Pochettino evita hablar de su futuro tras caer con Estados Unidos en el Mundial
SEATTLE—En los instantes posteriores al cierre del Mundial para la selección masculina de Estados Unidos, Mauricio Pochettino fue abordado sobre su futuro como entrenador. Él pidió que no era el momento para hablar de eso y, aun con la lógica curiosidad alrededor del banquillo, tenía razón: el terremoto deportivo de una eliminación con goleada frente a Bélgica (4-1) no se negocia con conversaciones sobre “lo que sigue”.
El final del torneo y el peso de lo ocurrido
Con el Mundial ya terminado, queda el presente y también el recuerdo inmediato de lo que se vivió en el campo. En Estados Unidos se abre ahora un debate que irá más allá de los resultados: por un lado, la federación sostiene que seguirá conversando sobre una posible extensión del vínculo del técnico; por otro, el torneo se fue y es difícil separar el desenlace del papel que Pochettino tuvo en ese derrumbe.
La pregunta inevitable para el aficionado estadounidense es cómo se narrará este capítulo. ¿Se recordarán los goles, los cánticos y las imágenes de Pochettino empujando a la grada para que empuje al equipo? ¿O quedará marcado el último tramo: errores, desajustes y hasta el gesto de patear un conjunto de botellas de agua mientras la selección, como el propio proceso, perdía el control?
Durante buena parte del verano, la sensación era de control absoluto. La grada lo acompañaba, el país se ilusionaba y los futbolistas salían dispuestos a correr sin concesiones. Sin embargo, ese ritmo se apagó el lunes y, además, antes de lo que cualquiera habría querido. Al caer en octavos de final, Pochettino igualó el techo alcanzado por Jurgen Klinsmann, Bob Bradley y Gregg Berhalter, lo que abre una lectura incómoda: aunque se repita que hubo cambios, también parece haber continuidades.
Evaluación: promesa de cambio y techo repetido
La valoración del trabajo no puede hacerse sin matices, pero también es inevitable mirar el resultado. El discurso previo hablaba de una transformación del fútbol estadounidense y de que, con esa evolución, llegarían los resultados. Hubo avances en varios momentos, pero no en el gran objetivo. Estados Unidos entró al torneo como el decimosexto mejor equipo del mundo y salió en octavos, exactamente como sus antecesores. Ni la “generación dorada”, ni un entrenador de alto perfil, ni la ventaja de jugar en casa alteraron el fondo: el nivel general, al menos en esta cita, se mantuvo.
El propio Pochettino —como sus jugadores— buscaba mejorar el fútbol de su país. El problema es que, por el desenlace, esta etapa quedará marcada tanto por el “qué hubiera pasado” como por el “por qué no”.
La ruta del verano: del “¿por qué no?” al golpe con Bélgica
Durante semanas, la idea que Pochettino insistía en instalar era simple: “¿Por qué no nosotros?”. Se convirtió en un lema para levantar al equipo. Si una nación no podía volcarse con un Mundial jugado en casa, ¿cuándo podría hacerlo? Si un grupo no era capaz de creer en esos instantes decisivos, entonces el futuro también quedaba en duda. A medida que avanzaba el verano, esos mensajes ganaban volumen; quizá el técnico estaba cerca de algo.
Primeros partidos: actuaciones que ilusionaron
- Tras algunas polémicas iniciales en la convocatoria, Estados Unidos arrancó el Mundial con presentaciones sólidas ante Senegal y Alemania.
- El triunfo inicial sobre Paraguay, con una exhibición que quedará entre las más divertidas de la historia reciente del combinado, fue un arranque que encendió aún más la ilusión.
- El ambiente fue eléctrico contra Australia y la derrota ante Turquía no terminó de apagar nada.
- Después, pese a quedarse con 10 jugadores, el equipo logró imponerse a Bosnia y Herzegovina, y todo apuntaba a que ese paso iba a ser el siguiente.
