Inglaterra renace y golea: los campeones responden en el Azteca y sueñan a lo grande
Inglaterra demostró, desde el arranque, que sabe reaccionar cuando el partido se pone cuesta arriba. México apretó desde el primer minuto, pero los ingleses fueron apagando el ímpetu rival hasta que llegó su oportunidad. Entonces golpearon con precisión: Jude Bellingham firmó el primero con una volea de cabeza, bajando la pelota cerca del poste tras el centro de Bukayo Saka. El mediocentro repitió la misma intención 98 segundos después, y Harry Kane se sumó al festival antes del descanso con una asistencia que dejó el 2-0 alrededor del minuto 38.
Key takeaways
- Inglaterra respondió al dominio inicial de México y encontró el gol en los momentos clave.
- Bellingham marcó dos tantos con cabezazos muy parecidos, ambos nacidos desde centros de Saka.
- Un VAR terminó por confirmar una acción que acabó en expulsión para Jarrell Quansah en la segunda mitad.
- Kane falló un penal previo ante Croacia, pero aquí sí convirtió para ampliar la ventaja.
- Anthony Gordon volvió a ser decisivo al provocar el penal que permitió el 3-2.
- Jordan Pickford fue protagonista con atajadas clave, especialmente para sostener el resultado tras el 2-1.
Del 2-0 al caos: goles, VAR y una expulsión
La historia se desordenó después. Algunos interpretaron que una defensa poco clara en una acción a balón parado dejó la pelota servida a Julián Quinones, que apareció a unos seis metros y remató para el 2-1 justo antes del descanso. Con el 2-1 instalado al medio tiempo, la segunda parte pedía control, aunque Inglaterra no dejó de sufrir sobresaltos.
Los ingleses iniciaron con empuje y Nico O’Reilly estuvo cerca: su intento terminó estrellándose en el poste. En la otra portería, el partido tuvo un giro determinante. Jarrell Quansah se lanzó con exceso de ímpetu en una contra de México, se pasó de revoluciones en el tiempo de entrada, cruzó sobre la pelota y terminó impactando al rival. La revisión del VAR ratificó que la jugada era incorrecta y Quansah vio la tarjeta roja.
Reacción inglesa: penal, fortaleza defensiva y plan táctico
Con un jugador menos, Inglaterra no se descompuso. Anthony Gordon se metió en zona de peligro, sorteó la defensa mexicana y tocó la pelota por encima de Raúl Rangel, quien lo derribó en el área. El árbitro señaló penal. Kane ya había fallado un lanzamiento desde los 11 metros en su primer compromiso del torneo contra Croacia, pero esta vez no falló: convirtió y volvió a poner distancia.
Sin embargo, México encontró también su oportunidad desde el punto fatídico. Esta segunda pena máxima fue producto de una acción más leve: Kane rozó a Brian Gutiérrez mientras intentaba despejar. Raúl Jiménez, que incluso pudo haber marcado más goles esa noche, aseguró el 4-2 con un remate desde los once metros.
Ahí llegó la decisión de Thomas Tuchel: si abrir el juego o cerrar el partido. Optó por lo segundo. Dan Burn ingresó para anclar una estructura 5-3-1 que resistió oleadas de ataques mexicanos. Jordan Pickford se volvió a exigir en cada balón dividido: apareció con puños, se elevó para cabecear y, cuando fue necesario, despejó con fuerza para alejar el peligro y ganar tiempo. Incluso Kane terminó replegándose dentro de su propia área para despejar.
El trámite nunca fue cómodo ni sencillo, pero la dirección táctica funcionó. A pesar del ruido del partido y de la desventaja momentánea, Inglaterra mantuvo el rumbo hasta llevarse los tres puntos.
El plan de Tuchel y el papel de Bellingham
El desempeño de Bellingham fue, en gran medida, la base del triunfo. En los últimos meses se le describió de distintas maneras: jugador de instantes, alguien con cierto carácter y también una alternativa con respaldo en el esquema ofensivo. Lo que dejó en este duelo fue, quizá, una de las actuaciones más completas de Inglaterra en el mediocampo en bastante tiempo.
Tuchel colocó al equipo en una disposición que se parecía a un 4-4-2, con Bellingham muy cerca de Kane, buscando que ambos se conectaran con llegadas al área. Su olfato goleador quedó confirmado, con dos tantos que tuvieron una similitud preocupante: mismo tipo de recorrido desde afuera hacia adentro y remates cuidados. A eso se sumó una producción sostenida durante el partido: alternó posiciones en el centro, apareció por la banda derecha y, en ciertos tramos, tuvo un cameo adelantado para perseguir espacios y aliviar presión.
La otra clave fue la gestión del riesgo: Bellingham necesitaba evitar una amonestación para estar disponible en el siguiente compromiso de cuartos. México insistió una y otra vez en intentar provocarlo, pero no lo logró. Su lectura del partido se mantuvo firme, sin caer en el juego emocional. En la valoración general, el mediocentro encajó con la idea de “clase mundial”.
Una victoria que sostiene el sueño
Tuchel había advertido días atrás que el fútbol británico podría no lucir tan “bonito” si Inglaterra quería profundizar en el torneo. Esa frase no cayó bien en algunos sectores, por la comparación implícita con el estilo más vistoso. No obstante, en la práctica el argumento se confirmó en el campo: el resultado y el control de los momentos pesaron más que la estética.
