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World-cup

Matt Freese: el arquero de EE. UU. busca su momento en el Mundial pese al poco tiempo real

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
30 junio 2026 10 min de lectura

IRVINE, California. Matt Freese tiene muy claros los números: en un partido, el portero apenas dispone de unos minutos efectivos dentro del juego real. La inquietud, sin embargo, es que una marca puede escribirse en apenas un segundo o dos. El resto del tiempo se vive entre pausas, lectura del encuentro y espera por esos instantes que terminan definiendo una historia. Aun así, el arquero de la selección masculina de Estados Unidos no mira el rol desde la soledad del “guardián de la portería”. Para él, la idea de “atajar” es solo la punta del iceberg.

Freese entiende que la posición de portero es, antes que nada, prevención de gol. Para el arquero, “shot-stopping” y “parar tiros” son términos intercambiables solo en la superficie; en la práctica, el trabajo empieza mucho antes de que el balón llegue a sus manos. Detener un remate, reconoce, es la última fase del proceso, no el primer paso. Su misión consiste en que el equipo—y especialmente la defensa—se encarguen de que el tiro no aparezca en condiciones favorables. En otras palabras: si el gol no ocurre, el mérito se construye con decisiones, colocación, coordinación y anticipación.

En los dos compromisos que ha disputado hasta ahora, Freese apenas se ha enfrentado a tres remates. Y, por ahora, prefiere que la tendencia se mantenga así: menos trabajo directo, pero más control del contexto que lo precede.

“Lo primero es comprender que el puesto de portero es prevención de gol. No se trata únicamente de parar tiros”, explicó. “Como portero, tu obligación es evitar que el rival marque. Eso se refleja en aspectos que gran parte del público no ve ni reconoce: la posición, la toma de decisiones, y organizar la línea defensiva. La idea es impedir que las jugadas terminen en un disparo”.

Desde esa lógica, incluso cuando el balón no termina en sus atajadas, el objetivo sigue siendo el mismo: crear un escenario defensivo donde la portería permanezca a salvo. “Si yo no detengo el tiro, igual es sobre construir dentro del sistema esa cultura de no dejar que entren los goles. ¿Cómo cortas estas situaciones antes de que se conviertan en disparos?”, añadió.

Con todo, Freese también dejó una conclusión que rompe el estereotipo del portero como figura aislada: el arco es un trabajo colectivo. Sí, está el hombre en la red, pero también están los diez futbolistas que lo protegen por delante. Y, más allá de ese bloque inmediato, hay un engranaje humano más amplio que sostiene el plan. Ese fue, según el propio arquero, el gran aprendizaje del verano: hace falta “un pueblo” para que el portero esté listo cuando llega la fracción decisiva. Y hasta ahora, el suyo no ha escatimado esfuerzos.

El guardameta señaló que en un Mundial se vive una cercanía especial, pero que solo ahora entiende de verdad el significado. “Toda la vida escuché que, por estar tan cerca de los compañeros durante un Mundial, terminas como una familia. No entendía qué querían decir hasta ahora. Desde que llegué, lo comprendo: en el arranque nos planteamos lograr algo, hacer historia y alcanzar un objetivo”, afirmó.

La historia, eso sí, sugiere que tarde o temprano Freese deberá intervenir de manera decisiva. Los porteros raramente atraviesan un torneo sin momentos de prueba. Habrá una gran atajada en algún punto, una que marque la diferencia para un grupo de 26 jugadores y para una afición de millones. La pregunta es si el arquero estará preparado cuando llegue ese instante.

En cuanto a cómo se prepara para ese posible golpe de escena, Freese rechaza la respuesta típica de “es igual de siempre”, aunque aclara que, cuando él lo dice, realmente aplica. En los días previos a su debut en el Mundial siguió su rutina habitual: a sus 27 años, el arquero es un hombre de hábitos, y para él los hábitos son parte del rendimiento. Mantener esos pasos hace que el torneo se sienta un poco más normal, como si el contexto no lo desbordara.

Antes de comenzar la competencia, reveló que llevó su reloj despertador desde casa. La lógica es sencilla: si el día arranca mal, ¿cómo sostener una rutina? Además, intentó que el hotel en el sur de California se pareciera lo suficiente a su entorno en Nueva York. Para Freese, no son detalles decorativos: son condiciones necesarias para rendir.

“Me quedo con la regla de no usar el teléfono en el dormitorio. También traje una tetera y té de manzanilla orgánico en hojas sueltas. Lo tomo la mayoría de las noches aquí. Es lo que hago en casa y por eso es importante conservar esas rutinas. Miles Robinson y yo compartimos el té cuando lo preparo”, explicó. “Es difícil, sí, pero soy firme con mis rutinas porque sé que me funcionan y me preparan bien”.

