El plan de Tuchel ante la RDC: calma en el vestuario y remontada en el Mundial
En el descanso del duelo de dieciseisavos de final de la Copa del Mundo entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, Thomas Tuchel se tomó unos segundos para que el ambiente bajara la intensidad en el vestuario. El marcador, eso sí, era adverso: iban 1-0 abajo. Aun así, el grupo transmitía calma, escuchó con atención la intervención del técnico y, con el paso de la hora, el plan ya estaba encaminado hacia el siguiente compromiso: México.
Benjamin Weber, director deportivo de Augsburgo, conoce de primera mano este tipo de pausas estratégicas de Tuchel. Tras casi once años trabajando como analista de video junto al entrenador, en los banquillos de Maguncia, Borussia Dortmund, Paris Saint-Germain y Chelsea, Weber afirma que la reacción de Inglaterra en la segunda mitad no lo tomó por sorpresa. Para él, el estilo del preparador alemán se sostiene en una manera muy particular de gestionar el fútbol y las emociones en el mismo mensaje.
“Cuando combinas inteligencia y emociones en un discurso, es lo mejor”, expresó Weber. “Él lo hace así: sabe unir esas dos cosas y, casi siempre, encuentra las palabras adecuadas”.
Tuchel incluso ha recurrido a recursos inesperados para motivar. En su etapa en Chelsea, utilizó un par de zapatillas nuevas y llamativas como parte de la chispa del vestuario: los futbolistas se rieron con la ocurrencia, y él llegó a prometer que volvería a usarlas si alcanzaban la final de la Champions League.
Weber ha visto muchas facetas del entrenador, pero si se ordena su personalidad y su forma de entender el juego, aparecen dos constantes que se repiten. La primera es la mentalidad ganadora; la segunda, la capacidad de ajustar el plan cuando el contexto cambia.
“Quiere ganar y siempre encuentra la manera de adaptarse a cada situación”, explicó Weber. “Esa mentalidad no es solo de fútbol: también cuando juegas tenis o pádel con él. Le encantan las competiciones. Y sobre adaptarse, siempre intenta tener una idea clara, una forma de resolver problemas. Es una mentalidad muy positiva, aprendí mucho de él”.
En el fondo, Tuchel mantiene la última palabra. Sin embargo, cuando se trata de buscar soluciones a problemas concretos, está dispuesto a escuchar. De cara a México y a un rival con un escenario particular como es la altitud, además del clima general del torneo y el reto que implica el partido, el entrenador toma en cuenta opiniones de quienes lo rodean antes de decidir el enfoque táctico final.
Weber describió también la dinámica diaria de esa toma de decisiones. “Trabajar con Thomas… yo perdí algo de pelo, como se ve”, bromeó. “Pero no es difícil: recibes recompensa. Y cuando se gana, él reconoce al personal. Eso también se ve en el trabajo de todos los días: cómo trata a la gente, cómo trata al cocinero, a los encargados del material. Si quieres ganar un partido de fútbol, eso es lo esencial, y es agradable tener un plan en conjunto”.
“Siempre hay un intercambio para terminar de afinar el plan definitivo. Y no sé por qué recuerdo esto tanto, pero fue en un avión: tuvimos una charla larguísima sobre cómo enfrentaríamos a los Wolves con el Chelsea…”.
Ese ejemplo tuvo además un componente especial: era el primer encuentro de Tuchel como entrenador del Chelsea. Al principio, existía incertidumbre, porque cada técnico y cada analista imaginaban el camino propio. Pero tras debatirlo, lo que partía de una idea pequeña terminó convirtiéndose en el esqueleto de su estrategia.
“Él entendió cómo jugaban ellos con una línea de cinco atrás”, detalló Weber. “Vimos algunos videos y pensamos que había que emparejarlos. Él consideraba que [César] Azpilicueta podía funcionar como central, que Thiago Silva, por la edad, quizá… y así fue encajando todo: encontrar una forma de ganar. No es agotador; es más bien que se siente bien”.
