EE. UU. analiza a Australia: Pulisic es duda y la defensa será clave
SEATTLE. El ambiente en la selección masculina de Estados Unidos sigue siendo excelente y no es para menos: arrancó el Mundial con una contundente victoria 4-1 ante Paraguay, un resultado que elevó la moral y dejó a más de uno con una confianza extra de cara al camino que viene. Sin embargo, en un torneo las sensaciones cambian rápido y, con el paso de los días, esa sonrisa se fue apagando un poco, mientras el foco se trasladó al siguiente compromiso: Australia, un rival que puede marcar el rumbo del grupo con mayor fuerza que el partido inicial.
El panorama para el USMNT es claro y, a la vez, exigente. Si gana, prácticamente asegura el primer lugar y se encamina con ventaja hacia la fase eliminatoria. Si empata, todo quedará abierto para el cierre del grupo ante Turquía. Y si pierde, la tranquilidad que dejó el debut se desvanecería de inmediato, porque el escenario se volvería mucho más complicado en la recta final.
Por eso, el duelo del viernes resulta determinante tanto para Estados Unidos como para Australia: el choque puede definir el segundo partido del grupo para ambos equipos. En la previa, hay varios factores que pueden marcar diferencias en el desarrollo del encuentro.
El primer punto gira alrededor de una situación médica que mantiene en vilo al equipo: el estado físico de Christian Pulisic y, en particular, una molestia en la pantorrilla. Durante la semana no hubo demasiada claridad sobre su disponibilidad. Se le vio entrenar de manera individual, realizando trabajo en gimnasio y tareas por separado cuando los medios lograban captar su rutina. Cuando se le preguntó por el tema el jueves, Mauricio Pochettino dejó la puerta abierta a cualquier desenlace y afirmó que la decisión se tomará hasta el final.
“Estuvo trabajando toda la semana de forma individual, pero como siempre, pienso que hoy, el día antes del partido, tenemos una reunión con nuestro cuerpo médico y evaluaremos a todo el plantel. Luego, mañana comunicaremos lo que acordemos en esa reunión. Christian está evolucionando. Está mucho mejor desde el viernes. Veremos. Si no está disponible para mañana, entonces lo estará para el siguiente juego, pero creo que está haciendo un esfuerzo enorme para llegar listo”, explicó Pochettino. También agregó: “Para cualquier jugador que ama a su país, es una oportunidad increíble para disfrutar y para ayudar al equipo a rendir y a ganar. Cuando pasa algo así, siempre es doloroso, pero pienso que Christian es fuerte, tiene una gran mentalidad y está haciendo un esfuerzo fantástico para estar listo lo antes posible”.
Si Pulisic llega en condiciones, lo más probable es que el once no se mueva demasiado. En cambio, si no llega, el entrenador deberá reordenar piezas y aparece la duda sobre quién ocuparía su lugar. Las opciones que se mencionan van desde un desplazamiento ofensivo de Malik Tillman, hasta la posibilidad de que Gio Reyna, tras su gol, obtenga la titularidad. También se observa el potencial de Tim Weah por su velocidad, la energía de Brenden Aaronson, o el impacto que podría aportar Alex Zendejas con su atrevimiento y confianza. Son variables que dependen del último parte médico, aunque la intención de Pochettino es no tener que resolverlas en el partido clave.
Mientras tanto, Tim Weah elogió el rol de Pulisic: “Christian es increíble y lo demostró ante Paraguay. Su capacidad y lo que puede hacer con el balón son asombrosas para nosotros. Eso nos ayuda como equipo y, para mí, es uno de los mejores jugadores con los que me tocó jugar. Estoy muy orgulloso de él y ojalá esté listo para el próximo juego”.
El segundo factor que aparece en la conversación tiene que ver con el perfil defensivo de Australia. En los últimos días se habló de un “bloque montañoso”, con especial mención para Alessandro Circati, que, pese a su condición de ser el más pequeño dentro de la línea central, mide 1.90 metros. Los Socceroos tienen tamaño y, sobre todo, saben emplearlo para incomodar a sus rivales. En el partido más reciente ante Turquía, Australia logró neutralizar a un equipo cargado de figuras como Arda Güler, Kenan Yildiz y Hakan Çalhanoglu, limitándolo a una especie de choque contra una muralla: no se trata de detenerlos solo con suerte, sino con organización, oficio y esa dosis extra de físico que desordena a los jugadores.
“Toda la defensa es muy sólida. Son muy difíciles de enfrentar. Sabemos que juegan con una línea de cinco atrás y con gente grande”, señaló Aaronson. Para el USMNT, la pregunta es si sus futbolistas están listos para responder a ese tipo de presión física y de control territorial. Nombres como Tillman, Folarin Balogun, Weston McKennie y Sergino Dest llegan con experiencia de alto nivel en el fútbol europeo, pero el desafío será el mismo de siempre en torneos: crear las jugadas necesarias para abrirse paso contra una retaguardia que, en su último encuentro, se mostró prácticamente inquebrantable.
