La derrota ante Francia no borra el progreso histórico de Marruecos en el Mundial
La dolorosa derrota del jueves ante Francia (2-0) en Boston todavía pesa en Marruecos, pero incluso en la decepción hay señales que dejan buen sabor de boca. Los Leones del Atlas ya lograron escribir un capítulo relevante en esta Copa del Mundo y su recorrido reciente seguirá generando conversación.
El dato de mayor impacto es histórico: Marruecos se convirtió en la primera selección africana en alcanzar por segunda vez consecutiva los cuartos de final en el torneo. Además, encadenó esa hazaña después de haber llegado a semifinales en 2022, una marca que lo aleja de cualquier otra generación del continente en la competición.
También quedará en el recuerdo lo que mostró frente a Brasil, especialmente en el primer tiempo. A eso se sumó el carácter con el que igualaron en el tramo final y el triunfo en la tanda de penales ante Países Bajos, un desenlace que confirmó la valentía del equipo.
At a glance
- Marruecos cayó ante Francia 2-0 en Boston el jueves.
- Los Leones del Atlas fueron la primera selección africana en alcanzar dos veces seguidas los cuartos de final.
- En 2022, el equipo marroquí ya había llegado a semifinales.
- Destacó el duelo contra Brasil, con un gran primer tiempo, empate tardío y triunfo por penales ante Países Bajos.
- Yassine Bounou volvió a sobresalir y sigue en el debate como el mejor arquero africano de la historia.
- Ismael Saibari creció en el torneo y se acerca a un traspaso de alto valor a Bayern Múnich.
- Mohamed Ouahbi asumió tras la salida de Walid Regragui, después de la Copa Africana de Naciones.
- El ranking FIFA ubica a Marruecos en el sexto puesto, su mejor marca histórica; solo Nigeria en 1994 estuvo por encima.
Yassine Bounou volvió a ser figura. Su nivel lo mantiene firme en la conversación sobre el mejor guardameta africano de todos los tiempos, reforzando la imagen de Marruecos como una selección sólida incluso cuando el partido se complica.
En la parte ofensiva, Ismael Saibari también cerró el torneo con proyección. Su crecimiento fue tan oportuno que su nombre ya suena con fuerza para un movimiento de gran magnitud hacia el Bayern Múnich, consolidándolo como una de las piezas con futuro inmediato.
El cambio en el banquillo y la evolución
Mohamed Ouahbi terminó de dar argumentos para justificar la decisión de la federación de nombrarlo en lugar de Walid Regragui, luego del paso por la Copa Africana de Naciones. Con su conducción, el equipo mostró una forma más propositiva de jugar, tanto en la conducta como en el enfoque táctico.
El progreso también se ve en números. Marruecos llegó al sexto lugar del ranking FIFA, una posición inédita para ellos. Solo Nigeria, en 1994, había logrado colocarse por encima en la clasificación histórica del continente.
Pero hay un “pero” grande. Por más positivos que sean los pasos y lo alentador del desarrollo, la forma de la eliminación ante Francia y el rendimiento sin brillo en el triunfo de octavos ante Canadá dejaron una sensación amarga. Ahora, mientras el equipo regresa a África del Norte, surge una pregunta incómoda: ¿realmente Marruecos está mejorando, o en realidad retrocedió en los últimos cuatro años?
Las advertencias antes del análisis
Primero están las salvedades. Francia llegó al torneo como favorita: era un conjunto equilibrado, con experiencia para llegar lejos y con un ataque cargado de talento capaz de castigar a cualquier rival en el Mundial. Para cualquiera de los otros 47 equipos, enfrentar a Les Bleus habría sido una tarea extremadamente dura.
En ese contexto, la derrota no puede entenderse como una deshonra. Marruecos, además, partía como outsider para obtener un resultado. El segundo gran factor a considerar son las lesiones, que no pueden ignorarse si se quiere ser justo con el desempeño.
Antes de que comenzara el torneo, Nayef Aguerd se lesionó y Marruecos perdió a su central titular, un futbolista clave. Más adelante, la ausencia de Abde Ezzalzouli le quitó al equipo una opción ofensiva directa y con filo, determinante por su capacidad de cerrar jugadas con contundencia.
Y ante Francia, el escenario empeoró por otra baja: Chadi Riad no estaba en condiciones para ocupar el lugar en el centro de la zaga junto a Issa Diop. En ofensiva, la lesión de Saibari también se volvió decisiva.
Saibari se lesionó con un problema en el isquiotibial apenas 22 minutos después del triunfo sobre Canadá. Con esa baja, Marruecos perdió a su jugador más en forma, su principal amenaza de gol y, además, el perfil específico que había desbloqueado el sistema que Ouahbi había construido con un planteamiento sin un nueve fijo.
Por qué Saibari era el motor
En los partidos iniciales, el uso de Saibari alimentaba la ilusión de que el equipo podía compensar la falta de un centrodelantero definido. Ouahbi no colocó a Youssef En-Nesyri como protagonista de forma continua, dejó a Ayoub El Kaabi solo en algunos minutos y, cuando el fichaje del Bayern no estaba disponible, tampoco recurrió con suficiente frecuencia a Soufiane Rahimi.
Durante la primera etapa del torneo, lo que aportó Saibari fue justo lo necesario: su lectura, su repertorio particular y el impacto que tuvo en su breve participación le dieron a Marruecos la amenaza suficiente para que el sistema funcionara.
El jugador de 25 años tiene una excelente percepción de los espacios. Ya sea abriéndose para generar huecos por el centro y permitir que Brahim Díaz o Azzedine Ounahi atacaran, o bien bajando al mediocampo para apoyar a quienes estaban detrás y luego sumando creatividad, su presencia resultó efectiva y peligrosa.
