Pulisic rumbo al Mundial 2030: posibles fichajes y XI proyectada de EE. UU.
Tras cada Copa del Mundo empiezan las apuestas: quién crecerá, quién caerá y qué cambios inesperados terminarán reescribiendo el mapa. Pronosticar cómo llegará una selección a su próximo Mundial suele ser una tarea ingrata, porque el fútbol castiga el exceso de certezas y, aun con “buenas” predicciones, la historia suele encontrar la forma de dejar a todos mirando el calendario con cara de sorpresa. Con esa idea sobre la mesa, se plantea cómo podría verse el “once” de Estados Unidos cuando arranque el Mundial de 2030.
Key takeaways
- La portería es el puesto más difícil de proyectar a cuatro años vista por el desarrollo incierto de los arqueros jóvenes.
- Chris Richards aparece como candidato sólido en el eje defensivo y, además, con opciones de convertirse en capitán a futuro.
- El recambio en el mediocampo central dependerá de la continuidad de jugadores clave y del salto de jóvenes con proyección.
- Christian Pulisic sigue siendo el extremo de referencia para 2030, aunque podría tener competencia directa por su puesto.
- Folarin Balogun es el delantero que, por nivel, encaja como apuesta principal siempre que mantenga su rendimiento.
- Gozo apunta a ser una pieza con velocidad y mejora ofensiva constante en la banda derecha hacia 2030.
La incógnita de la portería y posibles relevos
De todos los lugares del campo, la portería es la zona donde menos sentido tiene “adivinar”. Hay muchos jugadores en formación —sobre todo jóvenes— y, con cuatro años por delante, resulta casi imposible anticipar en qué punto exacto estará cada arco en su curva de madurez.
En ese marco aparece la posibilidad de Kochen, con contrato en Barcelona pero previsto para salir cedido este verano. El perfil ilusiona por antecedentes, aunque también existen otras alternativas: Andrew Rick y Julian Eyestone, quienes estuvieron con la selección en el último tramo del verano como arqueros de entrenamiento. Incluso Chris Brady, parte del plantel, con solo 22 años, merece consideración. A la ecuación se suma Gaga Slonina, que compite en Chelsea.
También puede funcionar el ejemplo de “aparecer de la nada”. Matt Freese y Matt Turner, en su momento, lograron quedarse con una titularidad tras irrumpir en el periodo previo al Mundial. Algo parecido podría suceder de nuevo: o bien con alguno de los nombres mencionados, o con un jugador que hoy todavía no está en el radar.
Mientras tanto, Antonee Robinson ha sido el titular fijo durante tanto tiempo que cuesta imaginar un cambio, pero la preocupación existe. La realidad es que su rendimiento podría estar en descenso desde hace aproximadamente año y medio, por problemas físicos. Aunque sigue siendo de nivel alto y probablemente resista un tiempo, hay margen para pensar que no llegará a 2030 siendo el mismo jugador.
Defensa, mediocampo y los líderes de la nueva etapa
En el lateral, Miller podría ser el siguiente escalón. Con 18 años, ya transita su tercera temporada como profesional con la New England Revolution, y su techo parece amplio. Alrededor de él también aparecen jóvenes como Luca Bombino y Caleb Wiley, mientras que Max Arfsten —quien fue el suplente en el último verano— tendría margen para consolidarse como carrilero con el paso de los próximos años.
En el corazón de la zaga hay un espacio en disputa, pero la puerta parece abrirse con Chris Richards como dueño natural del puesto. Si alguien logra arrebatarle la plaza al jugador del Crystal Palace, tendría méritos enormes: Richards se ha ganado esa categoría tras dos años de alto nivel, tanto con la selección como en el club. Además, llega al próximo Mundial con 30 años, un momento que suele ser el punto más valioso para un defensor.
En este ciclo, Richards debería ser uno de los pilares y también se le ve como candidato a portar el brazalete en el futuro.
El problema se concentra en otra posición: la de Tim Ream. Tras el último Mundial, Estados Unidos logró estirar el ciclo del defensor durante cerca de tres años y medio más, pero para 2030 no quedaría margen suficiente para repetir ese “milagro” de calendario.
Entonces, ¿quién toma ese lugar? Puede surgir desde la propia lista de este verano, o puede aparecer Banks, que parecía encaminado a estar incluido antes de frenar su proceso para revisar su futuro internacional. Con la falta de minutos con Augsburg al final de la temporada, una convocatoria alemana sería menos probable que antes. Aunque no se puede leer demasiado en redes sociales, Banks fue visto en la sección de comentarios de figuras de la selección en Instagram durante la carrera del equipo en el Mundial.
Si Banks se compromete y evoluciona como se espera, podría cubrir el hueco. Si no, el puesto central seguirá siendo el gran signo de interrogación del ciclo hacia 2030.
En los costados, Alex Freeman es una historia que crece con cada concentración. Tras cada etapa de trabajo en el último año y medio, el asombro general fue entender lo realmente bueno que es. Esa sensación se mantuvo incluso después del Mundial: el lateral de Villarreal mostró aún más recursos en los partidos grandes de su carrera.