Dentro de esas rutinas, Freese encuentra estructura, familiaridad y, con eso, una sensación de continuidad que le permite llegar al partido con el mismo temple que en la mayoría de sus encuentros desde que tomó el rol de titular en el New York City FC hace dos años. También coincide con el momento en que asumió como el portero número uno de la selección estadounidense el verano pasado. Esa continuidad explica parte del carácter sereno con el que ha afrontado el Mundial.

Hasta el momento en esta Copa del Mundo, Freese ha sido titular en dos partidos: contra Paraguay y contra Australia. En su zona, los escenarios han sido relativamente tranquilos. Ante Paraguay, Estados Unidos encajó un solo gol en un remate que llegó desde una jugada de estrategia rápida. Frente a Australia, el arquero tuvo que intervenir con dos atajadas mientras el combinado norteamericano se impuso 2-0 a los Socceroos.

Los números de base refuerzan que Freese ha estado protegido. En los dos juegos disputados, sus 17 acciones dentro del área penal lo dejan como el cuarto con menos intervenciones entre los porteros del torneo. En el área “fuera” del perímetro, sus 15 acciones lo ubican empatado en el tercer lugar con menos participación. En conjunto, lo que refleja es mucha prevención del tiro, aunque no tanta necesidad de paradas. Y en esas pausas silenciosas entre las 32 acciones sumadas, el trabajo mental del portero sigue encendido: su cabeza revisa escenarios y posibles lecturas sobre el terreno.

Con excepción de un instante. En un momento, se permitió mirar algo distinto.

Freese evitó quedar atrapado por la magnitud del evento gracias a sus rutinas. Si hiciera únicamente lo de siempre, estos partidos serían como cualquier otro. Pero él mismo admite que no lo son. Por eso, antes de su debut en el Mundial frente a Paraguay, se dio un margen: un segundo, tal vez dos, para asimilar lo que estaba por ocurrir.

“Al salir para ese primer encuentro intenté, durante un momento, tomarlo en serio. Me había dicho una vez que, cuando el árbitro pitara contra Paraguay, no habría emociones ni nada para procesar. Iba a ser solo trabajo. Pero habrá emociones y luego, apenas suene el silbato, toca ir. Entonces salimos y me permití uno, dos, quizá un segundo y medio: miré arriba y lo asimilé”, comentó.

En ese lapso de apenas segundo y medio, el portero reconoció que pasó por su mente mucho más de lo que parece. El esfuerzo de 27 años se concentró en ese instante y en el paso hacia el campo. Entre tantas sesiones y centenas de partidos, ¿qué recuerdos aparecieron? “Pensé rápido en mi hermano y en nosotros conversando sobre este tipo de cosas, soñando con una oportunidad como esta. Duró ese segundo y medio, pero después ya no he reflejado demasiado. Tampoco planeo hacerlo en exceso hasta que termine el torneo. En el momento prefiero mantenerme enfocado y recordar que hay un trabajo que hacer”.

Entre las cosas por las que se siente agradecido, Freese mencionó a su familia, que estuvo presente para vivirlo en su lugar, aunque él no siempre pudo hacerlo. Durante este verano, muchos seres queridos se sumaron: sus tres hermanos, su madre, su padrastro y un grupo amplio de parejas cercanas. También se hizo presente su novia y su familia, lo que terminó armando una sección de apoyo considerable.

“Le da a todos una excusa para reunirse y pasar tiempo como familia. Creo que ahí está una de las cosas bonitas del deporte, y lo valoro mucho en este momento”, aseguró.

Freese también mostró gratitud por la “familia” que encontró de forma reciente dentro del plantel, esa que elige acompañarlo en el país mientras representa a su selección. Ahí están sus 25 compañeros de Mundial, con quienes ha convivido durante el último mes en cada batalla del día a día. Además, aparece el llamado “sindicato” de porteros, que tiene un lugar particular en el ecosistema de la selección estadounidense.

En mayo, Chris Brady, también guardameta de la selección, habló sobre un entrenador y una sesión que se volvió referencia. “Les animo, y a quien más esté ahí, a que vean una sesión de Toni. Es otro tipo de entrenamiento”, dijo Brady en esa ocasión. El “Toni” al que se refería era Toni Jimenez, entrenador de porteros de la selección. El ex internacional español ha sido durante mucho tiempo el especialista de guardametas de Mauricio Pochettino, y sus prácticas, como las del técnico, son exigentes.

Freese explicó qué significa eso en la rutina: “Cuando estamos entrenando, tienes que estar al 100 por ciento, y es con propósito. Es para prepararte para un partido, porque en un juego no puedes desconectarte. No hay ni un milisegundo para bajar la guardia. Debes estar listo, preparado para cualquier cosa. Ese tipo de ambiente genera competencia, intensidad… y es algo que me encanta”.

