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Endrick rompe el mito: la confianza con Ancelotti impulsa a Brasil a soñar

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
4 julio 2026 9 min de lectura

Las redes sociales en Brasil están repletas de memes que enfrentan a Endrick y a Carlo Ancelotti con una idea repetida: “haga lo que haga el futbolista, el técnico hace lo contrario”. Sin embargo, la lectura que deja el delantero es otra. Para Endrick, el vínculo con su entrenador se parece más a una confianza total: “Yo caminaría por el fuego por él”, en el sentido de que cuando Ancelotti le pide algo, lo ejecuta sin dudar.

Endrick describe la relación con Ancelotti antes del duelo ante Noruega

De cara al partido de Brasil en octavos de final frente a Noruega, Endrick habló sobre cómo trabaja el italiano y qué sensación transmite. El atacante explicó que Ancelotti decide desde el pensamiento y que, a partir de ahí, “las cosas pasan”. Además, lo describió como alguien “iluminado” y con una planificación tan clara que el resto termina siguiendo su guion.

En su mensaje, Endrick dejó claro el papel del jugador: cuando el entrenador le ordena una tarea, la cumple sin voltear atrás. “Escucharé su voz y haré exactamente lo que me pida”, dijo, reflejando un clima de obediencia táctica y tranquilidad para afrontar la presión de un torneo grande.

Pero no siempre fue así. Desde el final de Brasil en cuartos de final ante Croacia en Qatar 2022, el camino estuvo marcado por cambios constantes. Ancelotti se convirtió en el cuarto entrenador del país después de la salida de Tite, quien dejó el cargo tras esa participación.

Antes del italiano, Ramón Menezes asumió como interino durante tres encuentros, luego Fernando Diniz dirigió seis partidos y, finalmente, Dorival Junior estuvo al mando durante 16 juegos con un porcentaje de victorias de 43,75%. Mientras tanto, la federación brasileña intentó convencer a Ancelotti para que tomara las riendas de la Seleção.

El acuerdo llegó en mayo de 2025. Desde la primera conferencia de prensa, Ancelotti habló del peso de la espera por la sexta estrella mundial y de la necesidad de construir una nueva identidad. En esa línea, el equipo fue dejando atrás la idea de un estilo definido por el “jogo bonito” y avanzó hacia lo que el entorno describe como “Ancelotti-ball”.

De la presión generacional a una calma que contagia

La exigencia sobre Brasil es histórica. Desde la última vez que el combinado masculino ganó un Mundial, en 2002, las expectativas se han mantenido al límite. Matheus Cunha resumió esa responsabilidad: “Brasil tiene que ganar el Mundial”.

En cada partido de este torneo, las figuras del pasado observan desde las gradas como si fueran una especie de referencia permanente. Ronaldo, Ronaldinho, Kaká, Roberto Carlos y Dunga están presentes, y cada edición que pasa sin que este equipo alcance el nivel “inmortal” que se asocia a los años de 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002 incrementa la presión.

El recorrido en el Mundial no ha sido sencillo. Antes de que rodara el balón, Brasil perdió por lesión a Estêvão, Éder Militão y Rodrygo. Luego, el debut terminó con un empate 1-1 ante Marruecos. Después, el equipo mostró más claridad con una goleada 3-0 sobre Haití, aunque Raphinha también se lesionó antes del 3-0 frente a Escocia.

En el cruce de octavos contra Japón, Brasil sufrió en el primer tiempo y se fue al descanso perdiendo 1-0. Casemiro, de 34 años, recibió críticas por su participación en el gol japonés, pero Ancelotti no lo movió de la idea: el mediocentro respondió en el minuto 56 con el tanto del empate. Luego, Gabriel Martinelli anotó el gol que dio el triunfo seis minutos después del tiempo reglamentario.

En medio de esa montaña rusa, los futbolistas remarcan una característica: la serenidad de Ancelotti. Los aficionados crecieron en cariño por su gesto de ceja levantada desde el banco, y por su forma discreta de manejar los momentos, incluso cuando el equipo resuelve con un gol tardío como el de Martinelli ante Japón.

André Kfouri, comentarista en Brasil, explicó que esa calma hace que se perciba que “todo saldrá bien” y reduce la carga mental de los jugadores. Douglas Santos coincidió: según dijo, Ancelotti les transmitió tranquilidad, energía y confianza para volver al segundo tiempo sabiendo que el equipo tenía calidad para revertir.

