Argentina busca romper la dependencia y alinear el plan Álvarez ante Suiza
Argentina encara su duelo de cuartos de final del Mundial ante Suiza con la obligación de subir un escalón: después de eliminarse con sufrimiento a rivales africanos, el equipo de Lionel Scaloni se mide a un adversario europeo que, aunque no sea el más mediático, llega bien ordenado y con veneno a la contra. El reto no es solo ganar en Kansas City, sino hacerlo con menos margen de error, especialmente ante la posibilidad de que el partido se parezca a los capítulos más cerrados de su historia reciente.
Suiza, el primer examen europeo y el precedente que no se olvida
- Cuatro años atrás, Argentina levantó el trofeo en Qatar al superar a Francia por penales; desde entonces, casi tres años y medio sin medirse con un combinado europeo.
- En la recta final del torneo, el equipo había transitado con comodidad: primero venció con solvencia a Islandia en su último ensayo y luego despachó a Austria con facilidad en la fase de grupos.
- Sin embargo, el escenario cambia en la eliminatoria: Suiza se presenta como un rival paciente, organizado y peligroso en transición, un tipo de oponente que dificulta lucirse.
- Messi y el plantel recuerdan el antecedente directo en Brasil 2014, cuando Argentina llegó al límite para imponerse 1-0 en el tramo final de la prórroga, precisamente ante una batalla incómoda contra los suizos.
- La lectura es clara: si Argentina quiere evitar otro partido “de apretón”, necesita mejorar su nivel y su control de los momentos críticos.
De la celebración continua al susto: el camino hacia el partido se tensó
Desde el título de Qatar hasta el largo proceso de clasificación en Conmebol, pasando por el trofeo de la Copa América dos años atrás, el ambiente alrededor de Argentina se mantuvo cargado de festejo. Incluso en los amistosos de los últimos meses y en los partidos de este Mundial, muchas veces la sensación fue la de una especie de vuelta de honor permanente: no solo por el tercer Mundial, sino por la manera en que el final de la carrera de Messi parecía marcar una etapa histórica.
El contraste llegó en el tramo final del cruce de la semana pasada contra Cabo Verde. Incluso en la segunda parte del juego, el conjunto argentino parecía llevar el control como si fuese una exhibición; y de pronto se encontró en un aprieto, obligado a remar contra el reloj y las circunstancias.
Cabo Verde fue el detonante y luego el Mundial ofreció otra prueba de resistencia: en el duelo de octavos de martes ante Egipto, Argentina firmó quizá su mejor actuación del torneo, pero aun así llegó a estar dos goles abajo. Ahí apareció un dato que golpeó en lo anímico: fue la primera vez en 17 partidos del certamen que el equipo encajaba y quedaba por detrás desde la sorpresa inicial en Qatar 2022 ante Arabia Saudita.
El agujero fue más profundo que el que le provocó Cabo Verde, pero entre controversia y una épica que se sintió interminable, Argentina volvió a salir adelante. Este tipo de victorias alimenta la moral, aunque el propio recorrido marca que no puede sostenerse indefinidamente si el rival siguiente es Europa y, en teoría, llega con menos margen para improvisar.
Dónde ajustar: defensa bajo presión y el riesgo en la contra
La pregunta es concreta: ¿en qué debe mejorar Argentina para afrontar los desafíos europeos que vienen, empezando por Suiza y continuando con los dos rivales posteriores si mantiene el camino? El primer punto es defensivo.
Hace cuatro años, Argentina ya se quebró bajo presión en eliminatorias frente a Australia, Países Bajos y Francia. El problema de fondo, según esta lectura, no parece haberse resuelto con el simple recambio de nombres. Scaloni ha probado con defensores más jóvenes, pero ninguno termina de convencer; incluso se plantea la posibilidad de “volver hacia el pasado” con una decisión que cambie la cara del equipo.
Lisandro Martínez fue señalado por su participación en los dos goles concedidos ante Egipto y, además, podría haber hecho más en el primero que recibió el equipo contra Cabo Verde. La forma en que fue superado por arriba en el duelo ante Egipto se convierte en una preocupación que pesa en la planificación: Scaloni puede darle continuidad por confianza o, por el contrario, optar por el regreso de Nicolás Otamendi para enfrentar a un rival que seguramente buscará explotar la defensa en el juego aéreo y los centros.