Estilo, ritmo y diversión en el campo
Además del resultado, hubo una forma de jugar que terminó de enganchar. Estados Unidos propuso un fútbol ofensivo agresivo, de alta velocidad, que ahogaba al rival y castigaba cada vez que el contrario intentaba respirar. Por primera vez en un Mundial, sus principales figuras se movieron con libertad sobre el césped. Había talento, había intensidad y, sobre todo, había un espectáculo que merecía seguimiento.
Durante años, la afición pedía ver una selección que realmente jugara un Mundial. En sus primeros cuatro encuentros, el equipo lo logró: por fin se vio ese fútbol que los seguidores querían.
El quiebre: el quinto partido y Bélgica
La historia cambió en el quinto compromiso: el duelo contra Bélgica. Ahí Estados Unidos no ofreció nada parecido a lo que había mostrado antes. Aunque una parte importante de la responsabilidad recae en los futbolistas —que no saldrán con la cabeza en alto—, tampoco puede ignorarse el papel del entrenador, que tuvo que mirar desde el costado cómo su equipo se desplomaba bajo el peso de las expectativas.
Pochettino buscaba que el equipo jugara con tranquilidad. “La relajación trae concentración”, citó a Jorge Valdano, ganador argentino de un Mundial. Su idea era que, si se mantenía calma y confianza, todo lo demás iba a encajar. Contra Bélgica, sin embargo, Estados Unidos no tuvo nada de eso: estuvo tenso, tímido y reactivo, más cerca de un conjunto que teme equivocarse que de uno convencido de que puede tomar el momento.
Lo que definió la etapa inicial —alegría y libertad— no se trasladó al estadio de Seattle. No llegó, y por eso la derrota se sintió tan dura. El equipo relajado pero letal que parecía construirse se esfumó cuando el nivel subió. Y entonces aparece la duda incómoda: ¿esa versión del combinado fue real o solo era una inercia alimentada por rivales de menor calibre, hasta que apareció un contendiente de verdad?
Las palabras de Pochettino tras el golpe
El técnico respondió sin rodeos. “Tal vez la explicación sea tan sencilla: no fue nuestro día, en la calidad y en lo individual. Por supuesto, el principal responsable soy yo. Y sí, tenemos que revisar y comprobar lo que hicimos, porque no fue el rendimiento ni la forma en que normalmente jugamos”, afirmó.
Después añadió: “Creo que no estábamos en nuestro nivel. Empezamos mal. Nunca encontramos el flujo del partido. Incluso después de marcar, en la siguiente acción encajamos un gol. Fue un día muy malo. No mostramos la calidad de los juegos anteriores. Tenemos que aceptar que no estuvimos bien. No necesitamos buscar excusas”.
Sin excusas… pero con un contexto que pesó
La idea de no buscar excusas se sostiene por sí sola. Después de que en redes circularan frases llamativas sobre “tocar la luna”, Estados Unidos no estuvo ni cerca de tocar lo que representaba Bélgica: el rival les pasó por encima en todos los aspectos del juego.
Con todo, hubo un matiz en el ambiente previo al choque. Tras pasar el verano como un equipo querido, con talento y espíritu de “underdog”, Estados Unidos apareció de pronto colocado en el papel de villano del torneo. Y en situaciones así, la percepción puede girar rápidamente: el equipo que antes jugaba con libertad comenzó a cargar con un peso distinto.
La transición de esa energía no se atribuye a Pochettino ni a los jugadores. Ellos también tuvieron que observar cómo la narrativa se les escapaba. El lunes, horas antes del partido más grande para la selección, el presidente Donald Trump estuvo en televisión hablando sobre una decisión de FIFA que anuló una tarjeta roja. Desde el momento en que se revocó la expulsión de Folarin Balogun, el clima cambió y no mejoró.
En la sesión del domingo, el plantel se entrenaba con alegría. Pero ya durante la tarde el ambiente empezó a enfriarse. A medida que se entendía mejor el protagonismo del presidente, el mundo exterior se aferró cada vez más al relato. Estados Unidos, que había conquistado a neutrales con swagger, sustancia y goles, terminó siendo rechazado. Durante la fase de grupos, el conjunto de Pochettino simbolizaba esperanza, fe y, en general, diversión. De cara al partido del lunes, para gran parte del planeta el equipo era sinónimo de corrupción.