La competencia dentro del grupo ha sido fuerte. Durante el último año, la disputa se jugó por cupos en la convocatoria y por el puesto titular. El desenlace fue para Freese, Brady y Matt Turner por la primera parte, mientras que en el segundo escalón la situación se resolvió sobre la marcha y aún pudo haber cambios. Freese fue titular en los dos primeros partidos del Mundial, mientras que Turner volvió a ponerse bajo los tres palos en la derrota 3-2 de Estados Unidos ante Turkiye en la última fecha de la fase de grupos.

El grupo de porteros lleva ya más de un mes trabajando junto, y su número creció con el paso del tiempo. A los tres arqueros convocados se suman Jimenez y Jack Robinson, responsable de la portería en U.S. Soccer. También han participado Diego Kochen, Andrew Rick y Julian Eyestone en etapas como guardametas de entrenamiento.

“Creo que el sindicato de porteros siempre está. Es una situación única: pasas aproximadamente la mitad del tiempo de la preparación entrenando en soledad con el resto de porteros, pero también es genial estar en este grupo y poder hablar con Toni, con Jack Robinson, con Matty y con Chris. Nos leemos la cabeza entre todos, aprendemos, absorbemos información de Toni y debatimos. Estamos trabajando para alcanzar la perfección”, señaló Freese.

Pero la perfección, en el deporte, no existe como un objeto alcanzable por completo. Es, eso sí, el objetivo. Para que Estados Unidos busque una carrera larga en el Mundial, necesitarán algo muy cercano a ese nivel, especialmente desde el puesto de portero.

En el campamento, Freese fue consultado por el legado del arco estadounidense y por su deseo de formar parte de él. Tim Howard, Tony Meola, Kasey Keller y Brad Friedel tuvieron momentos distintos, y todos acabaron convirtiéndose en referentes. Con sus trayectorias, marcaron el tono de una posición que sigue definiendo el rol de los porteros en el país, incluso en la actualidad. Freese respondió que no se siente abrumado por ese legado, sino motivado.

Tiene recuerdos claros, sobre todo de Howard, y por eso eligió el número 24 esta temporada: para rendir homenaje al ícono que él vio crecer, el “Secretario de Defensa” que inspiró su infancia. Ver a Howard hacer historia con la selección estadounidense es uno de los momentos que más valora Freese. Este verano es su oportunidad para crear los suyos.

“Mauricio siempre habla de construir recuerdos juntos, y los recuerdos son cosas que unen. Quiero que este grupo sea memorable. Quiero que vivamos nuestras propias historias y que las recordemos. Pero también quiero que el niño de siete años que jugaba básquet, fútbol y béisbol tenga buenos recuerdos mirando a su papá mientras juega estos partidos: los tres de ahora, el siguiente y ojalá los que vengan después”, dijo. “Estamos creando recuerdos para nosotros, pero también para los aficionados de este país, y para inspirar a otros”.

Algunas de esas escenas ya llegaron. Se han vivido en pasillos de hoteles y en largos trayectos en autobús. Se han vivido en la playa y en el centro de entrenamiento. También en instantes cotidianos: justo después de que suena el despertador y antes de verter el té de manzanilla orgánico en hojas sueltas. Freese quizá no esté en modo reflexión ahora, pero lo estará más adelante, y ya sabe qué tipo de momentos se quedarán con él.

“Hay momentos en el campamento, tanto sobre el campo como fuera de él, en los que te dices: ‘Ok, esto lo voy a recordar cuando sea más grande’. Cuando nos reunamos dentro de 30 años, como el equipo de 1994 que volvió a Chicago para el partido de despedida, seguro hablaron de esas vivencias, se rieron de ellas y las recordaron”, comenzó. “Y hay instantes que aparecen cuando pasa algo loco y divertido en la mesa de la cena, o cuando ocurre una jugada increíble en un partido, donde te tomas un segundo para pensar. Reconoces el valor del momento y dices: ‘Sí, esto lo vamos a recordar juntos’”.

Los capítulos continúan. Tal vez lleguen algunos en la siguiente rutina. Quizá ocurran contra Bosnia y Herzegovina en los octavos de final. Puede haber más después de ese juego. O puede que Freese sea el motivo de que se escriban esas escenas. Si no sucede así, tampoco sería una tragedia: el papel del guardameta no es el de “fabricar recuerdos”, sino el de custodiar la portería. Y esos dos trabajos podrían alinearse antes de que termine todo.

“Es un sueño hecho realidad”, concluyó, tomando aire antes de precisar un matiz. “Es parte de un sueño hecho realidad, pero todavía queda mucho trabajo por hacer para que el sueño completo se concrete”.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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