Inglaterra no fue especialmente brillante, pero construyó un partido inteligente. Primero, durante unos 20 minutos, le dio muy poco margen a México. Luego, cuando tocó, rompió en los instantes correctos y convirtió. Y cuando el duelo se volvió caótico, Tuchel sostuvo la calma. La entrada de Burn, pensada como una apuesta para ganar duelos aéreos, fue un movimiento medido que terminó por ser útil.
Además, el entrenador sostuvo la confianza en Anthony Gordon. El extremo recuperó su lugar tras impresionar desde el banquillo en el encuentro ante DR Congo. Acumuló trabajo durante los 90 minutos y, al final, Inglaterra llegó a disputar el partido con dos formaciones distintas, en cuatro maneras de encarar el juego, con varios futbolistas rotando de posiciones.
Quansah, Pickford y el contraste con México
Jarrell Quansah arrancó como lateral derecho, un detalle que sorprendió porque Inglaterra estaba limitada en esa demarcación: Reece James aún se recuperaba de una lesión, por lo que el central fue prácticamente la única opción disponible para Tuchel. Durante cerca de 50 minutos, cumplió de manera razonable y, con balón, mantuvo el control. Julián Quinones, el mejor jugador de México en el torneo, no aportó mucho más allá del gol, aunque sí fue aprovechando su instinto para llegar a la jugada decisiva.
El problema llegó con la expulsión. La tarjeta roja fue descrita como un error particularmente tonto: Quansah no actuó tanto por imprudencia sino por una excitación excesiva, una entrada demasiado impulsiva que denota poca cabeza para ese tipo de acciones. La reacción de la banca mexicana fue de enojo, aunque poco podían reclamar: el árbitro lo terminó castigando con la expulsión, confirmada tras el VAR.
Entre los puntos positivos para Inglaterra estuvo la actuación de Pickford. Se lo compara a veces con una versión distinta según la camiseta: en el Everton, se le atribuyen errores puntuales y una falta de estabilidad total. Con la selección, en cambio, suele crecer. Esta vez ofreció una exhibición de portero “de los de verdad”: en la primera parte detuvo dos acciones muy importantes para negar a Jiménez. Y en la segunda, además de repetir funciones que hace bien, ordenó desde el área, salió a cortar centros, rechazó balones y los envió lejos para bajar la presión. No fue un portero de filigrana moderna: necesitó potencia, y la dio.
Con el resultado, dos de los tres anfitriones quedaron eliminados. México, en general, fue un equipo raro: se percibió desequilibrado, con carencias de calidad y dependiendo de la veteranía de Jiménez y de la juventud de Gilberto Mora. No se vio un bloque que se haya formado al mismo tiempo, que haya crecido junto y que haya encontrado identidad. Por ese motivo, Javier Aguirre realizó la convocatoria del campamento de la Copa del Mundo a mediados de mayo.
En justicia, México pudo rendir mejor de lo que su conjunto mostraba en la noche. Lideró su grupo, superó con autoridad una eliminatoria ante un Ecuador que había reactivado su nivel y, en el camino, dejó destellos de buen fútbol. Pero cuando enfrentó a un rival capaz de ganarle por calidad y que además se inventa respuestas en los momentos importantes, se desmoronó. Ese equipo no tiene, según el análisis, piezas para sostener partidos contra selecciones que rompen tan rápido, tampoco experiencia suficiente como para no regalar penales absurdos, ni el chisporroteo necesario para quebrar defensas cerradas. El final con centros constantes resultó atractivo, aunque Inglaterra lo manejó con relativa comodidad.
Incluso si perder ante un rival objetivamente superior puede ser comprensible, hacerlo en un estadio con tanta historia como el Azteca siempre deja un golpe emocional.
Camino para Inglaterra y lo que viene
El partido puede entenderse como un sube y baja. Al abrir, Inglaterra ganó de manera contundente una vez, sufrió en otros dos encuentros, sobrevivió al Azteca y superó un tramo relevante de adversidad para llegar hasta aquí. Se adaptaron en el momento, marcaron cuando correspondía y, en general, evitaron errores decisivos. No fue el control total que parecía prometer el fichaje de Tuchel, pero sí una navegación correcta de una Copa del Mundo con futuro.
Y quizá sea en noches como esta cuando se empiezan a permitir sueños. México no fue el mejor combinado del mundo, pero el Azteca tiene una mitología real: no se supone que se gane ahí, con la altitud, con la lluvia, con la afición empujando durante más de 90 minutos. Son pocas las fortalezas genuinas en el fútbol; ese es uno de esos lugares, y cuesta exagerar lo complicado que puede resultar sacar algo positivo.
Ahora, el camino se endurece. A partir de aquí, Inglaterra deberá afrontar a Noruega en Miami, un duelo que se anticipa difícil. Pero ya no habrá excusas relacionadas con la altura ni con la necesidad de “aguantar” el esfuerzo con ayudas para completar el partido. La conversación vuelve al fútbol: como equipo, Inglaterra tiene argumentos para resultar peligrosa.