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Messi falló el primer penal ante Austria y dejó paso al estilo histórico

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
23 junio 2026 5 min de lectura

Desde el punto penal habría sido demasiado simple, demasiado previsto. Para celebrar un hito histórico hacía falta algo con estilo, con toque y con esa clase de complicidad colectiva que solo aparece cuando todo fluye. Y así llegaron los momentos que marcaron una nueva página en la historia: Lionel Messi falló su primer intento desde los once metros contra Austria, mandando el balón desviado, pero encontró una vía mucho más adecuada para acercarse al récord y, con el paso del tiempo, convertirse en el protagonista del triunfo de Argentina por 2-0.

El gol que abrió el camino al 2-0 llegó con una secuencia que encajaba perfecto con la idea del equipo. Argentina atacó agrupada, como es habitual, y la jugada nació con el quiebre: Messi aprovechó el momento para descargar hacia Thiago Almada, se abrió el carril y el balón siguió hacia Facundo Medina. Luego apareció el pase bajo y al ras, dirigido a la zona defensiva donde el equipo rival se ordena tarde. Almada dejó la pelota con inteligencia, lo justo para que Messi llegara en carrera, controlara con precisión y superara al portero con una acción que parecía sencilla, pero que exigía timing, lectura y coordinación al milímetro.

La repetición de escenas así ayuda a entender por qué, después de tantos años de frustraciones y exigencias, una parte enorme de los tantos de Messi en Copas del Mundo se ha construido ya superados los 35 años. No es magia aislada: son instantes colectivos, pequeñas joyas de trabajo en equipo, donde la calidad de los jugadores se combina para que el talento del más talentoso tenga el camino despejado. Ese “dejar” de Almada fue una señal clara: Argentina está encontrando el modo de potenciar a sus figuras dentro de una estructura.

Hay una idea casi universal en el fútbol: los equipos hacen a las estrellas. Durante años en Argentina parecía funcionar al revés, con Messi obligado a cargar con la responsabilidad de todo. Sin embargo, en este tramo reciente de éxito bajo la conducción de Lionel Scaloni, el patrón cambió: la selección se construyó alrededor de la figura, sí, pero sin que el resto quedara como espectador.

Del plan de Scaloni al reencuentro con el fútbol de Messi

  1. Scaloni asumió el mando en 2018 tras observar el Mundial de Rusia desde la perspectiva de los rivales de Argentina.
  2. Se obsesionó con el modelo francés y anunció un enfoque audaz: el fútbol moderno, según su lectura, exige transiciones rápidas; las mejores selecciones ganan el balón y llegan al remate en cuestión de segundos.
  3. El problema apareció de inmediato: ese planteamiento no era exactamente “el fútbol de Messi”. Era una propuesta más cercana al estilo que suele favorecer a Kylian Mbappé, porque empuja a la defensa rival hacia atrás y, al mismo tiempo, reduce el espacio al que el francés le saca tanto provecho para correr hacia el fondo.
  4. Cuando se intentó aplicar esa idea, Argentina tropezó en su primera gran prueba competitiva con Scaloni al frente: la Copa América de 2019.
  5. Durante el torneo, comenzó el reajuste: Messi y el equipo fueron alineándose mejor. Messi, ya sin la comodidad de Barcelona, decidió priorizar a la selección y dejó atrás una actitud más reservada para transformarse en un líder más vocal.
  6. Scaloni rodeó a Messi con un grupo que lo admiraba y, sobre todo, con una forma de jugar que buscaba que todos compitieran dentro de un mismo marco para ganar juntos.

Hay algo de sabor clásico en la manera en que Argentina mueve la pelota en el mediocampo. Conectan pases cortos en un bloque compacto, cambian de ritmo cuando la posesión paciente abre un espacio entre líneas y aceleran justo cuando el rival empieza a dudar. La mayoría de los jugadores ya tiene experiencia en el exterior desde hace tiempo, pero cuando se juntan, parecen volver a un pasado futbolero de Argentina: ese de los años “vintage”, donde la circulación y la lectura colectiva eran el verdadero motor.

En el camino hacia la idea de repetir título en Mundiales, queda una pregunta sin respuesta: si la defensa será suficiente para contener a los mejores equipos. Aun así, el mediocampo transmite una mejora clara respecto de lo mostrado hace cuatro años en Qatar. El trabajo en la zona clave se siente más sólido, más coordinado y con una intención más definida.

Los recién llegados de entonces—como Enzo Fernández y Alexis Mac Allister—hoy ya están consolidados como figuras. Pero incluso con ese crecimiento, tienen muy presente la identidad del gran referente: el objetivo del mediocampo es entregar el balón a Messi en un punto del campo donde pueda estar lo bastante cerca del arco como para generar peligro. Y esa lógica, que viene funcionando, explica por qué el “Messi de la etapa final” está anotando con una frecuencia tan impactante.

Ese ritmo no durará para siempre, porque Mbappé tiene todavía tiempo y goles por delante. Aun así, es poco probable que Messi se obsesione con la continuidad de sus números. Los reconocimientos individuales parecen no preocuparle demasiado: su forma de interpretar el deporte y de disfrutarlo se apoya en el contexto colectivo. Ha sido así en Barcelona y, en los últimos años, también con Argentina: ser la luz principal de un equipo que funciona como un todo.

El segundo tanto del partido ante Austria llegó también desde la etapa final, ya en el tiempo añadido, y volvió a llevar la firma de Messi. El momento más determinante de la jugada no fue el remate final, pese a la insistencia y la determinación que mostró. La escena que cambió el guion fue su pase cruzado, de esos que rompen líneas: con esa asistencia, Julián Álvarez quedó solo, en posición inmejorable para definir.

Messi celebró con naturalidad su gol, pero la sensación es que habría disfrutado igual aunque Álvarez superara al portero en otra acción: para él, elegir el pase correcto—y hacerlo en el instante justo—parece tan gratificante como marcar. Esa es la lectura que deja el partido: la genialidad no solo se mide por el final, sino por cómo se construye hasta llegar a él.

El día en que Messi se retire será triste para todos, pero por ahora queda espacio para disfrutar cada minuto del Mundial del máximo goleador histórico. Mientras él siga escribiendo con el balón, el fútbol tendrá una razón más para mirar el reloj y pensar que todavía falta lo mejor.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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