Pero quizá el asunto más delicado está en la fragilidad a la contra. Ese defecto costó por lo menos un gol —y estuvo cerca de convertirse en dos— contra Egipto. Incluso antes del tanto definitivo en el tramo final, Leandro Paredes, mediocentro de contención, irrumpió con una entrada cuando parecía que Argentina iba a ser superada otra vez. Scaloni deberá vigilar ese componente: ajustar la posición para que el equipo llegue mejor a la segunda jugada, y, sobre todo, en cuanto pierda la posesión, presionar con rapidez para cortar el contragolpe desde su origen.
El factor Messi y el papel de Julián Álvarez para sostener el nivel
Otro escenario a contemplar es el rendimiento de Messi. Antes del torneo existía la sospecha de que el “10” podría ser dosificado, sin disputar cada minuto de cada partido. De hecho, fue sustituido unos 15 minutos antes del final ante Argelia; contra Jordania solo apareció en el tramo final del encuentro, durante aproximadamente media hora. Aun así, frente a Cabo Verde permaneció los 120 minutos completos, y también estuvo presente hasta el final del drama ante Egipto.
La duda que se instala es si ese desgaste tendrá un precio y qué hará Argentina en caso de que Messi no alcance sus estándares habituales. Scaloni, en ese sentido, cree que su equipo está preparado para ese tipo de contingencia: dos años atrás, tras una lesión de Messi en la final de la Copa América ante Colombia, se sostiene que incluso el conjunto mejoró después de su salida. Además, Messi no estuvo en uno de los partidos más brillantes del ciclo de Scaloni: la goleada 4-1 a Brasil en Buenos Aires el pasado mes de marzo.
Ese partido también dejó una lección sobre la importancia de Julián Álvarez. El delantero se consolidó como socio titular de Messi durante la campaña hacia Qatar 2022 y, con el paso de los meses, incluso se ha ganado el argumento de ser, hoy por hoy, el arma ofensiva más contundente de Argentina. Claro: hasta este torneo, porque ahora se abre una nueva pregunta sobre cómo sostener el golpe si el capitán no llega en plenitud.
Álvarez arribó con un problema de tobillo tras una temporada exigente con Atlético Madrid, y por eso no fue arriesgado en los amistosos previos del equipo. En esta competición regresó de a poco, buscando la mejor puesta a punto. Las señales, sin embargo, son positivas: fue titular ante Egipto y solo fue sustituido en los minutos finales, luego de ofrecer su mejor actuación hasta ese momento.
La función de Álvarez no es solo marcar: le aporta ritmo al equipo. Se lo describe como un delantero con espíritu de mediocampista, capaz de hacer los recorridos que necesita quien acompaña a Messi en la zona alta, además de combinar con el juego colectivo y mantener una amenaza real de gol.
Si Argentina pretende superar el desafío europeo del sábado —y luego sostenerse ante los dos rivales que podrían aparecer después— necesitará a Álvarez en su mejor versión. Su aporte puede ser la diferencia entre una victoria sufrida y una clasificación con mayor control, justo lo que el Mundial de eliminación exige ante rivales como Suiza.
Claves para Argentina: lo táctico que puede definir la eliminatoria
- Suiza es un rival peligroso en transición: paciencia y orden defensivo para castigar a la espalda.
- El precedente de Brasil 2014 recuerda que Argentina puede necesitar cierres quirúrgicos y no solo dominio.
- La defensa requiere atención: Lisandro Martínez aparece como punto de análisis tras lo ocurrido ante Egipto y Cabo Verde.
- La alternativa táctica podría incluir a Nicolás Otamendi para responder al juego aéreo y a los centros.
- El riesgo principal está en el contragolpe: asegurar la posición y presionar rápido tras perder la pelota.
- Si Messi no está a su nivel, el plan debe responder: Julián Álvarez es la pieza que puede sostener el ritmo ofensivo.