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Ronaldo apunta a su último Mundial: Portugal sueña con la gloria en 2026

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
17 junio 2026 7 min de lectura

Cristiano Ronaldo disputará su sexto y último Mundial con Portugal en 2026. Con 41 años, el capitán sigue siendo un ejemplo llamativo de longevidad futbolística, una de las claves de su obsesión por llegar a la cifra de 1.000 goles. Sin embargo, dentro de una carrera cargada de triunfos, récords y momentos felices, este torneo es el capítulo que más se le resiste.

La frustración de CR7 con el Mundial ha sido tal que, con el paso de los años, ha ido ajustando sus propias expectativas. Su impacto con la selección portuguesa es innegable: los llevó a ganar sus primeros títulos en el Eurocopa de 2016 y, después, en las Ligas de Naciones de 2019 y 2025. Aun así, la cita más importante a nivel internacional se le ha hecho cuesta arriba, al punto de que el pasado noviembre reculó en su postura habitual al afirmar que “no es un sueño” para él conquistar el trofeo.

Eso no ha frenado su intento. Aunque ya no está al nivel de los mejores futbolistas del planeta como en sus años más dominantes, sigue rodeado por una generación que, según el relato del entorno, puede ser la más potente de Portugal en décadas. Por eso, su objetivo en Norteamérica será enderezar el rumbo en una ruta marcada por decepciones, más que por grandes noches.

Quick facts

  • Cristiano Ronaldo jugará su sexto y último Mundial en 2026 con Portugal.
  • Con 41 años, busca cerrar su meta de llegar a 1.000 goles.
  • Portugal ganó por primera vez el Euro 2016 y también las Ligas de Naciones de 2019 y 2025 con Ronaldo.
  • En el Mundial, el mayor dolor de CR7 es que el título nunca llegó: incluso en 2025 señaló que no lo ve como un “sueño”.
  • El recorrido Mundialista incluye participaciones en Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022.

Alemania 2006: apoyado en una generación de gigantes

Cuando llegó su debut mundialista, Cristiano atravesaba un crecimiento acelerado con Portugal. Apenas tres años después de iniciar su etapa internacional, ya se ganó un lugar en una selección que, en aquel momento, se describía como una “generación dorada”, con figuras como Rui Costa, Luis Figo, Deco y Ricardo Carvalho.

Además, ya había vivido su primera gran frustración: dos años antes había alcanzado la final de la Eurocopa en su país, pero cayó ante la sorpresa que representó Grecia. A nivel de clubes, Ronaldo ya era titular fijo en el Manchester United, y bajo el mando de Sir Alex Ferguson se lo veía como un extremo de enorme calidad, aunque todavía con aspectos por pulir en su juego.

Por eso, su incorporación al Mundial se percibía casi como un trámite. Jugó en dos de los partidos de la fase de grupos del Grupo D para un equipo dirigido por Luiz Felipe Scolari que, pese a contar con una plantilla cargada de talento, no terminaba de convencer. Aun así, abrió su cuenta en el torneo: marcó su primer gol desde el punto penal en el 2-0 a Irán, y lo celebró con una euforia desbordante.

Portugal avanzó hasta un meritorio cuarto puesto y Cristiano fue de los mejores a lo largo de los siete encuentros. No obstante, el instante más recordado no tuvo que ver con una diana ni con una jugada de sus pies, sino con su reclamo en voz alta para que el compañero de equipo Wayne Rooney fuera expulsado por una acción sobre Carvalho. Una vez que el árbitro atendió su petición, las cámaras lo captaron guiñando el ojo, provocando un pequeño terremoto en la prensa inglesa.

El equipo luso llegó a semifinales tras ganar la tanda de penales, pero la promesa de obtener mejores resultados no se ha repetido hasta ahora.

Sudáfrica 2010: el primer gran golpe

Cuatro años después, lo que antes se miraba como promesa terminó confirmándose como un límite para Portugal. Ronaldo ya era “CR7”, coronado con el Manchester United, ganador del Balón de Oro y además el fichaje más caro de la historia tras cerrar su llegada al Real Madrid.

La rivalidad con Lionel Messi ya estaba instalada, y el paso lógico era causar un impacto aún mayor en el Mundial. Sin embargo, la suerte no acompañó: el torneo en Sudáfrica coincidió con un cambio generacional en la selección portuguesa. Ronaldo sí pudo marcar durante la competencia, mientras que su rival argentino se quedaba sin esa ventaja, pero el golpe de realidad estuvo en el tramo final: el tanto definitivo en el 7-0 sobre Corea del Norte fue, en la práctica, su gran ancla goleadora.

Ese resultado terminó siendo el único triunfo del equipo en el Mundial. Portugal no pudo superar a Brasil ni a Costa de Marfil y se despidió en octavos tras perder con España, que acabaría siendo campeona. La espera del momento decisivo siguió extendiéndose.

Brasil 2014: el punto más bajo

Entre un Mundial y otro, Cristiano creció todavía más como futbolista. Sus números —y los de Messi— en la faceta anotadora se apretaron al máximo en el tramo final, y Ronaldo dejó huella en la historia del Real Madrid como uno de los protagonistas de La Décima, el codiciado décimo título de la Champions League europea.

