Socceroos abren el camino al Mundial 2026 ante Türkiye en Vancouver
ALAMEDA, California. La cuenta regresiva para los Socceroos ya está en su recta final: su aventura en el Mundial de 2026 comienza este sábado con el pitido inicial a las 14:00 horas del domingo en AEST, cuando enfrenten a Türkiye en el BC Place de Vancouver, Canadá. Se acabaron los ensayos generales y las pruebas de laboratorio. También quedan atrás las rotaciones por carga de trabajo y la exposición gradual de futbolistas al escenario internacional. Tony Popovic y su plantel saltan con la mentalidad de competir desde el primer minuto, porque en el torneo más grande no hay margen para especular.
Popovic, que está encaminado a convertirse en el primer australiano en dirigir y jugar un Mundial, llega con un año de preparación prácticamente sin interrupciones. La clave fue la clasificación directa que consiguió hace doce meses al llevar a Australia a su boleto sin pasar por el repechaje, un privilegio que no ocurría desde que Holger Osieck condujo el proceso rumbo a 2014. A diferencia de aquel entrenador, el técnico australiano no fue cesado durante la previa del torneo, lo que le permitió trabajar con continuidad en su planificación y dedicar tiempo a construir un recambio alrededor de una nueva camada de talento.
Parte de ese trabajo todavía tardará en reflejarse plenamente, pero otras señales podrían verse ya en la provincia de Columbia Británica. En los últimos doce meses, Mohamed Toure, Nestory Irankunda, Lucas Herrington, Jacob Italiano y Paul Okon Jr han logrado consolidarse como piezas habituales del equipo, y no resulta descabellado que varios de ellos estén en el once titular ante Türkiye. Ese empuje juvenil se complementa con referentes de experiencia como Mathew Ryan, Mathew Leckie, Jackson Irvine y Aziz Behich, quien pasó gran parte de su carrera profesional en el fútbol de Türkiye y además tiene ascendencia turcochipriota, por lo que su influencia puede sentirse tanto dentro como fuera del campo. El costo lógico de ese rejuvenecimiento ha sido el esfuerzo por generar química sostenida con una alineación relativamente constante; sin embargo, es un sacrificio que se medirá con los resultados en las próximas semanas y, con más justicia, se evaluará con el paso de los años.
Con partidos de preparación frente a México y Suiza disputados en las dos semanas previas, Australia probablemente intente sostener un plan con flexibilidad: una estrategia que, cuando se requiera, no renuncie a presionar arriba, pero que también demuestre capacidad para aguantar el asedio y no perder la organización bajo presión. En ataque, el equipo suele generar sus mejores aproximaciones cuando mueve la pelota hacia adelante con intención directa, permitiendo que su talento ofensivo castigue a los rivales en el momento oportuno. Si el juego no ofrece demasiados espacios, las jugadas a balón parado aparecen como un recurso que no se puede dejar en el olvido.
Para que ese plan rinda, el conjunto deberá recuperar la puntería que caracterizó la etapa posterior al nombramiento de Popovic durante la fase de clasificación, apostando por decisiones de alta calidad en el área rival más que por volumen de llegadas. En ese contexto, la principal alerta es la condición física de Touré: su capacidad para aparecer desde atrás o meterse entre líneas y ganar la espalda se transformó en una de las vías más importantes para que Australia arme peligro y construya momentos. Aliviando el panorama, hay menos dudas sobre la disponibilidad de Jordan Bos, ya que su perfil como generador de goles y su aporte como salida por el costado izquierdo lo convierten no solo en una posible figura emergente del Mundial, sino también en un actor relevante para el torneo completo.
Además, hay otro desafío inmediato: evitar retroceder demasiado en el campo, algo que Australia ya había sufrido antes de los descansos de hidratación en la etapa previa al “cuarto de hora” clave del partido contra El Tri y Nati. Una zaga disciplinada, sostenida por Harry Souttar y Alessandro Circati, tiene condiciones para resistir oleadas de presión y, sobre todo, limitar la aparición de ocasiones claras frente a su arco ante prácticamente cualquier rival. En los últimos quince días también quedó una evidencia positiva: el equipo supo mantenerse vivo en el trámite, ajustar cuando hizo falta y volver a ordenarse. Aun así, Popovic ha dejado en claro que quiere un Australia valiente, que no se conforme con quedar encerrado desde el inicio. Para acompañar esa idea, el mediocampo tendrá un rol decisivo: el entrenador podría optar por una dupla más conservadora con Aiden O’Neill como opción de retención, o apostar por mayor progresión con Okon Jr, que encaja con la intención de construir juego, y sumarlo al dinamismo de Irvine en el centro.
Sea cual sea la elección, el plantel necesitará coraje y nivel para hacerle frente a un rival que llega decidido a reafirmarse en el escenario mundial. Türkiye no juega para probar: quiere imponer su identidad desde el primer encuentro. Y esa exigencia, en el Mundial, es para todos los futbolistas del once.
En lo previo, el partido le da a los Socceroos el papel de equipos menos favoritos, incluso considerando que el historial de Türkiye en torneos grandes suele colocarlos en otra vitrina. Sin embargo, hay un dato que cambia el contexto: es el primer Mundial al que el conjunto Ay-Yıldızlılar llega en veinticuatro años, después de terminar tercero en la edición de 2022. En 2026, además, es la primera vez que Australia y Türkiye se clasifican al mismo Mundial. Aun así, aunque en el ranking de la FIFA aparezcan por debajo de Estados Unidos, el conjunto europeo fue señalado como el más fuerte del Grupo D y llega a Estados Unidos con dos talentos generacionales en ascenso: Arda Güler, de Real Madrid, y Kenan Yıldız, de Juventus. Ambos tienen 21 años y están dando sus primeros pasos para explotar todo su potencial. Y mientras Yıldız podría llegar con limitaciones por su disponibilidad en entrenamientos, el panorama se empaña con un aire similar al que rodea a Touré, con la diferencia de que se habla de una valoración superior a los 100 millones de euros para este último.
Türkiye arriba al torneo bajo el mando de Vincenzo Montella, entrenador italiano que ha comparado la pasión futbolera del país con la que él vivió durante su juventud cerca de Nápoles. Con Montella al timón, Türkiye perdió solo un partido en la fase clasificatoria de este año; aunque, para contextualizar, ese tropiezo fue un 6-0 en contra de España en Konya. También alcanzaron los cuartos de final de la última Eurocopa, lo que refuerza la idea de que el equipo llega con ritmo competitivo y objetivos claros.
Para Australia, el rol de “underdog” puede sonar extraño si se lo contrasta con su etiqueta de equipo sorpresa en la mayoría de los torneos donde participa. Pero quizá sea un papel que incluso conviene: sirve para encontrar motivación y para presionar a un rival que, en teoría, debería imponer condiciones. Además, el formato de 48 selecciones introduce un escenario más abierto: ocho de las mejores terceras avanzan a la fase eliminatoria, por lo que una derrota no necesariamente sería un golpe definitivo si no es por una diferencia abultada. Aun así, hay una posibilidad real de sacar algo del partido. El asistente Hayden Foxe lo resumió con una idea directa: un equipo campeón siempre puede superar a un grupo de individualidades campeonas, pero para lograrlo necesita un esfuerzo de “cuatro cuartos”, sostenido y completo durante todo el encuentro.