Socceroos resisten y sorprenden a Turquía: nueva estrella Irankunda brilla
VANCOUVER — Australia ya lo sabía y ahora el mundo entero también: a los Socceroos no se les puede dar por perdidos. Se doblan, sí, pero no se quiebran. En el fútbol, y más en un Mundial, hay que ganarse cada oportunidad frente al arco, incluso cuando el partido parece controlado. En BC Place, con el estadio vibrando como si fuera una noche de verano australiana, Men at Work sonó a todo volumen y Nestory Irankunda, una vez más, parece destinado a “tocar el cielo”.
Un 2-0 que “engaña”: planificación, disciplina y carácter
Si uno mira la planilla del triunfo de Australia 2-0 sobre Türkiye el sábado por la noche, la lectura sería simple: resultado corto y partido resuelto. Pero esa explicación se queda corta, porque el plan estuvo fino y la ejecución, más. El seleccionador Tony Popovic armó una estrategia de desgaste constante y sus jugadores respondieron con un compromiso difícil de discutir, defendiendo con intensidad y atacando con intención.
Durante la noche, cada disparo turco —fueron 30— se sintió disputado desde el primer paso. Cada entrada al área encontraba una camiseta verde y dorada encima, y ninguna pelota pareció “demasiado” perdida como para no ir por ella. Es cierto que Türkiye tuvo el control del balón, que en el once apareció Arda Güler y también Hakan Çalhanoglu, y que Kenan Yıldız se incorporó al descanso. Sin embargo, nunca se percibió una superioridad real en el intercambio. Dominio, como concepto, requiere momentos de mando; y en ningún tramo pareció que los australianos estuvieran esperando un golpe letal. No fue un partido de reacciones: fue un trabajo de bloqueo y resistencia.
Defensa bajo presión y apuesta clave: Patrick Beach se adueña del arco
Cuando la entrega colectiva no alcanzaba y alguna jugada turca lograba colarse, apareció Patrick Beach. El portero del Melbourne City fue una de las dos decisiones grandes en el once titular que Popovic tomó, dejando en el banco tanto al capitán Mathew Ryan —con 104 partidos— como al rol habitual de la experiencia.
La apuesta, en apenas su tercera aparición con la selección australiana y su primer partido competitivo, se transformó en un recital de reflejos. Beach sostuvo el cero con una serie de intervenciones decisivas: negó un remate venenoso de Güler con una salida a tiempo, se estiró para despejar con los dedos un disparo de Abdülkerim Bardakçi desde larga distancia, llegó a tiempo para frenar a Zeki Çelik cuando encaraba cerca del palo en el minuto 72 y, seis minutos después, también evitó el gol en el remate de Kerem Aktürkoglu.
De los 90 minutos, quedó la sensación de que Beach “aceleró” un proceso que normalmente toma años. Primero apagó los nervios iniciales y, a partir de cada atajada, ganó tamaño. Ese crecimiento no fue solo físico: también fue mental, asumiendo un rol de titular que por años estuvo asociado a Ryan. ¿Puede derrumbarse la historia la próxima semana? Quizá, si Folarin Balogun tiene protagonismo. Pero por ahora, nadie le puede quitar este partido.
Lo que dijo Popovic tras el triunfo
Popovic celebró el trabajo defensivo del grupo, destacando especialmente a quienes ingresaron desde el banco. “Fue una actuación defensiva sobresaliente de todo el plantel, especialmente de los que entraron. Mostraron resiliencia, urgencia dentro del área, pusieron el cuerpo y eso es lo que se necesita para ganar en un Mundial. Da igual con quién juegues: el torneo lo vuelve todo difícil. Mantenemos el enfoque, la disciplina y la concentración, y Patrick tuvo que hacer paradas. Fue maravilloso: un portero joven”, señaló.
Momentos decisivos: el descanso como arma, el gol de Irankunda y el golpe psicológico
La historia del partido tuvo varios capítulos además del arco. Popovic, por ejemplo, mostró entereza al tomar otra decisión de peso: dejó fuera a su capitán Ryan y también al subcapitán Jackson Irvine, reemplazándolos por Beach y por Paul Okon Jr. Este último ingresó con una suma total de cero partidos competitivos internacionales previos y, aun así, validó por completo la confianza del entrenador. En la primera parte, Okon Jr fue de los más destacados en el centro, sosteniendo el ritmo y el trabajo sin balón.
