Skip to content
Viernes, 19 de junio de 2026 — 21:50
Suscríbete a nuestro boletín y no te pierdas nuestras mejores publicaciones. ¡Suscríbete ahora!
Hitsbook Fútbol Hitsbook Fútbol Hitsbook Fútbol
Hitsbook Fútbol Hitsbook Fútbol Hitsbook Fútbol
  • Inicio
  • Betting Sites
  • Casino
  • Inicio
  • Betting Sites
  • Casino
Cerrar

Buscar

Usa

La historia del portero de EE.UU. Matt Freese y el legado de su padre

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
18 junio 2026 14 min de lectura

Matt Freese quiere que, antes de entrar de lleno en su historia, quede claro algo: en este relato habrá muchas referencias a su padre. Entiende que sea inevitable. El doctor Andrew Freese, cerebro brillante y figura destacada en la cirugía neurológica y la terapia génica, se convirtió en parte central de una narrativa que, además de conmovedora, resulta difícil de evitar. Sin embargo, Matt insiste en que el foco real debe incluir a la persona que sostuvo su camino desde el inicio.

Esa persona fue su madre, Marcia Geary Wolicki, quien impulsó sus sueños futbolísticos y funcionó como el contrapeso de todo lo que se proyectaba sobre él: aspiraciones académicas, metas sociales y un futuro construido a fuerza de esfuerzo. Tras la separación de sus padres, cuando Matt tenía ocho años, ella fue quien más tiempo estuvo al frente del día a día, junto con sus tres hermanos mayores. También fue quien frenó discusiones en casa y resolvió situaciones tan cotidianas como peleas en la mesa o travesuras con bolsas de dormir.

Matt recuerda, por ejemplo, las mañanas en las que su madre lo llevaba al colegio a las cinco de la mañana solo para que pudiera completar entrenamientos y repeticiones extra. “Entenderán que hay mucho que contar de mi padre”, dice el portero, con una voz profunda y ligeramente ronca. “Pero no quiero que ella se quede sin esas palabras, solo porque la historia sea más ‘bonita’ mirando el fallecimiento de él”.

Quick facts

  • El padre de Matt Freese fue el doctor Andrew Freese, neurocirujano y pionero en terapia génica.
  • La madre de Matt, Marcia Geary Wolicki, fue quien más apoyó sus metas futbolísticas y sostuvo la crianza tras la separación de sus padres.
  • Andrew Freese intentó la primera intervención de terapia génica para tratar un trastorno neurológico y realizó cirugías vinculadas a heridas por arma de fuego y parálisis.
  • Matt Freese dejó Harvard en 2018 tras tres semestres para fichar como futbolista profesional con Philadelphia Union.
  • En marzo de 2025, Freese se sumó al directorio de U.S. Soccer como uno de dos representantes de atletas.
  • Su rutina previa a los partidos incluye ver mucho video, meditar, usar botas de compresión y priorizar al menos nueve horas de sueño.

Andrew Freese, el doctor, aparece descrito en su obituario como un neurocirujano reconocido y pionero de la terapia génica. En su trayectoria se menciona que fue el ex jefe de neurocirugía y director médico neurológico en Brandywine Hospital. Además, se destaca que realizó un intento pionero de cirugía con terapia génica para intentar sanar un trastorno neurológico, con resultados exitosos.

Su trabajo también se asocia con operaciones para tratar heridas por disparos y casos de parálisis. El texto remarca, además, su participación en un caso de un niño de tres años con una enfermedad genética rara que deteriora el cerebro, Canavan, logrando que se convirtiera en la persona con mayor esperanza de vida dentro de esa condición. A la vez, se afirma que ayudó a pacientes a vivir más de una década por encima de lo previsto por los pronósticos habituales.

La producción científica del doctor Freese se inició desde sus años en el MIT, donde cursó su doctorado. Allí se señala que recibió guía del fundador de Moderna. En paralelo, se relata que trabajaba incansablemente y que, aun así, durante las cenas hablaba con sus hijos de un desarrollo que consideraba emocionante: el ARN mensajero, décadas antes de que esa tecnología cobrara protagonismo global en medio de una pandemia.

También se menciona que los padres de Andrew Freese eran científicos ligados a los Institutos Nacionales de Salud, y que su hermana, la doctora Katherine Freese, es profesora de física en la Universidad de Texas, con líneas en cosmología teórica y astrofísica de partículas. Matt, mientras tanto, recuerda un ambiente familiar marcado por la inteligencia: su padre jamás dejaba escapar una discusión.

