Las tarjetas de béisbol más icónicas de cada era en la historia del coleccionismo
Con motivo de la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos, el repaso de lo que define a la nación también ha incluido objetos impresos que trascienden ideas y monumentos. Y si hay un ejemplo perfecto dentro del deporte, es una pieza de cartón: las tarjetas de béisbol. Más que simples cromos, han funcionado durante décadas como “evidencia visual” de jugadores y del propio juego, convirtiéndose en parte esencial de la experiencia beisbolera en el país.
Tarjetas de béisbol: nueve épocas y el naipe que las resume
| Época | Tarjeta representativa | Dato destacado |
|---|---|---|
| Tabaco / América industrial (1880s–1919) | T206 Honus Wagner | Se ha vendido en subasta por más de 5 millones de dólares |
| Modernidad / fiebre digital (2020–presente) | 2025 Topps Paul Skenes (autógrafo de parche de debut) | Parche de debut MLB; el artículo vincula la puja con una cifra de 1.11 millones |
| Chicle / evasión y entretenimiento masivo (1920s–1947) | 1933 Goudey Babe Ruth | Primera colección vendida con chicle dentro del set |
| Junk wax / auge y caída (1986–1994) | 1989 Upper Deck Ken Griffey Jr. | Designada con el puesto número 1 dentro del set |
Estas tarjetas, pequeñas láminas de cartón con imágenes y datos, existen desde hace casi tanto como el béisbol moderno. En el Reino Unido han sido más populares los libros de pegatinas, mientras que en Japón crecen los sets con jugadores de ligas extranjeras (incluso de la Extraliga checa). Aun así, en Estados Unidos siguen ocupando un lugar central en la cultura del béisbol, algo que también explica por qué el Metropolitan Museum of Art mantiene una colección amplia de estos objetos.
Para celebrar el aniversario nacional, se decidió dividir la historia de las tarjetas en nueve etapas y elegir una tarjeta por cada periodo, incluyendo algunas que estuvieron cerca pero no alcanzaron el corte. Aquí va el recorrido, época por época, con el “rostro” que mejor representa cada momento.
Tabaco / América industrial (1880s – 1919): Honus Wagner T206
Difícil imaginar otro nombre para este tramo. La T206 de Honus Wagner es, para muchos, la tarjeta más reconocida de todas: su fama también se alimenta de su precio. En la subasta más reciente, llegó a superar los 5 millones de dólares.
Su relevancia tiene dos pilares. Primero, Wagner es de esos jugadores que definen generaciones: se le puede argumentar como el mejor campocorto de todos los tiempos, apodado “El Holandés Volador”. Segundo, estas tarjetas funcionaban como material promocional que venía incluido con cigarrillos. Se dice que Wagner no aceptó que su nombre y su imagen se usaran para vender tabaco, especialmente por el público infantil, y por eso su tarjeta fue retirada del conjunto, lo que explica que hoy existan muy pocas.
Para quien no tenga millones disponibles, la tarjeta también puede verse en una vitrina especial en el Salón de la Fama del Béisbol, en Cooperstown.
Chicle / Evasión y entretenimiento masivo (1920s – 1947): 1933 Goudey Babe Ruth
Una tarjeta particularmente atractiva, con Babe Ruth en todo su esplendor. Ruth jugaba antes de que las tarjetas se convirtieran en el objeto cultural tan codiciado que llegarían a ser, pero esta colección fue la primera que se vendía con chicle incluido en el set. Todavía hoy hay quienes las llaman “tarjetas de chicle”, y ese apodo nace aquí.
Posguerra / El auge estadounidense (1948 – 1959): 1952 Topps Mickey Mantle
Si lo que buscas es conseguir una 1952 de Topps con Mickey Mantle, la recomendación del relato es clara: “ponte el equipo de buceo”, porque Topps, al necesitar deshacerse de cajas con material sobrante, habría arrojado a las cartas restantes al Océano Atlántico.
Ese set de 1952 fue el primer intento “de verdad” de Topps como colección de tarjetas de béisbol; las colecciones del año previo se parecían más a boletines de juego. Esta, en cambio, marcaría el punto de partida del pasatiempo. Por eso, aunque cualquiera podría inclinarse por una 1954 de Hank Aaron o una 1955 de Roberto Clemente, cuesta igualar a Mantle tanto por su peso en la historia del hobby como por su rareza: la historia incluye que muchas piezas terminaron bajo el mar, convirtiéndose en polvo.
Dominio de Topps / América de la televisión (1957 – 1980): 1968 Topps Nolan Ryan / Jerry Koosman (rookie)
Nolan Ryan aparece aquí como uno de los lanzadores más grandes que ha dado el juego. Competidor feroz y con una recta capaz de encender la intensidad, su longevidad y su talento han marcado un antes y un después. Más allá de su importancia para el coleccionismo, la tarjeta funciona como recordatorio de la paciencia con los novatos.
En la imagen se ve una doble tarjeta de rookies: junto a Ryan aparece Jerry Koosman, leyenda de los Mets. La gorra inflada y el rostro sin líneas le dan a Koosman una apariencia más parecida a la de un aficionado joven que a la de un futuro miembro del Salón de la Fama.
Aunque Ryan debutó en 1966, el relato señala que no fue hasta 1972 cuando se transformó en el lanzador legendario que muchos recuerdan: lideró a la liga en ponches y en blanqueadas. Además, no lanzó el primero de sus siete no-hitters con marca récord sino al año siguiente. Así, cuando alguien abre un paquete y se topa con un rookie que parece un “fracaso”, el consejo implícito es esperar unos años antes de descartarlo.
