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La decisión sobre Balogun reabre dudas sobre la gestión de sanciones en el 2026

Nicolás Vargas
Por Nicolás Vargas
6 julio 2026 6 min de lectura

De cara al cruce de octavos entre España y Portugal, hay un asunto que no desaparece: la sanción que Cristiano Ronaldo debía cumplir en las dos primeras jornadas de su selección. Sin embargo, el foco volvió a encenderse con el polémico levantamiento de la suspensión a Folarin Balogun, un caso que ha dejado a muchos con la sensación de que el organismo rector aplica criterios distintos según convenga, dañando la credibilidad del torneo.

El antecedente que avivó la polémica

La comparación no es casual. En noviembre, Ronaldo fue expulsado en un compromiso de clasificación mundialista con su país y, por ese motivo, debía cumplir una sanción de tres partidos. Con todo, la FIFA decidió suspender la ejecución de los dos encuentros finales de ese castigo, lo que reabrió el debate sobre coherencia disciplinaria.

Ahora, el mismo tipo de desconcierto se trasladó a Estados Unidos. Balogun, quien había sido expulsado en el triunfo de su selección en la fase de dieciseisavos ante Bosnia y Herzegovina, por una acción descrita como no intencional pero peligrosa sobre Tarik Muharemovic, debía quedar suspendido para el siguiente partido en Seattle. Pero, apenas un poco más de 24 horas antes del inicio, la FIFA comunicó que el máximo goleador del USMNT no cumpliría la sanción habitual de un encuentro por la tarjeta roja directa.

La reacción en el vestuario y en el banquillo

Christian Pulisic resumió el sentir general con una frase que terminó por sonar irónica: dijo que “solo se siente correcto”. En contraste, la gran mayoría consideró que la decisión fue un error de base.

Gary Neville, exdefensor del Manchester United, fue contundente al señalar que aquello “huele mal”, y remarcó que lo más grave era la ausencia de un mecanismo claro para revisar y, si corresponde, revertir una decisión disciplinaria. Neville insistió en que, si no existe un proceso que permita corregir el criterio, entonces resulta inaceptable que el organismo decida de forma repentina dejar jugar a un futbolista, cuando las reglas deberían aplicarse para todos por igual. Además, añadió que si él fuera el rival de Estados Unidos, Bélgica, estaría “furioso”.

Desde el otro lado del campo, la postura belga también se expresó sin tapujos. Rudi Garcia, entrenador del equipo, bromeó con que no sabía que el 5 de julio era equivalente a una fecha de bromas en Estados Unidos. Por su parte, la Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) manifestó que estaba “asombrada” por el levantamiento del castigo.

Disputa reglamentaria y posible vía legal

En un comunicado, la RBFA explicó que la FIFA fundamentó su decisión en el Artículo 27 del Código Disciplinario, señalando que ese apartado permite al Comité Disciplinario tomar la determinación de suspender la ejecución de una sanción ya impuesta.

La federación belga, no obstante, sostuvo que el Artículo 66.4 del mismo reglamento establece de manera expresa que la expulsión implica automáticamente una suspensión para el siguiente partido del equipo, como ha ocurrido con todas las tarjetas rojas durante el Mundial. También recordó que, independientemente de lo anterior, la medida contradice disposiciones de las Reglas de Competencia del Mundial 2026, citando el Artículo 10.5, donde se indica que si un jugador o integrante del cuerpo técnico es expulsado por una tarjeta roja directa o derivada de una segunda amonestación, quedará automáticamente inhabilitado para el encuentro posterior; además, pueden añadirse sanciones adicionales.

La RBFA añadió que la naturaleza automática de esa suspensión fue reafirmada explícitamente en la Circular número 16 del Mundial 2026, distribuida a las asociaciones participantes el 12 de mayo de 2026. Incluso señaló que la misma regla se repite en cada reunión de coordinación de partidos previa a cada jornada, y que está incluida en presentaciones y talleres del torneo.

  • La FIFA habría basado su decisión en el Artículo 27 del Código Disciplinario, que permite frenar la ejecución de sanciones previas.
  • La RBFA contrapone que el Artículo 66.4 fija la suspensión automática tras una tarjeta roja para el siguiente partido.
  • La federación sostiene además que el criterio choca con el Artículo 10.5 de las regulaciones del Mundial 2026, y con la Circular 16 del torneo.
  • Con el objetivo de proteger derechos y el principio de juego limpio, la RBFA anunció que investiga posibles alternativas.