En lo personal, Andrew Freese tenía inclinación por el arte, la cultura y los autos antiguos, aunque —según el relato— no mostraba la misma preocupación por el deporte. Esa mezcla de mentalidad analítica y vida cultural se cruzó con el fútbol cuando Matt decidió tomar un rumbo profesional.

Matt salió de Harvard en 2018, después de tres semestres, para convertirse en futbolista profesional con Philadelphia Union. Aun así, su padre no lo tomó con entusiasmo y mantenía dudas profundas sobre esa elección, especialmente para el hijo menor. El doctor Andrew Freese murió por insuficiencia renal a los 61 años en julio de 2021, sin llegar a ver el despegue completo de la carrera de su hijo.

En 2023, Matt se trasladó a New York City FC, logró el puesto de titular y, más adelante, tendría su oportunidad con la selección masculina de Estados Unidos. Solo entonces se abrió el camino hacia un año de Copa del Mundo, como el portero número uno del equipo. “Mi padre era una persona increíblemente inteligente”, afirma Matt. “Y gran parte de su familia, desde generaciones atrás, eran profesores, científicos y médicos con prestigio. Era un nivel de inteligencia fuera de serie”.

El portero añade que su padre fue talentoso, trabajador y atento, y que como médico dedicó su vida a ayudar a los demás. Andrew Freese, por su parte, esperaba lo mismo de sus hijos: que realizaran trabajo útil y que sirvieran a la sociedad.

La infancia de un portero con otra educación

Matt fue el más joven de cuatro hermanos, todos nacidos con un margen de seis años. Creció siendo un niño lleno de humor y energía, con una confianza grande para su edad. En segundo grado, para Halloween, se disfrazó como animadora del colegio rival, un detalle que resume su inclinación a la creatividad y la broma.

Su hermana, la doctora Lyssa Freese, profesora adjunta de ciencias de sistemas terrestres en la Universidad de California Irvine, también habla de la personalidad de Matt. Señala que sabía observar, aprender de lo visto y causar impacto. Para ser el menor, recuerda que era un líder notable: no bajaba la voz ni se achicaba cuando defendía lo que quería que pasara.

Matt tuvo muchos apodos, y uno se quedó: “Booger”. Su hermano mayor, Jack, explica que el origen fue una comparación sobre la forma en que el pequeño Matt molestaba, como si se tratara de algo pegado. Desde temprano, la familia se movía con frecuencia por el trabajo del padre: de Filadelfia a Minneapolis, luego a Carolina del Sur por un año, regreso a Minneapolis y finalmente vuelta a Filadelfia.

En ese ir y venir, el fútbol fue el vehículo para hacer amigos. En Carolina del Sur, con solo ocho años, Matt idolatró a un vecino que jugaba como arquero. Con el tiempo, Tim —el hermano del medio, tres años mayor— empezó a servirle de sparring interminable desde el patio de casa, lanzándole tiros a la portería improvisada.

Tim recuerda que Matt era atlético y que, aunque él intentaba anotar, no encontraba cómo. Al mismo tiempo, admite que no llegaba a pensar en una carrera futura como seleccionable: “No sé si diría, ‘claro, será el próximo portero de la selección’”, comenta.

La familia también tenía una faceta curiosa: construían barquitos con papel de aluminio, los soltaron en una bañera llena y veían cuál aguantaba más monedas antes de hundirse. La idea era simple, pero el aprendizaje era real: física hecha como juego. En general, los cuatro hermanos se caracterizaban por ser estudiosos, pero Matt era el “caso aparte”, según sus propias palabras.

Todos eran deportistas. Sus hermanos, por ejemplo, son aproximadamente una pulgada más altos que Matt, que mide 1.90. Jack jugó remo en Harvard. Lyssa formó parte del equipo de vela en Georgetown. Tim corrió recientemente el Maratón de Austin y, además, es graduado de Harvard y obtuvo un posgrado en Cambridge. Matt, por su parte, no solo fue el baterista de la banda de jazz de su secundaria, sino que también rompió récords en carreras de 200 metros y 300 metros con vallas.

