Jesse Marsch: calma en la previa con Canadá en el Sofi Stadium
Jesse Marsch, seleccionador de Canadá en el fútbol masculino, llegó a una rueda de prensa en una mañana de febrero de 2025 con la tranquilidad de quien prepara un encuentro mediático más, de esos que suelen buscar titulares y elevar el interés de cara a un torneo. En el Sofi Stadium, en Inglewood (California), el ambiente era el habitual: conversaciones futboleras, el reto de convencer a jugadores que militan en Europa en pleno periodo internacional y la idea de que los duelos en el sur de California podrían favorecer a México.
Sin embargo, mientras la sesión se apagaba y el flujo de preguntas bajaba de intensidad, alguien le lanzó a Marsch —estadounidense— una cuestión que cambiaba el tono por completo: ¿cómo se sentía entrenando a Canadá “con todo el tema político que está pasando ahora”?
Con “tema político” se aludía a una obsesión temprana de la segunda etapa de Donald Trump: la insistencia en que Canadá debería integrarse a Estados Unidos. Incluso había llegado a referirse al primer ministro canadiense, Mark Carney, como “Governor Carney”. En una declaración citada por la prensa, Trump llegó a sostener que “tienen que convertirse en un estado” y que Canadá “necesita nuestra protección”.
Marsch estaba listo. Con la Copa del Mundo de verano en el horizonte, era el único entrenador estadounidense al frente de un combinado en el Mundial. Pero, más que el contexto competitivo, lo que él llevaba tiempo esperando era un instante como ese: una oportunidad para decir lo que pensaba en el momento preciso, con claridad y sin rodeos.
Un día de conferencia que se convirtió en un choque mediático
- La rueda de prensa en el Sofi Stadium reunía a representantes de los semifinalistas de la Concacaf Nations League, en una jornada enfocada en lo deportivo y el calendario internacional.
- Al final de la sesión, una pregunta sobre el “ruido político” que rodea a Canadá sacó a relucir la idea de Trump de incorporar al país como parte de Estados Unidos.
- Marsch respondió con firmeza: aseguró sentirse orgulloso de representar a Canadá y, mirando a cámara, reclamó que se dejara de lado la retórica absurda sobre que el país sería el “estado número 51”.
- Remató con una frase directa: “Como estadounidense, me da vergüenza”.
La intervención no pasó desapercibida. Hasta ese momento, el reconocimiento de Marsch dentro de Canadá —donde dirigir a la selección raramente convierte a un entrenador en figura masiva— estaba concentrado en el círculo futbolero. Pero el comentario se coló en noticieros y programas, y pronto se instaló en la conversación nacional.
Donovan Bailey, atleta canadiense de altísimo perfil y doble campeón olímpico en Atlanta 1996, recordó que ni siquiera sabía quién era Marsch antes de esa conferencia: “Fue la primera vez que escuché su nombre. Y luego abrió la puerta. Sabía lo que quería decir y lo dijo. Se salió del guion y a mí eso me encanta”.
Además, el mensaje de Marsch conectó con un matiz particular: al ser estadounidense, su réplica sonó con fuerza para un público que, en muchos casos, no sentía cercanía con la política estadounidense, pero sí con la tensión que se estaba instalando alrededor de Canadá.
Jim Cuddy, cantante referente del rock country canadiense Blue Rodeo, también destacó el tono: señaló que Marsch “pidió disculpas por todos los estadounidenses que no creen que esta administración sea buena”, y lo hizo, a su juicio, con términos lo bastante contundentes como para ser una reprimenda sin caer en lo vulgar.
En los días posteriores, el fragmento se reprodujo una y otra vez en el país, y Marsch escaló de entrenador a celebridad nacional. Kevin Blue, director ejecutivo de Canadá Soccer, remarcó que el momento fue abrazado por mucha gente dentro de la sociedad canadiense, incluso por quienes todavía no eran aficionados del fútbol, y que la forma en que se expresaron esas sensaciones generó confianza en su liderazgo.
El efecto también se tradujo en interés por la selección. Cuddy sostuvo que “no sorprende que, por lo que él hizo, el interés por el equipo se haya disparado”.
Para una nueva generación de seguidores, el centro de atención del combinado canadiense no está únicamente en nombres como Alphonso Davies (Bayern Múnich) o Jonathan David (Juventus), sino en el propio Marsch. Jacob Shaffelburg, atacante de Canadá y del LAFC, lo resumió así: “La gente con la que hablo pregunta cómo es Jesse. Todos lo quieren”.
Más que un impacto mediático: resultados y proyecto
Parte del respaldo que empieza a rodear al seleccionador se explica por algo más tangible: el rendimiento del equipo. Bajo su mando, Canadá acumula 29 partidos entre torneos y amistosos con un balance de 12 victorias y nueve empates. El año anterior, además, logró su mejor ubicación en el ranking mundial FIFA, alcanzando el puesto 26.