Puede discutirse si esa lectura era justa o injusta, pero es realidad. Lo que sí resulta innegable es que el equipo no tomó bien la nueva etiqueta, y que podría haber sido uno de los tantos elementos que terminaron empujándolos al desastre sobre el césped.
“Si tienes disponible a Balogun porque el comité disciplinario de FIFA permitió esa situación, entonces no hay problema. Pero, a nivel personal, me siento decepcionado por demasiadas personas hablando de política y manipulación o de ética e integridad. No es una excusa decir que no rendimos por eso. No es verdad”, insistió Pochettino.
Legado, conversaciones futuras y el “qué sigue” incierto
Pochettino puede quedarse con ese enfoque, pero lo cierto es que, incluso si el rendimiento no estuvo condicionado por ese contexto, el legado del equipo queda marcado. Para el público externo, la historia es que este grupo vendió su alma a la política y perdió. Para el aficionado estadounidense casual, es un equipo al que le dieron una oportunidad y la desperdició.
En cualquier caso, al menos queda una sombra sobre el verano y, para bien o para mal, este Mundial se recordará por las 36 horas entre el anuncio vinculado a Balogun y el pitido final, más que por el mes completo de actuaciones previas.
Todo eso formará parte de la herencia de Pochettino, con justicia o sin ella. Tuvo a Estados Unidos jugando algunos de los mejores partidos del equipo en un Mundial. También estuvo presente en un momento en el que el programa desperdició la oportunidad más grande en la historia del fútbol estadounidense. No se puede hablar plenamente de uno sin tocar el otro, aunque es razonable pensar cuál de las dos imágenes se quedará más tiempo.
Lo que venga para la federación estadounidense es incierto, aunque la meta sea clara: esto tiene que mejorar. Con todo lo que se comenta sobre el próximo entrenador, el director deportivo o iniciativas a gran escala, la prioridad es una sola: el equipo no estuvo a la altura y tampoco dio el paso adelante que el programa necesitaba. Al final, Estados Unidos tomó una ruta indirecta de regreso a un punto conocido, pero con más expectativas acumuladas y una salida más dolorosa.
¿Es suficiente para que la federación vuelva a buscar a Pochettino? Tras el partido, la propia organización mostró al menos disposición para retomar conversaciones. En un comunicado del lunes, la federación aseguró: “Acordamos continuar esas conversaciones después de la oportunidad de descansar y reflexionar una vez terminado el Mundial. Tenemos un gran respeto y agradecimiento por Mauricio, su cuerpo técnico y por todas las personas que forman parte del programa. Hemos compartido entusiasmo por nuestro potencial y también claridad compartida sobre la cantidad de trabajo en todos los niveles que aún se necesita para alcanzar nuestra ambición”.
Pero la gran incógnita podría ser si el propio Pochettino quiere regresar. Según se informó, antes del torneo ya existía una oferta contractual sobre la mesa. Solo las dos partes involucradas conocen en qué punto está la situación ahora.
“Este recorrido fue increíble. Y todavía ni siquiera han pasado dos años en la federación. Un ciclo son cuatro. Hoy cerramos un capítulo para evaluar jugadores. Ahora tenemos una evaluación completa de muchos futbolistas. Si decidimos comprometernos a seguir aquí en el futuro, tenemos una idea clara”, dijo el entrenador.
Luego agregó: “Ahora toca descansar un poco, pensar y luego tener conversaciones, y veremos cuál es la decisión de la federación y de nosotros. Estoy muy contento. Hemos construido una buena relación, pero ahora no es el momento para hablar de eso”.
Los próximos días traerán tiempo para hablar. Así son las salidas de torneos: cuando termina la competición, llega la reflexión, la evaluación y con el tiempo, la definición del siguiente rumbo.
Ese camino, por ahora, sigue siendo un misterio. Lo que no está en duda es el sabor amargo con el que puede cerrarse la era Pochettino, acompañado de un sinfín de pensamientos sobre lo que pudo haber sido. Estados Unidos llegó a este Mundial preguntando “¿por qué no?”. Al final, se quedó con “¿qué hubiera pasado?”.