- La pausa de hidratación —equivalente a un cuarto de partido— se convirtió en un recurso clave para Australia.
- Nestory Irankunda anotó apenas cinco minutos después de que se marcara esa detención.
- Connor Metcalfe, uno de los perfiles menos mencionados, selló el resultado con un gol que le dio un momento propio.
- Çalhanoglu terminó contradiciéndose: el día anterior había dicho que su equipo “dominaría” a Australia por calidad.
Pero el gol que cambió el aire llegó con Irankunda. Al 27’, el extremo apareció tras recibir un balón colocado de manera brillante por Okon Jr. Instantes después de que Beach rechazara el remate de Güler, Irankunda aceleró, superó a Merih Demiral, mantuvo el equilibrio para dejar atrás a Ismail Yüksek y definió al rincón inferior antes de que se completara la media hora.
Fue un tanto importante en lo táctico: inclinó el marcador hacia la ventaja australiana. También fue impecable en la ejecución: Australia avanzó la pelota con rapidez y, en la finalización, Irankunda mostró calma por encima de su edad.
Y, sobre todo, tuvo un valor simbólico. Durante años, los Socceroos han vivido a la sombra de Tim Cahill. Buscaron no solo al hombre que aporte goles, sino también la personalidad capaz de empujar al equipo hacia el foco del gran escenario. Hubo figuras y servidores, pero no ese jugador que, como Cahill o como Sam Kerr, genere reconocimiento inmediato y obligue a que el nombre ocupe portadas.
Tal vez ahora, esa figura aparezca. Tras su definición, Irankunda se desplazó hacia la línea de banda junto al banderín, se arrodilló y, ya de pie, realizó un gesto de “boxeo” contra el poste. En BC Place no solo explotó la emoción: también se sintió el traspaso del testigo. En el Mundial, ocho años después del retiro de Cahill, Irankunda marcó el gol que lo coronó como el nuevo príncipe del fútbol australiano. El heredero de lo prometido.
El impacto del triunfo y el paso inmediato: duelo cumbre ante Estados Unidos
La noche no se apagará rápido: en la próxima semana, el hype se dirigirá inevitablemente al enfrentamiento entre los Socceroos y Estados Unidos, un choque que se jugará en Seattle el próximo viernes y que ya se perfila como el duelo más importante del grupo.
Sin embargo, más allá del calendario, este 2-0 probablemente se ubique entre las conquistas más grandes del combinado australiano en un Mundial. En el último antecedente europeo, Australia llegó hasta cuartos de final. Türkiye, por su parte, arribó a la competencia con una plantilla que en el papel era de las más fuertes del Grupo D. Además, la comparación de valor parecía favorecer a los turcos: el plantel australiano, tomado en conjunto, habría tenido dificultades para superar los 100 millones de euros; aun así, se menciona el interés reportado de Barcelona por Lucas Herrington, lo que podría alterar pronto el panorama.
Türkiye no presentó una sola estrella emergente: colocó dos jóvenes de gran proyección, Güler y Yıldız, capaces de valer más que eso por cuenta propia, además de contar con uno de los mediocentros más respetados del circuito, Çalhanoglu.
También pesa el contexto. Para Australia, el inicio del Mundial había traído decepciones repetidas, una rutina incómoda, y el triunfo 3-1 sobre Japón en Kaiserslautern en 2006 había sido la excepción solitaria dentro de una serie de resultados amargos previos al sábado.
Ahora, ese patrón parece invertirse. Como Cahill aquella jornada de hace dos décadas, Irankunda también ofreció una victoria de época sobre el Samurai Blue, y después se dedicó al banderín con un gesto propio, como si extendiera la tradición desde otro cuerpo y otra generación. La historia no se repite, pero tal vez rime.
| Selección | Marcador |
|---|---|
| Australia | 2 |
| Türkiye | 0 |