Bailey, desde su perspectiva de figura deportiva, fue directo al señalar el cambio: aseguró que ahora hay más conversación futbolera y que esa conversación está encabezada por la voz de Marsch y por el impacto de sus palabras. Pero lo que subrayó fue la consecuencia de fondo: el entrenador estaría construyendo una forma de pensar y una infraestructura para ganar, algo que, según él, Canadá como país no había tenido antes.
Por eso, aunque el foco inmediato siempre será el Mundial, el nombre de Marsch aparece en negociaciones para continuar como seleccionador después del torneo. Él mismo dejó claro que no quiere que lo midan solo por el marcador: “Estoy cansado de que me evalúen únicamente por mis victorias y mis derrotas. Creo que soy mucho más que eso”.
Aun así, no hay que perder de vista el reto deportivo. Desde el inicio del camino —con el primer partido del grupo en Toronto el viernes, ante Bosnia-Herzegovina— Canadá tendrá que conseguir resultados. Incluso ganar un duelo sería, en sí, un logro en términos históricos.
El registro de la selección canadiense en fases de grupos en los Mundiales se mantiene en 0-6, con una sequía de goles en los primeros cuatro partidos de esas campañas: una marca que contrasta con el hecho de que el equipo haya apostado por un exentrenador de la Premier League para intentar dar un salto internacional.
Ese contraste es todavía más llamativo si se considera que el predecesor de Marsch, John Herdman, cuando fue contratado en 2018, no había dirigido previamente un partido de fútbol masculino en ninguna categoría.
Cómo se llegó al proyecto y por qué Marsch encaja
La elección del entrenador en Canadá se diseñó con una lógica de “crecer por encima del peso”. Adam van Koeverden, ministro de Deporte del país, recordó la realidad demográfica: Canadá tiene una población menor que Texas y también menos que la de Nueva York, con una concentración poblacional que hace que, en términos de cantera, el desafío sea constante.
En ese contexto, el país también cuenta con atletas, aunque históricamente el fútbol no haya tenido la misma cultura que en otras naciones. Marsch, en su salto desde clubes como MLS o Red Bull Salzburg hasta el banquillo de Canadá, ha buscado rendimiento en jugadores que aceptan correr, presionar y sostener el esfuerzo.
Él mismo lo explicó: si su estilo se basara en controlar el balón como prioridad absoluta, nunca habría sido una opción para él. Su interés, según su manera de ver el fútbol, nace de otro lugar: de la intensidad, la velocidad y la idea de que el juego se gana a través de acciones repetidas con energía.
Antes de aterrizar en el proyecto canadiense, Marsch había sido cortejado por distintos clubes tras su paso por Leeds United. Tanto Southampton como Leicester City se interesaron con rapidez, y también hubo propuestas desde LaLiga y la Bundesliga, entre otras ligas. Pero, según él, en varias conversaciones aparecía “doble discurso” y falta de claridad: “No lo habían pensado bien”.
La conversación con Blue, la esposa del entrenador, funcionó como un recordatorio de que en Canadá sí se estaba ordenando el plan. Ella escuchó la propuesta y luego le comentó que “era inteligente”, porque conocía los problemas y sabía cómo corregirlos.
El plan encaja, además, con el ADN de Marsch. Sus años de mayor éxito en Nueva York y Salzburgo se apoyaron en un sistema altamente estructurado: el modelo Red Bull, donde se alinean lo competitivo, lo formativo y lo financiero. En el caso canadiense, el entrenador encontró una plataforma similar: un proyecto que podía modificar la relación del país con el deporte.
Sean Davis, jugador que trabajó con Marsch en Nueva York, lo sintetizó así: para que funcione, Marsch debe creer realmente en la idea. “Si no cree en el proyecto, su forma de hacerlo no va a funcionar”, aseguró.
El valor añadido de ser estadounidense
Hay otro elemento que históricamente podía jugar en contra. Marsch es estadounidense, nacido en Kenosha, Wisconsin. En Inglaterra, ese perfil se interpretaba como desventaja: se le veía fuera de su profundidad, como un “Ted Lasso” con acento del Medio Oeste. En Canadá, en cambio, el contexto cambia: el puesto de seleccionador nacional se convirtió en una excepción dentro del fútbol global donde ser estadounidense puede percibirse como un plus.
Comparado con el terreno canadiense, el fútbol de Estados Unidos tiene más estructura de élite y, en el plano internacional, Marsch se ha convertido en el entrenador estadounidense con mayor recorrido. Y hay un dato económico que también facilitó el acuerdo: aunque Canadá Soccer no tenía el presupuesto para pagar una cifra alta, los dueños de las tres franquicias de la MLS en el país —Vancouver Whitecaps, Toronto FC y CF Montréal— aportarían 1,5 millones de dólares hacia un salario que, según se informó, rondaría los 2 millones. No era lo mismo que ganaba en Leeds, pero para él fue suficiente para comprometerse con el equipo hasta el Mundial.
