shilton y el resto del plantel inglés protestaron con intensidad, reclamando al árbitro tunecino Ali Bin Nasser. Sin embargo, Maradona salió corriendo a celebrarlo. El tanto fue convalidado y cuatro minutos después el propio Maradona amplió la ventaja con un gol individual impresionante, que mantuvo la misma línea: tan grande como memorable la primera jugada fue, igual de famosa se volvió por la polémica que la acompañó.

Cuando le consultaron después por el gol, Maradona terminó construyendo una leyenda con una frase que se volvió inolvidable: “Un poco con la cabeza de Maradona y un poco con la mano de Dios”, dijo.

Pero esa cita tiene varias capas. Desde la óptica inglesa, sonaría como una admisión de trampas. En cambio, para Maradona y su equipo, el significado estaba ligado a recuerdos aún frescos del conflicto de Malvinas cuatro años antes. Ese partido en el césped fue el primer cruce entre ambas naciones tras el incidente internacional, y para Argentina quedó marcado con profundidad.

“Antes del partido contra Inglaterra, Diego Maradona dio una charla en el túnel”, contó el defensor Oscar Ruggeri en declaraciones recogidas por ESPN Argentina. “’Vamos, muchachos, los mataron a un montón de nuestros chicos’”.

“Salimos con una energía enorme. Aunque lo veíamos como un partido de fútbol, no podías sacarte eso de la cabeza. No podíamos ver a la gente en Argentina como lo hacen hoy los futbolistas. Nos enviaban videos desde Argentina donde decían: ‘Nos da igual lo que pase después; sólo ganen este partido’”.

Para los futbolistas ingleses derrotados, en cambio, la sensación de injusticia que ardía se concentraba en el terreno de juego y seguía presente, incluso cuarenta años más tarde.

“Nunca le voy a perdonar eso [a Maradona]”, declaró el zaguero inglés Terry Butcher. “Al final del día no es agradable perder un cuarto de final del Mundial de esa forma. Es muy difícil perdonar y olvidar”.

Shilton, ya fallecido en 2020 Maradona mediante, tampoco pudo cerrar el tema. “Lo que no me gusta es que él nunca pidió disculpas”, señaló. “Nunca en ningún momento dijo que había hecho trampa y que le gustaría pedir perdón. En vez de eso, usó su frase de la ‘mano de Dios’. Eso no estuvo bien.

“Me desafió por un balón alto y con trayectoria, pero sabía que no llegaría con la cabeza, así que lo golpeó con el puño y lo metió. Fue una infracción clara. Hacer trampa”.

La última palabra, sin embargo, quedó en manos de Maradona.

En 2019, el exfutbolista explicó: “Yo sabía que era mi mano. No era parte del plan, pero la acción pasó tan rápido que el juez de línea no vio que metiera la mano. El árbitro me miró y me dijo: ‘Gol’. Fue una sensación agradable, como una especie de revancha simbólica contra los ingleses”.

Argentina 2-2 Inglaterra (4-3 penales), 1998: Beckham contra Simeone

En aquel momento, David Beckham era el chico dorado del fútbol inglés y un futuro capitán de la selección. Pero aquel día amaneció con titulares como “10 héroes, un chico tonto” tras su expulsión por una patada a Diego Simeone en la eliminatoria de octavos de final del Mundial de Francia 98.

Beckham cargó con la responsabilidad de la derrota, ya que su expulsión obligó a su equipo a jugar con diez hombres durante casi una hora. Además, el mediocampista que luego sería figura en Manchester United y Real Madrid reconoció que fue un episodio que marcó su trayectoria.

“Recuerdo a Diego poniendo la mano en la parte trasera de mi cabeza, ya sea para frotar o para jalarme un poquito el pelo, y luego reaccioné”, dijo Beckham. “Con la expulsión, lo que vino después en los siguientes años, creo que para mí personalmente fue el momento más difícil de mi carrera. Los argentinos siempre han sido buenos para eso: en el instante, te hacen caer en su narrativa y esas cosas pasan en los partidos”.

En una entrevista con The Guardian en 2002, Simeone admitió que supo aprovechar la situación para terminar con Beckham fuera del campo.

“Lo crucé, nos caímos los dos al suelo”, explicó Simeone. “Cuando intentaba incorporarme fue cuando me pateó por detrás y yo me aproveché de eso. Y creo que cualquier persona habría hecho lo mismo”.

