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Ancelotti rompe el guion y Neymar trastoca el equilibrio: Brasil cae ante Noruega

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
7 julio 2026 6 min de lectura

El “equilibrio” fue la palabra clave en la campaña de Brasil rumbo al Mundial de 2026 bajo el mando de Carlo Ancelotti. Sin embargo, a mitad del segundo tiempo ante Noruega, el técnico italiano rompió su propio guion y aquella decisión terminó pasando factura: el ingreso de Neymar, ya con el físico resentido y lejos de su mejor versión, desarmó la estructura del equipo y Brasil acabó cayendo 2-1.

El plan de Ancelotti y el momento del quiebre

  1. Con un once diseñado para sostener el orden y aprovechar los espacios al contragolpe, Ancelotti intentó sacar el máximo de su plantel apostando por una formación equilibrada.
  2. Hasta ese punto, Brasil no había mostrado un fútbol especialmente vistoso, y llamaba la atención que Noruega tuviera tanta posesión sin que el rival lograra imponer el ritmo.
  3. Todo parecía encajar: el bloque estaba protegido y preparado para atacar rápido. Al llegar Neymar al campo, el equipo perdió su solidez.
  4. La movilidad reducida del 34 años de Neymar lo obligó a moverse casi exclusivamente en el carril central, tal como el propio Ancelotti había dejado claro en su idea táctica.
  5. Ese ajuste empujó a Vinícius Júnior y Endrick a abrirse hacia las bandas, y al no existir presión desde el frente, Brasil quedó expuesto.
  6. Con el panorama abierto, Noruega encontró mejores conexiones con Erling Haaland y el delantero, de gran presencia física, necesitó poco para inclinar el partido: victoria 2-1.

La historia se repitió con un detalle incómodo: en muchos partidos de Brasil, el talento individual marca la diferencia; esta vez, el talento decisivo estuvo del lado contrario. Neymar, que alguna vez fue una referencia de genio y claridad, se vio como una sombra de lo que fue, mientras el conjunto brasileño se desordenaba desde la base.

La apuesta por Neymar: por qué se creyó posible

El debate sobre cómo se llegó a este punto no tardó. Algunos señalaron presiones comerciales o políticas, y hasta surgieron teorías conspirativas. A falta de pruebas concretas, el análisis se concentró en algo más simple: Ancelotti tomó la decisión bajo sus criterios, y aun así el resultado final fue devastador.

También existían argumentos para incluir a Neymar en el Mundial. El Brasil de ese momento priorizaba la velocidad por encima de la elaboración larga, algo que el propio Ancelotti había reconocido cuando afirmó que no había un sustituto con características similares para reemplazar a Lucas Paquetá, lesionado.

Además, su capacidad para asistir con pases de gran lectura seguía vigente, al igual que su habilidad para ejecutar lanzamientos a balón parado. Con un grupo de 26 futbolistas, quedaba margen para un “comodín”, y se entendía que el resto del plantel aceptaría su presencia sin problema.

Había un componente humano que pesaba: varios jugadores brasileños crecieron admirando a Neymar. Su forma de ser, generosa y cercana, lo volvió muy querido en casi todos los vestuarios en los que estuvo.

Pero el contexto también marcó el camino. En Brasil hubo sectores que rechazaban su convocatoria, mientras otros celebraban la idea con un ruido ensordecedor. Se habló de un lobby fuerte, con figuras destacadas del pasado empujando por su retorno. La lógica era clara: si se lo dejaba fuera, los aficionados lo convertirían en un símbolo de protesta, coreando su nombre para golpear al equipo desde las gradas. Por eso, se consideró mejor “tenerlo dentro”.

El golpe previo: lesiones, inactividad y señales en el rendimiento

Sin embargo, quienes se dejaron llevar por la idolatría ignoraron lo que mostraban los hechos. Neymar venía de una recuperación larga y complicada después de una seria lesión de rodilla en octubre de 2023. Al inicio del año siguiente, su club, Al Hilal, ni siquiera lo registró para el torneo doméstico: su entrenador, Jorge Jesus, lo describió como insuficientemente apto.