Incluso él había preparado algo que no era solo táctico: “Este conjunto va a ser bastante bueno”, les dijo a sus entrenadores tras una de las primeras prácticas. La premisa parecía clara: trabajo, energía y un modelo repetible.
La plantilla, el método y la motivación como motor
Marsch se formó en la estructura Red Bull asociada a la huella estratégica de Ralf Rangnick. Los principios son simples de explicar: los goles suelen llegar en los diez segundos posteriores a recuperar el balón; y si se pierde la pelota, los ocho segundos siguientes son la mejor ventana para recuperarla. Con esa base, el equipo presiona alto para ganar pronto, sale al contragolpe inmediatamente cuando tiene el balón y sostiene una intensidad asfixiante.
Jim Curtin, exentrenador de Philadelphia Union y compañero de Marsch en Chicago y Chivas USA, describió el impacto: cuando se habla de un equipo de Marsch, todo el mundo imagina rápidamente su estilo. Y para Curtin, esa es la mayor felicitación posible para un entrenador.
Pero el factor diferencial, según quienes lo han vivido de cerca, no es solo el planteamiento. Marsch gana —dicen— por motivar. Los jugadores suelen rendir mejor con él que con otros. Mitch Henderson, ex compañero y profesor en Princeton, lo comparó con una progresión física: propone un ritmo moderado y, de forma casi inevitable, el grupo acaba caminando en una ruta avanzada sin que se den cuenta de cómo pasó.
En lo humano, su relación con el plantel también se distingue. En el banquillo de RB Leipzig, en 2018, aprendió alemán. “Con 44 años no sabía qué significaba auf wiederzehen. Con 46 ya estaba entrenando en alemán”, recordó. En Salzburgo, impulsó salidas con el grupo a festivales locales, argumentando que el día del partido se vuelve más profundo si la conexión se construye durante toda la vida de la plantilla.
Ali Ahmed recibió una lectura directa cuando Marsch llegó: no veía suficiente intensidad. Lo empujó a ser más físico, a acelerar más, a reaccionar con mejor calibración mental. Su objetivo no era completar pases por estética, sino actuar con dinamismo. Y esa idea —según Marsch— se entiende mejor desde el campo: “Cuando algo ocurre, pasa”, resumió, rechazando la comparación con un tablero de ajedrez.
Ahmed escuchó y, con el tiempo, empezó a tener protagonismo con Canadá. Cuando volvió a su club, recibió un mensaje que le marcó: “Juegas como Ronaldo con Canadá. Y ahora espero lo mismo aquí”. En 2025, su temporada con Vancouver Whitecaps explotó. En enero firmó con Norwich City, en la segunda categoría de Inglaterra (Championship), y de inmediato comenzó a marcar. Antes era un jugador de rotación; ahora se perfila como el extremo izquierdo titular y atribuye la mejora al ciclo de retroalimentación que arrancó con las observaciones de Marsch.
De la Copa América al Mundial: unión en grupo y ajustes de juego
En el nivel de selección, el trabajo motivacional tiene una dificultad añadida: el entrenador ve a los jugadores de forma intermitente. Sin embargo, el calendario ayudó. Marsch aceptó el cargo en junio de 2024 y la Copa América comenzó poco después. El hecho de llegar hasta semifinales ayudó a alinear al grupo con las ideas del nuevo técnico.
Shaffelburg aseguró que durante la Copa Marsch “se enamoró” de todo el equipo. Dijo que el entrenador entendió quiénes son como personas, conoce nombres familiares y eso se convierte en combustible interno: te hace querer trabajar extra por él, ese 1%, 2% o 3% adicional.
Para cristalizar el estilo, Marsch también mostró cómo el fútbol se vive desde el ritmo. En televisión, el pase perfecto puede parecer geometría pura; en el estadio, lo que impacta es la velocidad y la potencia: que el juego “sucede” de verdad cuando aparece el momento.
El trasfondo: el camino hasta Canadá y los “casi” que pudieron cambiarlo todo
La historia de Marsch incluye un recorrido que alimenta su búsqueda de sentido. Su carrera, cada vez más, se ha movido por una motivación que va más allá de diagramas en pizarras: por eso rechazó oportunidades para dirigir clubes de las grandes ligas europeas y eligió Canadá.