La carga genética deportiva también se vincula con su abuelo materno, Jack Geary. En 1949 fue reclutado por la NFL por los New York Bulldogs como tackle saliendo de Wesleyan. Sin embargo, en la pretemporada se lesionó el hombro y no llegó a jugar un partido regular. Además, el futuro suegro de Geary —en el relato— creía que los deportes profesionales no eran lo suficientemente estables para sostener una familia. Y, como consecuencia, todo se definió de otra manera: los Bulldogs terminaron con un registro de 1-10-1 ese año.

Aun así, Matt le recuerda a su madre el legado del abuelo: la capacidad atlética, el liderazgo natural y el gusto por la ropa. Ella también valora el detalle de que los Bulldogs entrenaban en el antiguo Yankee Stadium y que, hoy, Matt juega para NYCFC en el nuevo recinto.

Los traslados y las ausencias del padre acercaron a los hijos y a la madre, pero también los marcó la falta de Andrew en casa. Matt resume esa idea con una frase que, más que una queja, es un orgullo: “Él estaba más concentrado en salvar vidas que en su propia vida”.

El portero aclara que no lo dice como lamento. Lo interpreta como un testimonio de cómo pensaba en los demás. En algunos momentos, incluso, su manera de enfocarse en la carrera profesional —la de él— parecía autodestructiva, pero el origen era la generosidad. Matt considera que, como hijo, a veces era difícil de ver, aunque la motivación era altruista.

Tras que sus hermanos se mudaran, Matt y su madre se instalaron en una rutina que incluía ver repetidas veces “Miracle”, la película sobre el equipo olímpico de hockey de Estados Unidos de los años 80. La cifra de repeticiones fue enorme, con cientos de visionados. El relato introduce un guiño actual: esa misma película se volvió una obsesión leve para el entrenador de la selección masculina de Estados Unidos, Mauricio Pochettino.

La historia se observaba en una televisión pequeña colocada al pie de la cama del portero. Matt tenía especial cariño por una escena donde Kurt Russell interpreta a Herb Brooks y hace que su equipo pase por una preparación física interminable después de un partido flojo, hasta que entienden que el objetivo es el conjunto y no el individuo.

Marcia Geary Wolicki asegura que “Miracle” es una pieza integral de quién es Matt hoy. Puede sonar a exageración cinematográfica, reconoce, pero afirma que así lo siente. También describe que, con el tiempo, ya tenía señales de que el hijo menor podía terminar vinculado al deporte. O al menos, al mirarlo retrospectivamente, le parece que debió anticiparlo.

“En esos días vas con la inercia del día a día”, comenta la madre. “Estás intentando resolver la comida, hacer la tarea. Pero cuando miro hacia atrás, sí: las señales estaban ahí”.

Durante la primaria, en un ejercicio escolar, les pidieron en video que dijeran con quién les gustaría cenar si pudieran elegir a cualquiera del mundo. Matt eligió a Tim Howard, quien en ese momento era portero de la selección de Estados Unidos. En la secundaria, cuenta que llegó a casa una jornada afirmando haber recibido una carta de Real Madrid invitándolo a integrarse a la academia.

La carta existía: la mostró en papel con membrete y logotipo. Incluía detalles sobre su vida en la capital española. La madre recuerda la situación con una risa: el documento indicaba que los estudiantes asistían a misa todos los días en una iglesia llamada St. Kathleen’s, un nombre que no encajaba del todo. Matt terminó confesando la verdad: él y sus amigos habían falsificado la carta durante el tiempo de estudio para gastar una broma y medir reacciones. Ella conserva el papel, aunque no se especifica dónde.

La maniobra fue mitad broma y mitad “prueba de agua”. Aun así, en el relato aparece el contraste: para cuando llegó la etapa de secundaria, Matt Freese no solo estaba dentro de la academia de Philadelphia Union, sino que también viajaba para entrenamientos con clubes de primer nivel, e incluso pasó algunas semanas con Manchester United.

Matt tomaba con seriedad su oficio y pensaba con cuidado cada paso. Cuando tenía entre 14 y 15 años, organizaba que su madre lo llevara al colegio a las cinco de la mañana para entrenar en el campo de forma individual, o para levantar pesas en el gimnasio. Después desayunaba con huevos revueltos en un paquete de aluminio, se ejercitaba, se duchaba y recién entonces comenzaba clases a las 7:45.

