México-Sudáfrica: el VAR revisa tres rojas y reaviva el debate en el Mundial
El Mundial masculino de fútbol de 104 partidos que se disputa este verano ya está dejando imágenes que reabren el debate sobre el VAR: decisiones que parecen nítidas, otras que generan dudas y un patrón común, el escrutinio de los árbitros con el protocolo como brújula. En el choque entre México y Sudáfrica, el videoarbitraje tuvo un papel decisivo en tres momentos que terminaron en expulsiones, y cada uno de ellos ilustra cómo se aplica el criterio de las leyes del juego.
VAR en México vs. Sudáfrica: cuándo es “claro” y cuándo se vuelve discutible
- Minuto 49: expulsión a Sphephelo Sithole por frenar con falta a Brian Gutiérrez cuando este encaraba con opción de gol. El VAR valida la roja.
- Minuto 84: expulsión a Themba Zwane tras revisión por conducta violenta: el balón queda de lado, pero el contacto de la mano en el rostro de Roberto Alvarado deriva en roja luego del chequeo.
- Minuto 90+2: roja a César Montes por una acción que corta una ocasión manifiesta de gol (DOGSO). El VAR también confirma la decisión.
- La expulsión por DOGSO requiere una lectura precisa del “siguiente contacto” del atacante: si la acción posterior apunta directamente a remate o a dirección de gol, la roja gana peso.
- En incidentes con posibles “conductas violentas”, el VAR puede empujar la decisión, pero la interpretación del árbitro en pantalla es clave por la carga subjetiva del criterio.
- Cuando el error no es “evidente y claro”, el VAR suele evitar intervenir: la claridad del fallo determina el umbral de corrección.
La noche de las expulsiones: análisis de cada intervención
Minuto 49: DOGSO y la primera roja del torneo
En el arranque del segundo tiempo, cuando Sudáfrica caía 1-0, llegó el primer golpe: Sphephelo Sithole vio la tarjeta roja por impedir una ocasión manifiesta de gol. La sanción se produjo por una falta sobre Brian Gutiérrez, centrocampista mexicano que quedaba encaminado hacia el área con ventaja clara.
La decisión fue revisada desde el VAR, que dictaminó que era correcta. En términos futbolísticos, la jugada tenía los elementos para una expulsión: el contacto evita que el atacante complete su acción con una opción real de anotar en el siguiente momento. Por eso, la roja quedó como una de las más “fáciles” de sostener en el marco del protocolo.
Minuto 84: revisión por posible conducta violenta (mano en el rostro)
Más tarde, al minuto 84, el VAR volvió a ser protagonista con Themba Zwane. El episodio se origina cuando el jugador sudafricano intenta superar a Roberto Alvarado, pero en el forcejeo su mano termina impactando en la cara del rival. El árbitro, en primera instancia, no muestra roja; sin embargo, tras la revisión en pantalla termina llegando la expulsión.
La interpretación fue “conducta violenta” o equivalente a un acto de brutalidad, una categoría que suele generar debate cuando el contacto aparece en un contexto de disputa y no como una agresión frontal planeada. En ese sentido, hubo una discrepancia marcada: se consideró exagerada la lectura de violencia estricta, al no percibirse una intención clara en el impacto.
El argumento que pesa en este tipo de decisiones es doble. Por un lado, golpear a un contrario y que el contacto sea con la zona facial eleva el riesgo de que el hecho sea tratado como conducta violenta. Por otro, el propio tiempo invertido por el árbitro frente a la pantalla sugiere que el criterio no fue automático: la decisión final se toma con la información recibida por el VAR, pero la certeza sobre la naturaleza del contacto determina si el castigo llega a parecer “demasiado” o “necesario”.
Aun así, una vez en el proceso de revisión, era difícil imaginar una determinación distinta a la que se tomó, considerando el marco de lo que el VAR le trasladó al colegiado.
Minuto 90+2: DOGSO en la transición y confirmación del VAR
El cierre del partido trajo una tercera expulsión, ahora para México. En el 90+2, César Montes vio la roja por cortar una ocasión manifiesta de gol (DOGSO) cuando Sudáfrica rompe en superioridad numérica. El desborde lo encabeza Khuliso Mudau, que corre hacia el área con cuatro jugadores atacando en tres.
Montes alcanza a llegar y consigue un toque que termina por “desactivar” la acción, y el árbitro sanciona con roja de forma rápida. El VAR revisa y concluye que la decisión es correcta.
Sin embargo, la lectura generó sorpresa: no se consideró que la ocasión fuera tan evidente como para cumplir de manera total con el umbral de DOGSO. Para que una infracción sea tratada como ocasión manifiesta en el sentido más estricto, el árbitro debe estar convencido de que el siguiente contacto del atacante concluirá directamente en un remate a portería o en una trayectoria de juego que termine en gol. En esta opinión, la continuidad más probable era un pase/cross hacia un compañero mejor ubicado, y no un tiro inmediato.
Con todo, la intervención del VAR no se esperaba con facilidad porque el criterio sobre lo que hará el atacante en el siguiente instante —si rematar o asistir— tiene un componente subjetivo. Si el error no se percibe como “claro y evidente”, el protocolo suele dejar al árbitro de campo con la decisión original.
Así, el duelo México vs. Sudáfrica dejó una lección táctica desde el punto de vista arbitral: el VAR no solo busca “que haya contacto”, sino que contrasta el tipo de acción, el contexto de la jugada y el grado de certeza del fallo. Cuando el escenario encaja con DOGSO o el contacto entra en una zona interpretada como violencia, la tecnología puede inclinar la balanza; cuando la duda es razonable, el umbral de corrección se vuelve más difícil de alcanzar.