Para los futbolistas ingleses que estaban en Saint-Etienne, en cambio, la memoria de la pasión argentina y la voluntad de ganar quedó grabada de otra manera. “Para mí, la Mano de Dios fue algo grande porque yo tenía 12 años en ese momento, así que fue un recuerdo real”, explicó Paul Scholes a ESPN. “Pero para Argentina, este juego significa muchísimo más por todo lo que viene desde el historial fuera de la cancha.

“La rivalidad de Inglaterra con Alemania es enorme, pero con Argentina se siente distinto, más especial. Lo que se me quedó en la cabeza de ese partido, y lo que de verdad me molestó, fue la forma en que los argentinos celebraron después. Estaban en el autobús del equipo, con las camisetas fuera, moviendo las remeras, cantando sus canciones y provocándonos”.

Steve McManaman también remarcó que la motivación argentina para superar a Inglaterra fue diferente.

“Creo que es más grande lamentablemente por el componente político”, comentó a ESPN. “Nunca pensamos en las Malvinas cuando jugamos, pero era evidente cuánto les importaba [a ellos]. Se notaba al ver cómo celebraban y cómo nos miraban, y la forma en que nos odiaban —literalmente— incluso cuando habían ganado.

“Conozco futbolistas argentinos y siempre salen con el tema [de las Malvinas], entonces te preguntas: ‘Vaya’”.

“Eso nunca afectó a los jugadores ingleses. Jamás nos planteamos cosas así, pero para ellos sí”.

La postura de McManaman encontró respaldo en Simeone: “Si dejamos a un lado toda la historia política, el deseo de todo el país es derrotar a Inglaterra”, dijo. “Entonces sabíamos que en 1998, y también sabíamos que los corazones del pueblo argentino estaban con nosotros.

“Cada vez que nos enfrentamos, esa necesidad de ganar es más grande y más profunda. Es un clásico. Y lo jugamos como tal porque todos somos conscientes de cuánto podemos hacer feliz a nuestro país con una victoria”.

Inglaterra 1-0 Argentina, 2002: la venganza de Beckham

Argentina había vencido en los dos cruces más recientes de Mundial ante Inglaterra, en 1986 y 1998. Pero en 2002 el guion cambió. Fue un partido en el que David Beckham buscó cerrar cuentas: primero con la expulsión que había recibido cuatro años atrás y luego con la situación vivida frente a Simeone. Un penal ejecutado en el minuto 44 en Sapporo, Japón, le dio la oportunidad de marcar diferencias y de pasar página por lo ocurrido en Francia 98, y Beckham lo tomó con decisión: su remate superó al arquero Pablo Cavallero.

“Sabía que era mi momento para dar un paso al frente, no para borrar el fantasma del todo, pero sí para sentirme listo”, señaló Beckham. “Cuando llegó el penal, supe que lo iba a ejecutar.

“Con las celebraciones después [de marcar], creo que todos vieron cuánto significó para mí, cuánto significó para los jugadores, y fue uno de esos instantes en los que quizá los aficionados y el público inglés, de alguna manera, terminaron por perdonarme”.

Aun así, Inglaterra vs. Argentina siempre trae polémica. El delantero Michael Owen obtuvo el penal gracias a una falta de Mauricio Pochettino, que hoy dirige al USMNT, pero la sanción fue discutida.

“El penal no existió”, dijo el mediocampista argentino Javier Zanetti. Pochettino, en cambio, con el paso del tiempo reconoció que fue “ingenuo” permitir que Owen ganara el penal.

“Fue un penal porque se pitó”, comentó Pochettino a Four Four Two. “Desde el punto de vista del árbitro, probablemente se lo habría dado. Sin las herramientas que tenemos hoy, lo entiendo. Pero yo nunca toqué a Owen.

“Cuando dirigía Southampton, Owen era comentarista de televisión. Sabía que un día iba a aparecer y le pedí al responsable de prensa que viniera a saludar. Tenía preparada la fotografía: la que muestra claramente que no lo toqué. Se la firmó y escribió: ‘Tú definitivamente me tocaste’, con una carita sonriente. Nos reímos mucho. Él fue listo y yo fui un poco ingenuo”.

Y, para ese duelo en particular, hubo un matiz: el impulso de ganar era aún más fuerte para el bando inglés.

“Escucha, quienes jugaron en 1998 estaban desesperados por ganar este partido”, dijo Scholes. “Recuerdo haber pensado que no había forma de dejarles que celebraran otra vez frente a nosotros. Yo me imaginaba que iban a bailar con las camisetas fuera, moviéndolas alrededor de sus cabezas. Así que fue lindo ganar ese. Muy lindo”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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