“No era una lógica de ‘lo hago para obtener algo’ o ‘para merecer’”, explica. “Era simplemente diversión. En mi familia se espera que trabajes duro”. La madre era el motor de esa estructura, lo que se nota en esas salidas de madrugada.

Pero el contraste familiar vuelve: Matt señala que su padre no veía el deporte profesional del mismo modo. Dice que, aunque no se puede hablar de una imagen clara de cómo quería que viviera, tampoco cree que considerara que hubiera una gran dosis de altruismo social en el fútbol de élite. En su visión, podía tratarse de una carrera egoísta.

Freese, sin embargo, tenía opciones para jugar en la universidad. Eligió Harvard, donde también se formó su padre. Tim permanecía allí también, entrando a su último año. Matt se sentía cómodo y el paso representaba un acuerdo: no era el nivel más mediático del fútbol universitario, pero le permitía cumplir con la expectativa académica del padre sin abandonar su carrera deportiva.

“Era mi forma de equilibrar el hecho de estar orgulloso a mi padre, seguir sus sugerencias y respetar sus deseos”, rememora Matt. “Es tu papá”.

En Harvard, el portero planificaba una doble titulación en economía y ciencias de la computación. Formó parte de la Investment Association y de Key Society, un nombre elegante para un rol de guía turístico en el campus. Cuando salió del entorno universitario, usó el tiempo libre que le daba el hecho de ser profesional para complementar su preparación.

Auditoró cursos de maestría de negocios en Wharton, dentro de la Universidad de Pensilvania. En paralelo, contactó con profesores por correo para pedirles asistir a sus clases. Tras los entrenamientos, se quedaba después para hacer preguntas. Freese explica que estaba aburrido y vivía en Filadelfia, así que a las siete de la tarde prefería escuchar una charla que arriesgarse a hacer algo que pudiera afectar su práctica al día siguiente.

Tras un año, volvió a inscribirse en Harvard, redujo su plan a una sola carrera en economía, y tomó carga completa ya sea de forma virtual o viajando a Cambridge, Massachusetts, cuando debía rendir exámenes. “Fue difícil, pero fue sumamente útil”, afirma. Añade que, a los 20 años siendo atleta profesional, era complicado no perder el foco. Las clases lo obligaban a mantenerse en una agenda y en un régimen que, de otra forma, no sabe si habría logrado.

Matt no les dijo a sus docentes que era futbolista profesional. Para ellos, su imagen era la de un estudiante extremadamente disciplinado, un “comuter” extremo. Se graduó un año más tarde de lo previsto, en mayo de 2022. Para entonces, su padre ya había fallecido, y el relato cuenta que, para el final, Andrew se había resignado con la elección del hijo. Matt dice que tomó tiempo y convencimiento, pero que en los últimos años previos a su muerte el padre se mostró más abierto a la decisión.

El hecho de ser a la vez estudiante y jugador profesional también le dio un beneficio adicional: le permitió prosperar en el campo. Matt vincula esa idea con investigaciones sobre cómo se desarrollan el cerebro y las rutas neuronales cuando uno aprende en un entorno académico, sosteniendo que eso ayuda a aprender con más rapidez también en el juego. Además, menciona el componente de resolución de problemas y el elemento social de los trabajos grupales, desde el punto de vista del cociente emocional.

Mientras estudiaba, trabajaba bajo el paraguas del arquero estrella de la franquicia, Andre Blake, y en vez de resentir la condición de suplente, encontró una oportunidad: aprender del titular, empujarlo y ayudarlo. Freese lo describe como una bendición a los 20 años, y remarca que tampoco lo tomó por sentado.

En el mismo periodo, fue elegido para el Athletes’ Council de U.S. Soccer, una instancia que funciona como puente entre la federación y los atletas. Además, se convirtió en representante de equipo de la Major League Soccer Players Association tras solo su segunda temporada como profesional. También realizó una pasantía en un grupo de private equity durante el verano de 2022.

A pesar de los logros, Matt se identifica a sí mismo como el “deportista” dentro del grupo de hermanos. Sin embargo, su familia rechaza esa visión. Su madre dice que no está de acuerdo, pero que él se percibe así. Aclara que los tres chicos fueron a Harvard y que obtuvieron el mismo título. Para ella, llegar hasta donde llegó es un objetivo intelectual.