Además, en clave selección, se encargó de llevar a Portugal a la cita con una actuación icónica en los playoffs ante Suecia de Zlatan Ibrahimovic, donde firmó un triplete. El impulso parecía ser suyo.

Pero en Brasil, las expectativas chocaron de frente con una realidad dura. El conjunto dirigido por Paulo Bento fue vapuleado en el debut por Alemania: un 4-0 que complicó la clasificación desde el primer día. Luego, un tanto tardío de Silvestre Varela permitió un 2-2 agónico contra Estados Unidos y evitó una salida prematura, aunque el equipo ya no dependía solo de sí mismo para avanzar.

Ronaldo mantuvo su costumbre de abrir la campaña con gol: marcó el definitivo en el 2-1 sobre Ghana. Aun así, eso no alcanzó para levantar el rendimiento colectivo, y Portugal quedó eliminada en fase de grupos por primera vez en doce años. El golpe se sintió más todavía porque ocurría en el inicio de su carrera internacional.

Rusia 2018: altibajos y un techo que volvió a aparecer

Ya como un nueve consolidado, Cristiano regresó a la competición tras aquel tropiezo de la mejor manera posible. En 2016 rompió una sequía histórica que le permitió darle a su selección su primer título internacional: la Eurocopa. Ese logro selló su lugar en la historia de Portugal.

Mientras tanto, en el Real Madrid vivía un periodo excepcional, el más ganador del club en 60 años: conquistó la Champions League tres veces consecutivas. Ese arranque le daba la sensación de que, incluso con 33 años, llegaba a Rusia en el mejor momento de su carrera.

Y después de tantas decepciones acumuladas, Ronaldo arrancó su Mundial con el que, hasta ese momento, era su punto más alto. En el debut, ante España y con presión máxima, firmó un triplete espectacular, coronado con un lanzamiento de falta exquisito en el empate 3-3. También fue clave en el primer triunfo del país sobre Marruecos, pero estuvo a punto de repetirse el drama: en el último partido del Grupo B frente a Irán, evitó una expulsión por un golpe con el codo que solo terminó castigado con tarjeta amarilla.

Sin embargo, la suerte de Fernando Santos y sus jugadores se acabó rápido. Uruguay llegó con fuerza en octavos y, con solvencia, los superó 2-1. Así se apagó de inmediato el sueño de construir sobre el éxito que venía de dos años antes.

Qatar 2022: el debate incómodo

Para su quinto Mundial, el panorama deportivo de CR7 era menos claro. Su etapa en la Juventus y su regreso al Manchester United habían sido favorables en lo individual, pero no tanto en lo colectivo, al punto de que pocos días antes del debut de Portugal en Qatar confirmó su salida del club inglés en medio de una controversia. Y con 37 años, todo apuntaba a que podría ser su última oportunidad de alzar el título que más desea con su selección.

El primer partido le dejó un nuevo registro en su enorme colección: la pena máxima que abrió el marcador en el 3-2 sobre Ghana lo convirtió en el primer jugador en anotar en cinco ediciones distintas del torneo. No obstante, su nivel cayó con fuerza en los otros dos choques de la fase de grupos: triunfo 2-0 sobre Uruguay y derrota 2-1 ante Corea del Sur. Además, sus diferencias con Santos terminaron derivando en una decisión impactante: lo dejó en el banquillo para octavos contra Suiza.

Con ese cambio, Portugal firmó su mejor actuación en el Mundial, ganando 6-1. Gonçalo Ramos, reemplazo de Cristiano, brilló con un triplete. A partir de ahí comenzaron las dudas: la presencia del máximo goleador histórico del país —ya sin la velocidad y el regate de su juventud—, ¿sumaba o restaba al equipo?

Pero el debate no tardó en quedarse atrás, porque el siguiente partido volvió a mostrar la versión más débil del equipo. La eliminación llegó con un 1-0 ante Marruecos y Portugal se convirtió en el primer país de la historia en caer ante un rival africano en cuartos. Ni Ramos ni CR7, quien se retiró al vestuario con lágrimas, lograron imponer su fútbol en un plantel falto de ideas. Como si fuera poco, en Qatar su rival histórico Messi se llevó su momento de gloria con Argentina.

Con el paso de los años, la discusión sobre el rol de Ronaldo en Portugal no hizo más que crecer. Un fracaso adicional en la Eurocopa 2024 aumentó la presión sobre el nuevo entrenador Roberto Martínez para dar minutos a otros talentos del país. Aun así, el técnico —y los compañeros de CR7— defienden con insistencia la contribución del capitán.

Lo que queda claro es que el delantero no quiere que sus lágrimas en Al Thumama sean la última imagen que quede asociada a su paso por el torneo. Aunque hacia afuera insiste en que no siente la misma hambre que antes, su sola presencia con 41 años demuestra su ambición de llevar a Portugal hasta la cima y medirse una última vez.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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