Tras año y medio en Santos, esa lectura seguía pareciendo correcta. En los 15 partidos que disputó allí, se evidenció un cambio: antes era flexible, capaz de moverse con ángulos cambiantes, pero después se lo vio rígido, lento y fácil de quitarle el balón.

De cara al Mundial, Ancelotti había insistido en dos condiciones. Primero, Neymar solo debía entrar si sus actuaciones en el campo demostraban que merecía el lugar. Segundo, no habría convocados con problemas físicos. En la práctica, ambos puntos se quebraron.

La convocatoria, el error de cálculo y la prueba en Escocia

  1. El 18 de mayo se dio a conocer la lista final. En ese momento, el entrenador mostró cierta incomodidad por excluir a João Pedro, del Chelsea, al señalar que “merecía estar”.
  2. Sobre Neymar, la esperanza era que tuviera tiempo suficiente antes del torneo para recuperar mejor estado físico.
  3. El problema fue que ese margen no existió: el día previo a la confirmación, Neymar sufrió una lesión muscular jugando con Santos.
  4. El club sostuvo que estaba bien, pero la selección pronto detectó que no lo estaba y que necesitaría al menos tres semanas para recuperarse. En ese punto, el experimento pudo —y quizá debía— detenerse.
  5. La consecuencia se notó cuando Neymar apareció desde el minuto final del tercer partido de grupo contra Escocia, en una noche sofocante en Miami Gardens.
  6. Brasil necesitaba un gol y los rivales ya estaban cansados, pero Neymar se vio fuera de ritmo de manera evidente, como si fuera un jugador retirado participando en un encuentro benéfico.

En ese escenario, todavía quedaba espacio para pensar que Ancelotti estaba construyendo una lectura táctica: había logrado lo que muchos pedían, el regreso de Neymar, y además le dio minutos frente a Escocia. No obstante, no quedaba claro que el número 10 volvería a aparecer como factor real de impacto.

La esperanza se sostenía en la posibilidad de que ingresara cuando Brasil ganara, o incluso en tiempos extra, con la idea de que un balón parado peligroso o una ejecución decisiva desde el punto de penal pudieran definir una tanda de penales.

La convocatoria, por su propia dimensión mediática, se vivió como un espectáculo. La actitud del técnico daba la impresión de que, si aquello era un circo, él era el director del show: calmado, con control de lo que ocurría alrededor.

La culminación: el cambio que cerró la historia

Al final, Ancelotti también cayó bajo el peso del culto a la figura. Los cambios que en su momento habían funcionado contra Japón ahora le costaron caro: aquella sustitución prematura no solo terminó con la campaña de Brasil, sino que también marcó el final de una etapa alrededor de Neymar.

Neymar se despide como el máximo goleador histórico de Brasil, un logro enorme. Claro, también hay espacio para matizar: más de la mitad de sus tantos internacionales llegaron en amistosos, y la lista de títulos fue más bien limitada, sin grandes conquistas.

El análisis, aun así, no puede ser unidimensional. Neymar tuvo mala suerte en el Mundial, con lesiones que lo obligaron a desgastarse para volver. Esta vez, en cambio, parecía que la suerte estaba del lado contrario: estuvo presente. Y si los problemas físicos —sin duda— explican parte de que su carrera, pese a ser extraordinaria, no alcanzara lo que se esperaba, existe otra explicación.

La falta de madurez emocional estuvo presente desde siempre, y se vio con claridad en los minutos finales ante Noruega. En un momento, debió haber recibido la roja por una agresión con el pie. En lugar de enfocarse en salvar al equipo, se lo vio más interesado en meterse en discusiones con el rival.

El tiempo que tardó en ejecutar el penal, así como el esfuerzo puesto en provocar al portero noruego Ørjan Nyland, también dejó una sensación amarga. Esa descompensación emocional no solo reflejó la falta de equilibrio del equipo: además la reforzó. Fue el mismo desorden táctico que se originó desde el instante en que Ancelotti tomó la controvertida decisión de hacer entrar a Neymar.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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