Pero también hay un componente de “consuelo” en el relato. Cuando fue despedido a principios de 2023 por Leeds United tras un año en el club —el periodo más largo de un entrenador estadounidense en la Premier League— se convirtió en candidato fuerte para dirigir a la selección masculina de Estados Unidos. Él mismo admitió que le interesaba el puesto. En las semanas siguientes, retiró su compromiso con otro club de la Premier League porque creía que la federación estadounidense lo contrataría.
No ocurrió así. Con Gregg Berhalter recontratado, Marsch terminó con un proyecto menos valorado y que nunca ha ganado un partido de Mundial.
En febrero, Marsch recordó la conversación: cuando le dijeron que iban a contratar a Berhalter, se preguntó por qué lo habían llamado en abril. “Deberían haberme dejado”, resumió.
Jim Curtin contó cómo vio a Marsch afectado por esa situación. Según Curtin, el técnico estaba muy molesto: le dijo que no entendía qué había pasado, que alguien les había quitado el acuerdo de encima cuando él pensaba que todo estaba cerrado.
Con Canadá, Marsch se volcó. Antes de un día mediático, recorrió el país de punta a punta: nueve ciudades en diez días, con clínicas, preguntas y charlas con ciudadanos como si estuviera haciendo campaña. Quería entender qué significa ser canadiense. Uno de sus jugadores bromeó con que, en el proceso, se había vuelto “más canadiense de lo que nosotros somos”.
Por eso, el comentario de Trump le llegó como doble golpe: se sintió ofendido por lo que significaba para las personas con las que había hablado en el país, y a la vez se sintió avergonzado como estadounidense por la forma en que se estaba planteando la idea.
Un Mundial también depende de la salud: Davies como prioridad
El objetivo deportivo del Mundial se sostiene en una condición: que los jugadores clave estén disponibles. En febrero, Marsch viajó a Alemania para visitar a Alphonso Davies, quien había estado inactivo por una rotura de ligamento cruzado anterior (ACL). No fue una visita para medir forma o rendimiento, sino para apoyar a su capitán y escuchar lo que pensaba: “Quiere saber qué pasa por mi cabeza, qué veo con el grupo y qué es lo que ellos me dicen a mí”, comentó Davies.
Marsch también buscó proyectar el mensaje de Canadá en escenarios donde pocos norteamericanos dominan la conversación. En un partido de semifinal del DFB-Pokal en el Allianz Arena, se sentó cerca de Michael Ballack, exestrella de Bayern Múnich y Chelsea. Se saludaron con cercanía. Al lado, ya en el mismo entorno de alto nivel, estaba Julian Nagelsmann, entrenador de Alemania, que había recibido a Marsch con calidez.
La continuidad tras el Mundial: construir centros y estilo
En eventos así, directivos del fútbol preguntaron por su disponibilidad una vez terminara el Mundial. Aun así, la decisión estaba tomada desde meses atrás: Marsch quería seguir en el proyecto. Dijo que era por la gente, por la oportunidad, por la colaboración.
En su lista de motivos aparecieron también tareas concretas: todavía falta construir un centro de entrenamiento —aseguró que se recaudó el dinero pero queda levantarlo—, desarrollar mejor la formación juvenil y crear con claridad el estilo de juego. “Queremos crear el estilo de juego”, insistió, y lo dijo con entusiasmo creciente.
En lo estrictamente futbolístico, hacerlo competitivo internacionalmente sería suficiente para mantenerlo motivado, pero considera que su rol le ofrece algo más. Abrió los brazos, como si quisiera abarcarlo todo: “Me ha recompensado y me ha llenado más de lo que podría haber imaginado”, concluyó.
De cara al arranque del torneo, el reto es enorme, especialmente con el historial de Canadá en fases de grupo en Mundiales —sin victorias y con una sequía de goles en los primeros cuatro encuentros de esas campañas—. Aun así, la narrativa ya cambió: Marsch ya no es solo un nombre en la comunidad futbolera. Se convirtió en un referente nacional y, sobre el césped, pretende demostrar que la energía y la estructura de su método también pueden traducirse en resultados.
Mientras equipos como Estados Unidos disputan un grupo más exigente que incluye a Paraguay, Australia y Türkiye, Canadá parte con un panorama más manejable. Sus rivales del resto del grupo se ubican con rangos dispares: Suiza figura como la más alta entre los otros equipos, con el puesto 19; Bosnia y Herzegovina y Qatar no parecen destinadas a competir al mismo nivel. Si Canadá consigue quedar primero, jugará su primer partido de eliminación directa en Vancouver el 2 de julio, frente a aficionados en un contexto amistoso.
En el tramo previo, el equipo canadiense también ha mostrado una tendencia positiva, con más de seis meses sin perder, acumulando resultados frente a rivales fuertes como Colombia, Túnez y Gales. Marsch habló con convicción: uno de los objetivos es que Canadá sea el mejor representante de la región norteamericana en el torneo.