Con ese escenario, se abre la posibilidad real de acciones legales que podrían extenderse más allá de la conclusión del campeonato. Una perspectiva que, según el tono general de las reacciones, resulta absurda y, al mismo tiempo, coherente con el nivel de enredo que se está viviendo en este tipo de decisiones.

Acusaciones, política y el impacto sobre el torneo

Las críticas no se limitan al caso Balogun. En el trasfondo aparece una narrativa más amplia: se recuerda que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha sido asociado con una postura que algunos interpretan como un mensaje político, incluso mencionando la creación de un premio de paz vinculado a Donald Trump. Desde esa lectura, el levantamiento de la suspensión encajaría dentro de un patrón de decisiones tomadas “cuando se quiere” y “para quien se quiere”.

También se mencionó que, pese a reportes generalizados sobre una intervención gubernamental que habría frenado el castigo, FIFA negó cualquier participación desde la Casa Blanca. Entre las informaciones citadas se habló de conversaciones atribuidas a Trump con Infantino, difundidas por medios como CBS y el New York Times; además, se señaló que el propio Trump habría agradecido en redes sociales a la FIFA por revertir “una gran injusticia”. Aun así, FIFA insistió en que no existió interferencia oficial.

El técnico noruego Stale Solbakken, en esa línea, recalcó que no es “una gran imagen” para el organismo rector, independientemente de si hubo o no presiones. UEFA, por su lado, describió el fallo como una determinación “incomprensible e injustificable”, argumentando que afectó la reputación del fútbol al cruzar “una línea roja”. Incluso se recordó la intervención moral de Sepp Blatter, quien consideró que las tarjetas rojas no se anulan por llamadas políticas, sino por reglas, pruebas y órganos independientes.

En esa misma postura, se citó el argumento de que si un presidente de Estados Unidos interviniera con el titular de FIFA y el jugador quedara habilitado antes de un partido de eliminación directa, la pregunta sería inevitable: “¿Hacia dónde va la FIFA?”. Y la conclusión que se repite es que el fútbol no debería convertirse en un escenario para el poder político.

Gary Neville añadió que otros equipos que ya tuvieron jugadores expulsados también podrían pensar que el criterio fue duro o injusto con ellos, y remató con una idea que ya se repetía en el ambiente: no sorprende, porque con FIFA el mix entre lo escandaloso y lo previsible suele volver. Neville también recordó decisiones que han desdibujado el sentido deportivo del Mundial, como la segmentación del juego en “cuartos” para encajar con exigencias televisivas, incluyendo pausas relacionadas con hidratación.

En el mismo debate, se mencionó que, aunque FIFA se presenta como una entidad sin fines lucrativos y apolítica, mantiene una oficina en Trump Tower, lo que para muchos deja en evidencia una contradicción con la supuesta neutralidad.

Micah Richards pidió que FIFA “lo haga mejor”, aunque se remarcó que esa expectativa, en la práctica, parece difícil. Se sostuvo que Infantino y su entorno habrían actuado con una impunidad prolongada, lo que reduce la esperanza de cambios reales. Se indicó además que el presidente podría limitarse a pedir a todos que “se calmen” y centrar la atención en el fútbol, pero se argumentó que cada vez resulta más complicado, porque incluso las decisiones disciplinarias estarían influyendo en el desarrollo del torneo: quién arbitra, quién asiste y quién juega.

Solbakken cerró la idea más deportiva del asunto al señalar que este desorden no solo “perjudica al fútbol”, sino que también lastima la imagen del USMNT. En ese punto, se sugiere que Pulisic debería pensarlo: Estados Unidos ya era discutido como anfitrión, y ahora muchos neutrales en el mundo querrían que el equipo caiga ante Bélgica. Incluso si Estados Unidos lograra ganar, la victoria quedaría marcada por la sombra de una decisión que, según Solbakken, siempre estará en el fondo.

El relato final deja una imagen simbólica: el Mundial ya habría cargado con “huellas” asociadas a la figura naranja de Trump, y ahora también las tendría sobre la campaña del USMNT. Mientras tanto, el foco inmediato permanece en el desarrollo del torneo, pero con la convicción de que la credibilidad del juego vuelve a ser puesta en duda por cada resolución polémica.

Nicolás Vargas
Autor

Nicolás Vargas

Periodista deportivo y especialista en fútbol, Nicolás Vargas combina rigor informativo con lectura fácil. Analiza partidos, sigue el mercado de fichajes y traduce la actualidad deportiva en noticias útiles para el aficionado.

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