Sin él, ante Francia, Bilal El Khannouss no pudo aportar el mismo valor ni generar un peligro similar. El cambio se notó en el funcionamiento del equipo, sobre todo en la forma de conectar y presionar en ataque.
Reacción del vestuario
El portero Munir Mohand habló sobre el golpe de la ausencia. “Ismael tenía mucha confianza. Era muy importante para nosotros, así que no fue fácil [estar sin él]. Intentamos manejar la situación porque lo más importante es lo colectivo, el equipo, para que todos estén listos para ayudar”, dijo. “Pero claro, es un jugador importante para nosotros, no es fácil reemplazarlo, como les pasó a otros que tuvieron problemas: Nayef, Abde Ezzalzouli. No es una excusa: al final llegamos a los ocho mejores del mundo, no es fácil llegar aquí”.
Mohand también dejó claro que, aunque el equipo lamenta pérdidas por lesión, el objetivo alcanzado también habla del nivel del plantel. Aun así, más allá de la explicación emocional, el análisis futbolístico apunta a que el impacto de Saibari fue determinante para el modelo que estaba funcionando.
En ese sentido, se cuestiona el rol de El Khannouss: se sostiene que fue un inicio poco efectivo en un cruce de cuartos de final, y que fue sustituido antes de la hora de juego. En papel, con opciones limitadas, podría entenderse la decisión de Ouahbi, pero el resultado dejó claro que la elección no terminó de funcionar.
El argumento es que El Khannouss no tiene todavía la misma fortaleza, ni la misma rapidez mental que Saibari, al menos por el momento. Además, su capacidad de inquietar a Dayot Upamecano y William Saliba no parecía realista en el contexto del partido.
Con menos movilidad, Marruecos se volvió más estático en la zona de ataque y tampoco ofreció desde el frente el mismo apoyo al mediocampo que sí brindaba Saibari.
El testimonio de Sbaï y la duda táctica
Amine Sbaï también se refirió al cambio. “La [lesión de Saibari] cambió mucho las cosas para nosotros. Es un jugador importante, empezó bien la competencia y se lesionó. Obviamente es una gran baja para nosotros. Esperamos que vuelva más fuerte, como Marruecos”, afirmó.
Con su estrella fuera, Ouahbi tenía dos caminos: mantener la idea con nombres distintos o ajustar hacia un delantero más convencional, e incluso reforzar el mediocampo con Sofyan Amrabat. La crítica del análisis indica que la elección no fue la correcta, y que meter a Amrabat en los instantes previos a que Francia abriera el marcador se interpreta como una concesión de error.
Más allá del rendimiento, Saibari tenía otra cualidad: un punto de chispa y agresividad que elevaba al equipo. No era un futbolista que juegue “al límite” de forma permanente, pero sí se veía una intensidad particular, una urgencia y una determinación que en momentos grandes encendía a Marruecos cuando otros no lograban hacerlo con la misma fuerza.
Estuvo presente en instantes decisivos: el gol inicial ante Brasil, el tanto que dio la vuelta ante Escocia, y el penal determinante frente a Países Bajos. Por eso, su ausencia también se sintió en la manera de competir, en el “espíritu” del equipo.
En estadísticas de ataque, Marruecos apenas lanzó cinco tiros, mientras que Francia acumuló 22. Además, ninguno de esos disparos marroquíes obligó a una intervención de Mike Maignan, un reflejo claro de la falta de amenaza sostenida.
En el rendimiento individual, se menciona que Achraf Hakimi se mostró dubitativo, Ayyoub Bouaddi tuvo imprecisiones y Neil El Aynaoui no ofreció la energía incansable que había mostrado al inicio de la campaña.
Con un jugador que de verdad estire a los rivales y genere oportunidades, y con otros referentes bajando entre un 5% y un 10% su nivel, Marruecos tuvo que pelear cuesta arriba. Y eso incluso antes de volver a revisar las lesiones, que terminaron de inclinar la balanza.
¿2026 será peor que 2022?
Desde aquí aparece la comparación inevitable: se plantea si la seguidilla de “eliminatorias” en 2026 es inferior a la ruta de tres partidos decisivos que les salió perfecta en 2022. En 2022 se remarca que el equipo sostuvo una resistencia enorme, con compromiso y con una grinta que se vio en exhibiciones memorables frente a España y Portugal.
En cambio, en esta edición se detecta una falta de chispa justo cuando más se necesitaba. Amine Sbaï no coincide del todo con esa lectura. “La grinta y el deseo estaban ahí”, añadió, “pero el fútbol no es solo grinta y deseo. En verdad lo quisimos, pero no salió. Creo que fuimos un poco desperdiciadores, pero eso también es parte del juego. Volveremos más fuertes”.
Sin embargo, se insiste en que faltó liderazgo y presencia en defensa: sin Romain Saïss junto a un Aguerd destacado, la zaga se percibió más vulnerable. En el mediocampo, sin Amrabat, el equipo careció de autoridad para imponer ritmo. Y sin magos individuales como Sofiane Boufal o Hakim Ziyech, Marruecos no tuvo una figura capaz de infundir miedo constante a los rivales.
La conclusión apunta a la profundidad. Si una selección no tiene la fuerza de recambio de élite en su plantel, corre el riesgo de perder ese carácter emocional que compensa a los grandes cuando se enfrentan a equipos de primer nivel. Por eso, aunque Ouahbi reciba elogios por su trabajo y aunque se hable de evolución, el partido ante Francia debe funcionar como recordatorio: sea cual sea el rumbo del equipo, no puede olvidar los valores y las virtudes que lo llevaron a las semifinales en 2022.