En el debut, Estados Unidos propuso un plan claro: presión alta. Cada vez que el balón se perdía, los jugadores de rojo y blanco se lanzaban en oleadas, con los centrales avanzando más allá de la línea media para recuperar y reiniciar el ataque. El equipo apostó a ganar el esférico antes de que Paraguay pudiera generar peligro y, partido tras partido, esa apuesta se cumplió.
Australia, en cambio, presenta un funcionamiento distinto. Allí aparece una amenaza por velocidad a través de Nestory Irakunda: la capacidad de correr hacia adelante puede romper el guion del partido en cualquier momento, sobre todo frente a un rival que atraviesa una situación particular en su defensa, con un central de 38 años y otro que viene de una lesión de tobillo.
Antonee Robinson explicó la idea táctica para sostener el equilibrio: “La clave es asegurarnos de estar bien ordenados, de ser proactivos. Si perdemos el balón, queremos reaccionar rápido y estar en una posición que haga que la contra no sea un problema tan grande”.
Con ese marco, el trabajo para Pochettino será calibrar la presión. Puede decidir una salida agresiva como la que funcionó ante Paraguay, o apostar por un enfoque más medido. Ambas alternativas tienen riesgos y la diferencia estará en acertar en el momento exacto.
El tercer punto tiene que ver con el funcionamiento ofensivo que Estados Unidos mostró ante Paraguay. Aunque el plan se percibía con cierta complejidad, el principio era sencillo: observar la zona del mediocampo. Una y otra vez, McKennie y Tillman se metían hacia el corazón de la defensa paraguaya, y lo hacían más profundo que muchos jugadores de su rol. Ese movimiento obligaba a Paraguay a ajustarse, y cuando lo hacía, aparecía un espacio para quien no había corrido, continuando una cadena de acciones que dejaba huecos. Desde allí, la clave era identificar dónde quedaban Pulisic, Balogun o Dest libres en zonas que parecían infinitas. Así se construyeron los ataques.
Tyler Adams recordó el trabajo previo: “El día antes del partido lo revisamos con Mauricio. Hablamos sobre los movimientos, sobre a quién teníamos que cubrir, y cómo se ve eso en transición con el balón y sin el balón. Siento que entramos con confianza en lo que iban a ser esos movimientos dentro del juego”.
La gran duda es si ese esquema puede repetirse sin perder eficacia. Australia cuenta con mediocampistas de nivel alto y, en apariencia, está mejor preparada para responder a los corredores del USMNT. No solo podrían neutralizar esa amenaza con talento propio, sino también con una respuesta física rápida cuando sea necesario, cortando la jugada antes de que se convierta en peligro.
Estados Unidos se perfila con mayor posesión, lo que implica que deberá leer cómo Australia resuelve cada problema. Si los australianos encuentran la forma de ajustarse, el equipo estadounidense tendrá que pivotar. Y si ese giro táctico no funciona, el partido puede terminar con la frustración que sufrió Turquía en su momento.
El cuarto elemento es emocional. El USMNT juega con intensidad y Pochettino quiere que sea así: que el equipo se alimente del público, sienta esa energía y la traduzca en presión y ritmo. Aun así, Australia no llega como un rival que se encante con el ambiente: también sabe desenvolverse con dureza y con carácter.
Ese choque de estilos ya se vivió en el pasado, cuando ambos equipos se enfrentaron en una especie de adelanto del pulso competitivo. Estados Unidos ganó 2-1, pero el partido dejó consecuencias: salieron con el desgaste encima desde Dick’s Sporting Goods Park. Pulisic sufrió una lesión y, además, otros futbolistas seguramente cargaron con golpes por la naturaleza física del enfrentamiento con los Socceroos.
Sobre aquel antecedente, Pochettino puntualizó: “Fue un partido no oficial, no fue un amistoso. ¿Lo viste? Eso no fue un amistoso”.
Esa intensidad, especialmente en un Mundial, se vuelve una línea base. Con tantas cosas en juego, el viernes es probable que se eleve todavía más.
Además, la tensión se alimenta por el ida y vuelta que se viene dando en los medios entre analistas de ambos lados. Cada parte siente que el otro subestima su capacidad, y ambos creen que tienen argumentos para ganar el grupo. En un torneo, conseguir el primer lugar del conjunto es crucial, y más aún con reglas de desempate nuevas: el resultado de este encuentro coloca al ganador en una posición muy favorable para cerrar arriba.
Así, el partido del viernes se resume en una prueba de gestión: controlar la intensidad y las emociones. Habrá contactos, faltas duras que obliguen al árbitro a decidir, y momentos en los que un futbolista puede perder el control. Al final, el equipo que mejor maneje esas situaciones será el que se lleve la ventaja en el marcador y en la clasificación.