Matt emprendió un proyecto de investigación en Harvard, pero no quiere hablar de ello. Cuando se menciona el tema, se lleva las manos a la cabeza, se recuesta en la silla y evita profundizar. El texto sostiene que trata sobre tendencias en lanzadores de penales. Su especialidad es detenerlos: se afirma que en el shootout de cuartos de final de la Gold Cup contra Costa Rica, el año pasado, paró tres penales con la selección de Estados Unidos.

Freese aclara que hablará del asunto dentro de 13 años, cuando termine de jugar, con 40 años. Quiere mantenerlo en privado porque considera que todavía puede ser una ventaja competitiva si otras personas lo leen.

En ese contexto, el relato se mueve a un momento reciente: a mediados de febrero, Matt se encuentra en un patio de hotel en Palm Springs, California. Allí, con palmeras, luces moradas y varias fogatas en fila, observa cómo en Nueva York se derrite una ola histórica de frío, con nieve en cantidad y con varios episodios. Durante casi una hora, no parece cargar con el peso de ser el arquero titular de la selección de Estados Unidos en el arranque de un año de Copa del Mundo.

Dice que no piensa tan lejos, o al menos no lo admite públicamente. “No soy tonto”, suelta, y recalca que todavía queda mucho fútbol por jugar. En ese sentido, se describe como otro jugador que conoce qué cosas no conviene decir. Pero, al mismo tiempo, se mantiene como una figura poco convencional: no solo por su linaje, sino por su mirada a futuro.

Freese no ve su carrera como el destino final, sino como un tramo hacia otro lugar. Ya imagina una segunda etapa en el lado empresarial del deporte. El relato también muestra un cambio institucional: en marzo de 2025 se sumó al directorio de U.S. Soccer como uno de dos representantes electos de atletas. Campañó para ese cargo porque considera que podía aprender mucho.

Con todo, lo que mantiene es lo que él llama “cosas normales de atleta”: sostener una rutina rígida antes del partido. “Sí, soy un psicópata”, dice con crudeza, y enseguida explica que para los porteros la rutina probablemente sea lo más importante en la preparación. Incluso afirma que es más relevante que el entrenamiento en sí: en un partido hay tres momentos para demostrar lo que eres, y hay que estar listo.

Su rutina, asegura, le da confianza porque después de ocho años de perfeccionarla ya sabe que funciona. Lo que busca es llegar con la mente en el lugar correcto, sin distracciones y completamente presente. La secuencia inicia dos días antes del encuentro: revisa videos, medita, usa botas de hielo y compresión y duerme todo lo que puede. Como mínimo, nueve horas.

El portero remarca que la investigación que leyó —y que, claro, menciona que leyó— indica que dormir dos días antes pesa más en el rendimiento que hacerlo la noche anterior a un evento grande y estresante. También come lo mismo. “No te puedo decir cuántas veces comí spaghetti con salsa roja y tostadas de pan de masa madre el año pasado”, comenta, y lo califica de algo “atroz”. Ahora, antes del partido, come los restos de esa comida.

Cuando estaba en Philadelphia Union, Freese —que se describe como “bastante religioso”— se ofrecía como voluntario en un comedor comunitario el día previo al partido cuando la delegación estaba fuera de casa. En los días siguientes, volvería a la costa este: entrenamiento, juego, recuperación, trabajo en el oficio, aprendizaje y búsqueda constante. En definitiva, al servicio de su país, pero desde el arco.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

Sígueme
Otros artículos
Anterior

Kane y el giro en el descanso: Inglaterra debuta con victoria ante Croacia

Siguiente

Portugal sufre ante RD Congo y estalla la polémica por el enfoque de Martínez

Entradas recientes

  • Brasil vs Haití en el Mundial 2026: cuándo juegan y claves del Grupo C
  • Inglaterra-Ghana en el Mundial: horario, alineaciones y dónde ver el duelo
  • Yirenkyi explica su gol: la intensidad de entrenamientos guía a Ghana
  • David Raya pide a España más puntería tras el empate ante Arabia Saudí
  • Turquía vs Paraguay: horario y dónde ver el duelo del Grupo D del Mundial 2026

Categorías

  • Bundesliga
  • Champions-league
  • Ligue-1
  • News
  • Premier-league
  • Serie-a
  • Tenis
  • Tennis
  • Transfers
  • Usa
  • World-cup
Contacto·Política de privacidad
| Copyright 2026 — Hitsbook Fútbol. Todos los derechos reservados.