Freeman se destaca con el balón y, al mismo tiempo, gana cada vez más madurez cuando está sin él. Su desarrollo se volvió uno de los temas más relevantes en el relato reciente de la selección desde su debut en la Gold Cup. No solo se vio cómodo en el Mundial; incluso fue, en términos generales, uno de los mejores rendimientos del equipo.
Es un futbolista sobre el que conviene construir, especialmente porque su juego continúa evolucionando en LaLiga.
En el mediocampo, Adams es de los que no aparecen por casualidad, y por eso cuesta imaginar el equipo sin él dentro de cuatro años. Para 2030 tendría 31 años, y considerando que su rol depende mucho de leer el partido, existe margen para que incluso mejore en el próximo Mundial.
Eso sí, todo dependerá de su cuerpo. En los últimos años tuvo problemas físicos, y la selección espera que hayan sido producto de mala suerte y no de algo más profundo. Con Adams, el equipo mejora dentro y fuera de la cancha. Si llega a 2030, su liderazgo será decisivo para que las nuevas caras se adapten al estilo y a la exigencia del grupo.
Si no estuviera listo, el relevo vendría por el camino: Adri Mehmeti, un perfil distinto, pero que podría convertirse en el próximo gran “seis”. Para cuando sea 2030 tendrá 21 años; podría ser demasiado pronto para el torneo, aunque también podría ser el momento ideal para un jugador que muestra potencial claro. Además, se perdió ese Mundial por lesión, pero el mediocampista del Atlético de Madrid parece tener un futuro muy prometedor.
Cardoso todavía no termina de encajar del todo en la selección, pero todo apunta a que eso llegará con el tiempo, sobre todo por lo bien que se ha comportado en LaLiga. La esperanza es que mantenga su progresión bajo Diego Simeone. Si sucede, la selección tendría otro mediocampista de primer nivel.
¿Y Weston McKennie? Es complicado imaginar el once sin él, más aún después de lo bien que estuvo en el Mundial. Sin embargo, proyectar su situación en cuatro años es difícil. Aun así, Cardoso parece tener más sentido al lado de Adams si el mundo sigue moviéndose en esa dirección. McKennie, eso sí, suele rendir mejor cuando existe presión o duda, así que no sería raro verlo otra vez en esa misma zona en el próximo torneo. También conviene seguir a Tanner Tessmann y a Yunus Musah para ese lugar, aunque ambos se quedaron fuera este verano.
Tillman aparece como el gran protagonista emergente del último Mundial. Esta vez, su actuación fue determinante y el mundo alcanzó a conocer su repertorio. Antes se le veía casi exclusivamente como número 10, pero su rendimiento como número 8 fue excelente: su presión fue de primer nivel y su aporte para avanzar en el ataque quedó a la vista. A eso se suman las faltas directas, que hoy parecen un recurso real para la selección, algo que pocos valoraban con anterioridad.
Con 24 años, Tillman estará cerca del pico de su carrera en el siguiente ciclo, por lo que debería consolidarse como una de las caras del equipo. En particular, para los aficionados casuales que quedaron deslumbrados con sus tiros de balón parado durante el verano.
Extremos y el plan de ataque con Balogun
En la parte ofensiva, el “apilamiento” de críticas se volvió excesivo. Pulisic decepcionó en el último verano, pero sigue siendo difícil concebir una versión sana de uno de los futbolistas estadounidenses más completos de su generación fuera del plantel de 2030. Su nivel merece análisis, pero la idea de que su carrera internacional está prácticamente terminada no se sostiene.
Por eso, aunque exista la posibilidad de que alguien como Mathis Albert aparezca para desafiarlo, Pulisic al menos debe considerarse un jugador que tendrá que ganarse su lugar. Y como ocurre con Richards, si alguien logra superar el estándar, eso sería positivo para la selección: Pulisic marca un punto de referencia enorme sobre qué tiene que ser un extremo para este grupo. Cualquier mejora que lo rebase tendría que ser, prácticamente, de talla mundial.
En el puesto de delantero, la proyección no parece tan complicada: Balogun es suficientemente bueno como para sostener esa idea. Claro que dependerá del momento de forma, y también de cómo evolucione tras el Mundial tanto con su club como con su selección.
Lo que quedó claro en el verano es que Balogun funciona como un verdadero elemento diferencial a nivel internacional. Es, con la excepción de Bélgica, el tipo de futbolista que puede decidir un partido casi por sí solo. Quizá otros de la camada también terminen demostrando algo similar, pero por ahora es valioso que Estados Unidos cuente con un referente confiable para varios años.
Gozo y el recambio en las bandas
El delantero del Real Salt Lake estuvo cerca de lograrlo para el 2026, así que no sorprende que el paso definitivo lo pueda dar en 2030.
En el costado derecho, Gozo aporta velocidad y verticalidad. Además, se nota una mejora notable en la zona final del campo, y si ese avance continúa —aunque no siempre será lineal— puede transformarse en un jugador muy, muy peligroso. Todavía queda por ver cómo enfrentará el siguiente salto inevitable fuera de la liga estadounidense, pero ese paso llegará pronto para el extremo de 19 años.
La proyección se fortalece porque el otro puesto de extremo también sigue siendo una necesidad. Gozo compite con varios candidatos para cubrir esa carencia, pero su nivel lo hace ver casi listo, lo que le da un buen margen de preparación para llegar en condiciones al Mundial de 2030.