Endrick recuerda sus minutos con el técnico

El delantero también aportó un ángulo personal. Afirmó que en su primera temporada con “Mister” jugó con más frecuencia: no tantos minutos, pero sí aparecía en casi todos los partidos. Endrick explicó que el entrenador le repetía que su turno llegaría. En la Copa del Rey, además, contó con más oportunidades y pudo ayudar al conjunto marcando goles en prácticamente cada encuentro, siempre manteniendo la calma.

Endrick remarcó que Ancelotti sabe qué hacer y que incluso en el partido más reciente, el gol llegó por un jugador que salió desde el banquillo. Para el atacante, esa lógica refuerza la idea de que el técnico busca lo mejor para el equipo, no solo lo que “parece” correcto en el momento.

Un cambio de mentalidad que tardó en convencer

Aun con resultados y un historial impresionante —cinco títulos de Champions League y seis ligas nacionales—, el nombramiento no estuvo exento de debate. Tras su confirmación en mayo de 2025, hubo quienes cuestionaron su llegada por entender que Brasil debía tener un entrenador brasileño en lugar de un técnico extranjero.

La controversia se alimentó por un antecedente histórico: Ancelotti fue el primer entrenador foráneo que dirigió un partido competitivo de la Seleção desde 1925, cuando el uruguayo Ramón Platero estaba a cargo en el Campeonato Sudamericano.

Emerson Leão, portero campeón del Mundial de 1970, criticó al italiano con dureza tras los dos primeros partidos. Brasil empató con Ecuador y luego superó a Paraguay por 1-0. Leão dijo que el proceso iba a ser complicado y que todas las personas alrededor del proyecto —brasileños, atletas, directivos, entrenadores asistentes y jugadores— tendrían que coordinarse porque, según su visión, las dificultades irían a más.

Después, Brasil cayó ante Bolivia, Japón y Francia antes de llegar al Mundial de 2026, pero en el análisis de algunos se empezó a ver una evolución silenciosa, construida tras años de inestabilidad.

Ze Elias, ex internacional brasileño, sostuvo que Ancelotti no necesita convencer con palabras: su trabajo diario en clubes y su labor al frente de la selección habrían sido suficientes. También señaló que entender la reacción del público brasileño lleva tiempo, porque Brasil y el fútbol están profundamente conectados y eso no se comprende igual desde fuera que viviendo el día a día.

Plan táctico flexible, gestión de estrellas y el objetivo: ganar

Ancelotti ha aplicado su propio método. Llamó a Danilo, de 34 años, pese a que muchos creían que su mejor etapa quedaba atrás. Además, sostuvo a Casemiro pese a la oposición pública. Esa seguridad, según el relato general, es parte de lo que lo coloca entre los mejores entrenadores de la historia.

La prensa brasileña notó la disposición del técnico para adaptarse. Al asumir el puesto, hizo un curso intensivo de portugués y, un año después, alterna con naturalidad entre portugués, español, italiano e inglés en las conferencias.

En el partido contra Escocia, las cámaras de televisión captaron a Ancelotti cantando el himno nacional, detalle que encantó a los aficionados. Aun así, la etapa todavía no queda cerrada: Silas, quien jugó con Brasil en los Mundiales de 1986 y 1990, considera que Ancelotti va por buen camino, pero recuerda que aún queda un trayecto largo y exigente.

Los escépticos siguen por la producción irregular del equipo. Sin embargo, si Brasil logra conquistar el torneo, la lectura táctica del italiano tendrá un peso enorme. Silas añadió que la clave está en su simplicidad para convertir un ambiente de dudas en victorias, especialmente en un Mundial donde el calendario deja poco margen de tiempo.

  • Contra Marruecos, el mediocampo no tuvo la chispa esperada y el planteamiento de Ancelotti con un 4-2-4 no terminó de funcionar.
  • Frente a Haití, el técnico puso el foco en recuperar balones y presionar para generar ventajas en transiciones y contraataques.
  • En los partidos ante Haití y Escocia, Vinícius Júnior se usó con más protagonismo en zonas centrales.
  • Ante Japón, después de un primer tiempo exigente, Ancelotti animó a sus futbolistas a centrar más, sobre todo desde posiciones profundas, para mantener a Japón encerrado en su campo.