Boom de rookies / El ascenso de Wall Street (1981 – 1985): 1984 Topps Don Mattingly
La tarjeta de 1984 de Don Mattingly encaja perfecto para este periodo. Se presenta como el inicio de la especulación alrededor de las tarjetas. Con el tiempo, los aficionados entendieron que usar cromos para hacer ruidos con llantas de bicicleta era un desperdicio de cartón muy deseado, y por ello, con un valor potencial alto. Fue entonces cuando comenzó una obsesión por coleccionar.
En paralelo, Mattingly explotó en medio del frenesí mediático en Nueva York, con promedio de .343 en la Liga Americana, 207 imparables y 44 dobles, cifras que le dieron el liderato de su circuito. Al año siguiente ganó el premio de Jugador Más Valioso de la AL. Tanto su carrera como su tarjeta siguieron mejorando: la idea era que el futuro era ilimitado.
El giro llegó por el cuerpo: las lesiones de espalda le fueron quitando fuerza y, según el texto, probablemente le cerraron el camino hacia Cooperstown. Y al mismo tiempo, los aficionados que creían que su tarjeta de rookie pagaría estudios, casas y vacaciones por Europa tuvieron que aprender una lección dura: a veces las cosas no salen como uno quiere.
Junk wax / auge y quiebre (1986 – 1994): 1989 Upper Deck Ken Griffey Jr.
Mientras las tarjetas seguían creciendo, también aumentaba el número de marcas dentro del hobby. Entró Upper Deck. Si Topps era el “oficio viejo”, la empresa que durante años marcó la pauta, Upper Deck llegó con láminas más vistosas y fotografías llamativas. Sin embargo, fue Ken Griffey Jr., un prospecto joven y emocionante cargado de herramientas, quien terminó definiendo el set de 1989 y, en cierto modo, representando el tipo de rookie que el coleccionismo buscaba.
Que esta tarjeta ocupara el puesto número 1 dentro del set se atribuye al criterio de un adolescente con conocimiento alto de béisbol. Con apenas 18 años, Tom Geideman trabajaba en la tienda donde Upper Deck se fundaría. Al demostrar su sapiencia beisbolera en el local, le dieron la tarea de elegir a los jugadores del set inicial, incluyendo quién ocuparía el número uno.
Según lo citado, Geideman explicó que Griffey era la selección número 1 del equipo en 1987, pero que en ese momento casi nadie sabía quién era. También añadió que, con la expectativa de que los demás jugadores “se desplomarían” por el hype, su apuesta era que si Griffey rendía realmente bien, estaría en las Grandes Ligas para agosto de 1989.
Inserciones premium / escasez y economía de lujo (1995 – 2004): 2001 Bowman Chrome Albert Pujols
Si Griffey fue la elección número 1 que cumplió con el potencial enorme y recompensó a quienes creyeron desde el arranque, Pujols es presentado como una historia distinta. Fue escogido en la ronda 13 del draft en 1999. Avanzó rápido por el sistema de los Cardinals y alcanzó incluso la lista Top 100 de prospectos de Baseball America antes de debutar; aun así, en el momento no era la cara segura del futuro. En esa evaluación, Baseball America lo colocó en el puesto 42: talento indiscutible, pero sin certeza absoluta.
Una vez que Pujols llegó a las Grandes Ligas, el relato afirma que no hizo otra cosa que pegar: con el tiempo ganó el Novato del Año de la Liga Nacional en 2001, tres MVP de la NL y dos títulos de Serie Mundial. Por eso, para quien compró su 2001 Bowman Chrome y tuvo la paciencia de conservarlo, la decisión se describe como correcta. Se menciona que una copia grado PSA 10 se vendió por 168,000 dólares en 2020.
Prospecting / auge de la analítica y especulación (2005 – 2019): 2009 Bowman Chrome Mike Trout (autógrafo)
Si Mantle fue la cara del primer gran boom de tarjetas, Trout encaja como el rostro del periodo que ayudó a devolverle fuerza al mercado. Ambos construyeron reputaciones como jardineros de “hacer de todo”, capaces de realizar jugadas defensivas impactantes y, al mismo tiempo, imponer respeto ofensivo.
La tarjeta de autógrafo “superfractor” de Trout en Bowman Chrome se vendió por casi 4 millones de dólares en 2020. La pregunta que deja el texto es si esa cifra podría subir cuando llegue su momento de recibir la llamada al Salón de la Fama.
Persecución moderna / exageración digital y cultura instantánea (2020 – presente): 2025 Topps Paul Skenes (parche de debut MLB con autógrafo)
Los insertos, el material usado en juegos y los parches de uniformes se han vuelto objetos muy buscados por coleccionistas. Sin embargo, el relato sostiene que ninguno iguala el autógrafo de parche del debut de Skenes. Se indica que los rookies empezaron a usar parches especiales de su debut en MLB el Día Inaugural de 2023, pero pocos combinaron ese nivel de expectativa de prospecto con un rendimiento inmediato en el mejor nivel como lo hizo Skenes.
Cuando salió a la venta la tarjeta con el parche del debut, la búsqueda se comparó con la aventura por el “boleto dorado” de Willy Wonka. Incluso los Piratas habrían ofrecido una recompensa a quien encontrara el artículo y lo devolviera al equipo: intercambio por camisetas firmadas, experiencias y dos boletos de temporada por 30 años. Pero el desenlace no favoreció al plan del equipo: el dueño lo llevó a subasta, donde se vendió por 1.11 millones de dólares.
La conclusión del texto es que, si Skenes mantiene el paso que ha mostrado hasta ahora, esa cifra podría parecer un dinero “perdido” como el que uno encuentra entre las almohadillas del sofá… solo que aquí, con la diferencia de que el rendimiento en el campo puede convertir cualquier cifra en una inversión improbable de recuperar.