Rangers cae en Jablonec: eliminación europea en penaltis 4-3 ante Chequia
Rangers quedó eliminado de Europa tras encajar en República Checa la misma derrota que había sufrido en la ida, perdiendo 1-0 y quedando fuera en una tanda de penaltis marcada por la tensión: el desenlace terminó 4-3 desde los once metros. El golpe fue especialmente duro para el conjunto de Glasgow, que no alcanzaba la fase de grupos de una competición europea más allá de agosto por primera vez desde 2017, un dato que agrava el fracaso de una campaña continental que ya venía tocada.
La salida dejó un sabor amargo inmediato en Ibrox. El entrenador, Steven McInnes, no se guardó la frustración y reconoció que su equipo estuvo muy por debajo de los estándares que se exigen en el estadio. En sus declaraciones tras el partido, el técnico admitió sentir vergüenza por una eliminatoria que, a su juicio, debió resolverse con más claridad: “Deberíamos estar ganando esta eliminatoria. Me avergüenza el hecho de que tendríamos que estar rindiendo mucho mejor”, dijo, añadiendo que su intención es que los jugadores sean muy superiores a lo mostrado en la noche del adiós.
McInnes también abordó la responsabilidad colectiva y la presión mental que, según él, pesó cuando el momento exigía firmeza. Subrayó que incluso los mejores pueden fallar penales, pero remarcó que Rangers tuvo tiempo suficiente para encaminar la eliminatoria: “La responsabilidad es compartida, pero yo soy responsable de traer un rendimiento mejor que el que mostramos. Y por eso me avergüenza”, afirmó. El técnico cerró con una idea clara: su decepción no era solo deportiva, sino por el hecho de haberse quedado “vacíos” de Europa, y señaló la necesidad de trabajar para mejorar actuaciones y ganar partidos, aunque sostuvo que esa noche estuvieron lejos de hacerlo.
El adiós de Rangers llegó además con poco margen. Apenas 48 horas antes, su rival de siempre, Celtic, también sufrió la eliminación en la previa de la Champions League: dejó escapar una ventaja global de 4-0 frente a LASK y terminó cayendo en el proceso. Así, el calendario europeo se convirtió en un escenario de golpes consecutivos para el fútbol escocés, con Glasgow como epicentro del mal trago.
Ahora, el desafío para Rangers es inmediato: reagruparse y enfocar toda la energía en el campeonato local para calmar a una afición molesta. Con la fecha del descanso internacional acercándose, McInnes tendrá poco tiempo para recalibrar la mentalidad del plantel y evitar que el tropiezo europeo termine pasando factura en la Scottish Premiership, donde la lucha por el título exige ritmo y consistencia. Para intentar recuperar la confianza en Ibrox, una victoria contundente en su próximo compromiso de liga se presenta como un requisito ineludible.