Así, Brasil comenzó a mostrar variantes múltiples en este Mundial, como el propio entrenador había anticipado: el equipo no necesita una única identidad fija, porque debe ser capaz de defender con un bloque bajo, atacar con agresividad, aprovechar la calidad de sus jugadores, replegarse, y también ser sólido en su área.

Tras el duelo con Escocia, Ancelotti lo resumió con claridad: si el equipo juega bien, es más sencillo ganar, pero el propósito central es obtener el resultado. En su criterio, un técnico se mide por ganar o perder; el “cómo” tiene menos peso cuando el marcador no acompaña.

La gestión de minutos y el lugar de las figuras

Junto a la calma y al criterio futbolístico, otra pieza clave es el manejo de las estrellas. En Brasil, la conversación histórica gira mucho alrededor de Neymar, máximo goleador del equipo en su selección. Antes del partido ante Escocia, la afición comenzó a corear al extremo de 34 años incluso cuando todavía calentaba.

Sin embargo, Ancelotti administró esos momentos con una lógica basada en el estado físico. Dado su historial de lesiones, Neymar entró ante Escocia y no cambió demasiado el guion, por lo que quedó en el banquillo contra Japón.

Ze Elias explicó que la trayectoria del técnico impactó en disciplina, respeto y responsabilidad, además de entender el peso simbólico de la camiseta nacional. También señaló que en Brasil la jerarquía es determinante: cuando hay figuras de equipos grandes y con salarios altos, si el entrenador no tiene autoridad y presencia, se puede perder el control del grupo.

La convocatoria final de Neymar, por otra parte, era un tema dividido. Ancelotti dijo que evaluó a sus jugadores por forma y condición física, no por reputación. Por ese motivo quedaron fuera Richarlison, João Pedro y Savinho.

Neymar no encajó en ese filtro: antes del torneo, su última aparición con Brasil había sido en octubre de 2023 y, desde mediados de mayo, arrastraba una lesión muscular grado 2. Aun así, existe una corriente que piensa que incluirlo calmaría a la opinión pública. Silas matizó esa idea: considera que el punto no es solo “complacer”, porque Neymar mantiene un toque capaz de torcer partidos.

Silas, en esa misma línea, afirmó que el enfoque debe ser tratarlo como parte del equipo: importante, pero ya no como el jugador sobre el que “depende” todo el funcionamiento como estrella principal. Ze Elias también destacó que el técnico habló personalmente con Neymar: le explicó la situación, los contextos y, sobre todo, dejó claro que el grupo pesa más que el individuo. Para que esté, Neymar debe comportarse como uno más, sin privilegios especiales.

Ese estilo de dirección se repite con todo el plantel. Gustavo Zupak, comentarista en Brasil, señaló que Ancelotti le quitó protagonismo a las figuras para empujar una cultura de trabajo colectivo dentro de la selección.

En paralelo, el nuevo foco ofensivo parece haberse consolidado: Vinícius Júnior. Antes de la llegada del entrenador, Vinícius tenía seis goles en 39 partidos con Brasil. Desde que Ancelotti tomó el mando, sumó siete tantos en 13 encuentros. Además, se informó que el extremo está más feliz que nunca dentro del proyecto.

Contrato hasta 2030 y el siguiente reto: Noruega y Erling Haaland

Hasta aquí, el balance favorece al italiano. En mayo, la federación brasileña extendió su vínculo hasta 2030, señal de satisfacción con el trabajo. No obstante, Ancelotti también sabe que la expectativa es voluble y que la vara se vuelve más alta con cada ronda.

El próximo obstáculo llega con Noruega y, detrás, el desafío de Erling Haaland. Por eso, el margen de error es mínimo: solo el éxito sostiene el proyecto.

Tras el partido ante Escocia, Ancelotti recibió una consulta sobre cuál sería su mensaje para Brasil en una etapa donde crece la ilusión de que este año podría llegar la sexta copa mundial. Respondió con una consigna simple: “Mantengan la calma”, con la ceja levantada y una sonrisa leve. Pero entendió que, al final, lo que manda es ganar.

Ze Elias añadió que el ideal es combinar fútbol atractivo con eficacia. Si eso no sale, el plan alternativo también sería válido: defender con firmeza, lanzar contraataques y, aun así, terminar como campeones del mundo. En su lectura, ese equilibrio —o la versión pragmática— sería perfecto para Brasil en su búsqueda del trofeo.

Reporte adicional: Jean Santos y Vinicius Garcia Ferreira

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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