Weber insistió en que la clave está en la trayectoria del entrenador. “Si miras su historial, dondequiera que ha estado, ha sido de los mejores entrenadores para ese plantel. Con el tiempo, creo que le encanta ganar, pero también le encanta trabajar en esa atmósfera”.
Tuchel, de todas formas, no siempre tuvo un camino tan directo. En 1998, cuando era zaguero en el SSV Ulm, sufrió una lesión en el cartílago de la rodilla que puso fin a su carrera como futbolista. Durante dos años trabajó detrás de un bar hasta que Ralf Rangnick lo llevó al VfB Stuttgart como entrenador de jóvenes. En 2005, Augsburgo lo incorporó para trabajar con su cantera y, en la temporada 2007-08, recibió el cargo como técnico del Augsburgo II.
Michael Ströll, hoy CEO de Augsburgo, en aquel entonces era jugador y compartió equipo con Tuchel. Su ambición, incluso desde esos años, se notaba con claridad. “Él ganó un título en Augsburgo, y aunque hace mucho, se notaba lo profundo que se mete con los detalles”, dijo Ströll. “Está muy enfocado, es muy ambicioso. Le disgustaba perder y siempre iba con varios pasos de ventaja en la cabeza; no era solo el siguiente paso, era el que venía después y después de ese. Para mí, esa es una de las grandes razones de su éxito”.
“Sabía exactamente lo que quería hacer, pero si se deja influir por su cuerpo técnico, está encantado de escucharlo. Cuando ya toma una decisión, no hay vuelta atrás: es 100% así”.
El propio contexto de Augsburgo ayuda a explicar esa mentalidad. El club se caracteriza por buscar ir más allá de lo que se espera y, pese a contar con un presupuesto muy inferior al de otros equipos de la liga, se ha mantenido como referencia en la Bundesliga. Además, alcanzó la Europa League en la temporada 2015-16 y el curso pasado eliminó a Bayern Múnich en el Allianz Arena. En medio de esas sorpresas, también mantiene un historial orgulloso al haber participado en el recorrido formativo de entrenadores como Tuchel y Julian Nagelsmann: Nagelsmann fue jugador en Augsburgo, pero su carrera se truncó a los 20 años por varias lesiones.
Ströll incluso sugirió que hay una especie de “mística” en el entorno, aunque matizó que no se trata de un plan maestro. “No creo que haya un plan perfecto ahí”, afirmó. “Thomas empezó primero, y Julian fue jugador en la Sub-23 conmigo, pero se lesionaba mucho. Él inspeccionó a Thomas y al club. Y aun así, si miras de dónde han llegado, es increíble”.
“El club, en ese entonces, tenía instalaciones complicadas: edificios medio en mal estado, una cancha seca… no era lo ideal para formar entrenadores de primer nivel. Pero quizá eso también fue importante. Tenían que esforzarse, nada se daba por hecho, y sin grandes facilidades tenías que poner el trabajo. Yo pienso que era clave que comenzaran desde abajo, con casi nada”.
En el Mundial, cuatro futbolistas de Augsburgo han estado en convocatorias. Fabian Rieder, de Suiza, y Kristijan Jakic, de Croacia, siguen en la ronda de dieciseisavos. En cambio, Ismaël Gharbi, de Túnez, y Michael Gregoritsch, de Austria, ya quedaron eliminados. Además, el combinado de Alemania de Nagelsmann también se despidió del torneo.
Con todo, queda el representante de Tuchel: Inglaterra, uno de esos “hijos” históricos del club de Augsburgo.
“Solo sé que él ama a Inglaterra, y cómo la gente lo hace sentirse tan cómodo allí”, sostuvo Weber. “El encaje tiene todo el sentido. Y para Inglaterra también. Cuando trabajamos juntos en el fútbol, nunca lo habló demasiado, pese a que planifica muy bien. Pero hay cosas que no se pueden programar. Es el lugar correcto, el momento correcto, y Inglaterra es el lugar correcto para él”.