Queiroz deja dudas atrás: Ghana se salva ante Panamá y marca el camino
La gran duda que muchos aficionados de Ghana tenían tras el nombramiento de Carlos Queiroz como seleccionador de las Black Stars era si su estilo, percibido como demasiado prudente y cercano a lo defensivo, terminaría pesando en el rendimiento del equipo. En su primera comparecencia ante los medios, el técnico respondió con una idea clara: “Hay que sacrificarse, sudar sobre el césped para recuperar la pelota lo antes posible y así crear más opciones de construcción. Con 43 años en el fútbol, si me preguntas cómo ganar, puedo decirte algunas cosas; lo defensivo o lo ofensivo lo dejo para que lo analices tú”.
La noche del miércoles, en Toronto, esas palabras se convirtieron en una realidad parcial: Ghana consiguió un triunfo en el tiempo añadido tras un partido irregular, con desconexión en el juego, pases mal ejecutados y entradas tardías. Sin embargo, más allá del resultado, quedó instalada la pregunta sobre el tipo de fútbol que la afición deberá tolerar, especialmente con dos compromisos exigentes ante Croacia y Inglaterra en el horizonte.
Un arranque desordenado ante el rival que debía ser más accesible
Contra el que se suponía el rival más débil del grupo, y en un encuentro en el que se esperaba que las Black Stars encarrilaran pronto su primer objetivo del ciclo sumando los tres puntos, el conjunto africano mostró una versión claramente menos segura de lo previsto. El equipo lució como un aspirante que se tambalea, falto de confianza, y durante largos tramos —sobre todo en el primer tiempo— parecía formado por jugadores que se habían conocido esa misma mañana para jugar al fútbol callejero.
El capitán, Jordan Ayew, igualando el registro de su hermano André con 120 partidos internacionales con Ghana, no logró sostener el balón como se esperaba y además su falta de velocidad fue castigada por la presión intensa y alta de Panamá. Antoine Semenyo, por su parte, quedó demasiado aislado en el extremo, y en un reflejo elocuente de lo complicado del escenario, el jugador del Manchester City no tocó el balón durante 22 minutos seguidos en la primera mitad, hasta que, apenas con un minuto para el descanso, recibió y realizó un pase vertical.
Como si la situación no fuera suficientemente mala, el goleador Caleb Yirenkyi vio una tarjeta amarilla a los 16 minutos y quedó obligado a transitar el resto del partido con el riesgo constante de una segunda amonestación. Los extremos Kamaldeen Sulemana y Ernest Nuamah tampoco lograron mantener la posesión con solvencia y perdieron la pelota con demasiada facilidad, lo que terminó por reflejarse en los cambios: ambos fueron sustituidos temprano en el segundo tiempo.
En un dato que resultó especialmente llamativo para el equipo, Ghana completó la totalidad del primer acto sin disparar una sola vez a portería. Jordan Ayew reconoció el mal inicio tras el encuentro: “Ellos comenzaron el partido muy bien y nos presionaron. Nosotros no arrancamos bien. Lo más importante es que no encajamos. Mantuvimos la calma y cuando llegaron nuestras oportunidades, las aprovechamos”.
El cambio de rumbo de Queiroz y la reacción tras el descanso
La mejor lectura para Ghana es que el cuerpo técnico detectó que el once inicial y el plan no estaban funcionando y decidió corregir. En el descanso de hidratación del primer tiempo, Queiroz ajustó la estructura táctica: pasó a un 4-4-2 con la intención de dar más respaldo a las bandas, justo donde Panamá tenía a Michael Murillo moviéndose con libertad, y aumentó el número de efectivos en el mediocampo para seguir de cerca a Cristian Martínez.
Luego, en la segunda mitad, llegaron las piezas clave: Abdul Fatawu Issahaku y Brandon Thomas-Asante entraron al campo. Ese doble movimiento terminó siendo determinante, porque renovó la energía del equipo con ritmo, velocidad y urgencia. Además, el plan ofensivo cambió de canal: las acciones de ataque comenzaron a pasar más por Semenyo, y el impacto llegó de inmediato.
De no haber tiros en los primeros 45 minutos, Ghana acumuló cuatro en apenas diez minutos tras el reinicio y estuvo a nada de abrir el marcador. En una jugada de balón parado, el defensor Jerome Opoku Adjetey se elevó con autoridad desde un córner, pero su remate de cabeza salió apenas desviado, cerca del poste.
El gol, sin embargo, también tuvo sello de los cambios. Thomas-Asante, que ya había estado cerca de romper la igualdad, fue frenado antes de que llegara el momento decisivo. A continuación, participó en una contraataque relámpago: se escapó por el costado izquierdo, superó una marca y, tras levantar la cabeza, puso el balón en el área para que Yirenkyi solo tuviera que definir y sellar el triunfo.
Ayew volvió a insistir en la paciencia como argumento: “Obviamente necesitábamos mantenernos tranquilos. El fútbol es así: a veces tienes una experiencia difícil, pero debes seguir dentro del partido y eso es lo que hicimos. Al final ganamos, y eso es lo más importante”.
La diferencia entre el primer y el segundo tiempo obligará a Queiroz a reflexionar en los próximos días, tanto en lo relacionado con la plantilla como con los planteamientos tácticos.
La lectura de cara a Croacia y el futuro inmediato del equipo
Aunque es pronto para sacar conclusiones definitivas, es difícil ignorar que la titularidad de Jordan Ayew quedó en terreno delicado tras el desempeño mostrado. Para sostener su lugar en el equipo, deberá dar un salto notable de nivel cuando Ghana enfrente a Croacia.
Thomas Partey quizá no esté en su mejor versión, pero por lo que se vio en el mediocampo se entiende que su presencia será necesaria para estabilizar el juego ante Croacia. Yirenkyi, pese a su juventud y relativa falta de experiencia, respondió con solidez y estuvo a la altura. Su compañero Elisha Owusu, en cambio, no ofreció el mismo nivel.
Yirenkyi también se ha convertido en uno de los jóvenes más observados en Europa, y su actuación del miércoles funciona como una prueba más de por qué varios clubes importantes siguen su evolución. En lo táctico, Queiroz deberá encontrar la forma de aumentar la participación de Semenyo como vía para canalizar las llegadas ofensivas del equipo.
Más allá del análisis fino, el triunfo tiene un significado grande para las Black Stars: un empate no solo habría dejado al grupo golpeado anímicamente, sino que además los colocaría en una situación complicada, obligándolos a ganar al menos uno de sus dos próximos partidos frente a Croacia e Inglaterra.
Con el triunfo en el bolsillo, Ghana regresa a Rhode Island con una inyección de confianza que funciona como impulso inmediato. En el próximo compromiso, la esperanza es que la seguridad de Partey aporte experiencia y estabilidad en el mediocampo. Y si el equipo logra sostener el control colectivo al menos para empatar, el camino hacia la fase final se acerca: la ronda de 32 queda al alcance.